Cultura espiritual |
Celso Lara Figueroa
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Chimaltenango es un departamento que ha jugado un papel importante en la
historia de Guatemala, desde los tiempos prehispánicos hasta nuestros días. En esta
región en los tiempos prealvaradianos, se fundó y floreció Iximché, el gran centro
ceremonial del señorío kaqchikel. Aquí también, en 1524, se asentó la primera capital
del Reyno de Guatemala. Durante la época colonial jugó un papel trascendental como punto de unión entre el altiplano occidental y la ciudad de Santiago de Guatemala. En la actualidad constituye una de las áreas de mayor desarrollo agrícola industrial por la introducción de cultivos no tradicionales, las maquilas así como por encontrarse en la región los lugares de acopio de distribución de estos productos, hacia las empresas transnacionales de transporte. |
De tal manera que la visión del mundo del pueblo kaqchikel de la región y del departamento, se encuentra ya en acelerado proceso de transformación. No obstante, aún pervive con gran fuerza y resistencia formas originales de la tradición oral antigua, en donde las ancestrales enseñanzas mayanses kaqchikeles se funden con las especies occidentales de literatura oral, dando origen así a una tradición muy amalgamada, hermosa y original.
| Como en todas las comunidades mayas, la palabra de los ancianos y de los
sabios posee mayor valor que las expresiones escritas de la sociedad nacional, tanto civil
como religiosa. De esta manera, las tradiciones orales en el departamento se concretizan en ocasiones especiales, como los velorios, "cabos de novenas" y reuniones familiares comunales en el seno de la casa paterna. También se narran en ocasiones particulares en las casas de las cofradías o en lugares sagrados como cerros y adoratorios, durante los días propiciatorios que señala el tzolkin, Calendario Agrícola. |
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En Chimaltenango los contadores de historias reciben el nombre de Choloneles y de
Ajtzij winäq. Ellos son los ancianos que saben narrar historias antiguas y ostentan el
conocimiento del pasado de las comunidades kaqchikeles. Asimismo, tienen facilidad de
palabra y de expresión. También existe un contador destacado y especializado, conocido
como Aj Cholonel, quien además de conocer las historias más antiguas, sabe fórmulas de
oralidad hermética y mística, y cuando se lo solicitan asume el papel de representante
de la comunidad en actos familiares y públicos. Habla entonces en nombre de todos. Es el
encargado de pronunciar el choloj (un relato de consejos, mensajes y antiguas historias
admonitorias). Hay otros narradores que tienen una función muy relevante en la comunidad,
son los cofrades, ancianos rezadores (Ajch'ab'äl) y sacerdotes (Ajq'ij).
En general, la tradición oral chimalteca es abundante y está ligada a antiguos mitos,
leyendas y cuentos de origen mayanse, kaqchikel. Muchas de ellas se hunden en la
profundidad del mundo maya prehispánico. Sobresalen también relatos de tipo admonitorio
y de guía a la comunidad.
En tal sentido, existen dos tipos de relatos orales en el departamento: Los
"ejemplos" o leyendas míticas, que se refieren a hechos conectados con la
concepción del mundo y de la vida, los cuales pueden ser reales o imaginarios, y
"las historias", que según los Aj Cholonel de Comalapa, constituyen un relato
"real", que sirve no sólo para entretener, sino para transmitir parte del
sistema de conocimientos de la comunidad.
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Esta "historia" que narran los más antiguos, dan razón del
orden actual de las cosas, explican el origen de determinados elementos que existen hoy en
el mundo: la lluvia, la tormenta, las piedras de obsidianas, las taltuzas y el zope. Son
relatos míticos, o como dicen en Patzún, "son relatos serios, que se cuentan para
explicar algo, con un objetivo específico: volver a vivir la vida de antes". Además de las tradiciones de tipo mayanse, se encuentran muchos cuentos y leyendas de tipo occidental muy amalgamadas con la cosmovisión kaqchikel del departamento. |
Entre la riqueza de tradiciones orales chimaltecas, destacan las siguientes:
En Tecpán Guatemala, José Eladio Mux, Aj Cholonel del pueblo, cuenta que en el principio
de los tiempos antiguos k'iche'es y kaqchikeles vivían juntos en el pueblo de Chiavas (el
actual pueblo de Chichicastenango en el departamento de El Quiché) en los tiempos del Rey
Kikab'. Vivían en paz, pero los hijos de Kikab' "se ensorbercieron" y quisieron
destronarlo, lo mal informaban con los K'iche'es, diciendo que favorecía a los
kaqchikeles más que a su pueblo.
Una tarde, una mujer Kaqchikel, Nimapán Ixchcacahau, fue a vender tortillas a Gumarcaj,
que era la capital de los K'iche'es; entonces un soldado del Rey Kikab' se la quiso llevar
y "abusar de ella"; la muchacha se enojó y lo rechazó a palos. Por ese hecho,
K'iche'es y kaqchikeles estuvieron a punto de pelear y entrar a la guerra, pero como
Kikab' era sabio le dijo a los kaqchikeles que ya no compartiría el poder con ellos,
porque había mucho problema, por lo que les mandó a fundar el señorío de Iximché.
