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Rita María Roesch clarinerormr@hotmai...

El Equinoccio de Primavera

Opinión

En  la primera semana de marzo, a pesar de  las luces artificiales que emanan de la  ciudad capital, pude  apreciar desde la terraza de mi casa,  a simple vista,  en el horizonte, al caer la noche, los planetas Venus y Mercurio.  Fue un  instante mágico. Me  trasladó a la Estructura 7, donde se encuentra  el observatorio astronómico  en Tak’ alik Ab’aj,  en la Costa Sur. Imaginé que estaba   parada en el  altar donde fueron esculpidas genialmente, en una roca simple,   un par de huellas de pies.  Cuando uno   acomoda los pies  sobre  esas huellas talla 38,  la  columna vertebral se alinea y  obliga a  mirar hacia adelante, en una dirección de 115 grados noreste, que corresponde a la orientación donde se ubica  con precisión el punto donde aparece el sol,  sobre la cadena volcánica, en el solsticio de invierno, o sea  cada  21 de diciembre. Luego vino a mi mente la imagen  del observatorio astronómico en  Uaxactún, en las tierras bajas de Petén. Los  arqueólogos le denominan  Complejo “E”. Consta  de tres templetes en el este y de  una pirámide radial  en el oeste como punto de observación.   Este  conjunto  permite el registro exacto de  los solsticios y los equinoccios. En esas estaba cuando una nube ocultó a Venus y Mercurio.  ¡Paff! y la  magia de ese instante  desapareció.  Pero mi reflexión sobre la astronomía maya  continuó.

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