Para allá partieron los kaqchikeles el día kai' k'at.
Por eso es que los k'aqchikeles y k'iche'es "desde entonces siempre han
peleado". Esta "Historia antigua" se repite también en Chimaltenango y en
Yepocapa entre los Ajtzij winäq ancianos.
En San Juan Comalapa se cuenta otra "historia antigua" muy bella, de evidente
sincretismo occidental. Un día, en lo que hoy es la región de Chimaltenango, empezó a
"llover chorros de agua", las gentes pensaron que sólo era un temporal fuerte,
pero la lluvia no paraba, por lo que las casas se inundaron y se ahogaron todos los
animales y las personas. Como la gente se asustó mucho, se fue corriendo al cerro e hizo
hoyos y se metieron en ellos, pero el agua también cubrió el cerro y las gentes en los
hoyos se convirtieron en taltuzas. Todos se murieron y la tierra se empezó a secar.
Entonces unos ángeles bajaron del cielo y vieron "el gentío muerto y les gustó el
olor de cadáveres, por lo que se empezaron a comer a los habitantes". Cuando
regresaron al cielo, les reclamaron allá arriba que se habían comido a las gentes, por
lo que de castigo se volverían zopes, recibirían unos chicotazos y regresarían a la
tierra, pero ya convertidos en zopilotes, por eso ellos, desde aquel día, se encargan de
limpiar la tierra.
| También existen "historias antiguas" o leyendas míticas sobre
el origen de los pueblos. Así, en Santa Cruz Balanyá, se dice que el pueblo fue fundado
por un tigre grande (Aj Balam), que se paseaba cerca del río. En ese día, Aj Balam
decidió fundar un pueblo y le puso Balanyá, que quiere decir agua de tigre. Cuando los
españoles llegaron, sacaron al tigre grande, lo echaron a las montañas y pusieron una
gran cruz frente a la iglesia para que éste ya no regresara. El poblado de Santa Apolonia posee una historia antigua muy especial. Cuentan los Ajtzij winäq, que los indígenas de San Juan Comalapa llegaron a poblar una gran llanura que es donde se encuentra el actual pueblo de Santa Apolonia. Uno de los indígenas que llegó a ese lugar se llamaba Tzacan, quien encontró la semilla del maíz en forma de zacate; ahí empezaron a construir sus ranchos y llamaron al pueblo Chitz'alam, que quiere decir "en el lugar de las tablas". Fue entonces cuando iniciaron a comer el zacate de maíz. Pero en eso llegaron los españoles y los indios huyeron al cerro Juyú Tacanú, cerca de Patzún, para que no les hicieran nada, pero se llevaron el maíz, ahí lo sembraron, lo escondieron y luego se lo entregaron al señor del Cerro. |
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Los españoles entonces fundaron una hacienda de crianza de ganado e hicieron un gran
pueblo, pero el señor del Cerro les mandó como castigo un fuerte dolor de muelas a
todos. Entonces clamaron al señor Santiago y los mandó a Santa Apolonia, para que los
curara. Como a la santa le gustó el lugar, les dijo que se iba a quedar como patrona del
pueblo. En seguida, los españoles le construyeron su iglesia y un camerino. Así se
subió Santa Apolonia y todavía hoy está la capilla. Pero los indios no bajaron de la
montaña y se quedaron para siempre con el maíz escondido en el cerro Tacanú.
En Patzicía sucede lo mismo: dicen los Aj Cholonel que no se sabe bien como se fundó el
pueblo, pero los antiguos contaban que al principio se asentó en Paach Ojob, y lo
habitaba mucha gente. Cuando llegaron los españoles les llevaron una imagen del señor
Santiago "a caballo". Pero al santo no le gustó el lugar y se fue con su
caballo a un sitio llamado Pasya', a donde se trasladó el pueblo y se le llamó desde
entonces, Santiago Patzicía.
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En El Tejar se cuenta la "historia antigua" narran que en aquellos tiempos en el paraje que hoy es el pueblo, unos indios de Chimaltenango encontraron prendido y amarrado a un árbol a un hombre lleno de flechas. Los chimaltecos se compadecieron de él y le preguntaron quién era, y él les dijo que era San Sebastián y que allí lo habían dejado amarrado. Entonces los chimaltecos cargaron al hombre con todo y árbol y se lo llevaron a la iglesia, pero al día siguiente ya no estaba ahí el santo, sino otra vez en el mismo lugar en que lo encontraron. Así pasó varias veces, por lo que los ancianos rezadores (Ajch'ab'äl) dijeron que era mejor fundar un pueblo donde estaba el santo porque él quería quedarse ahí. Le preguntaron al santo si quería ser su patrón y dijo que sí, porque ahí había buen barro y se podían hacer adobes, ladrillos y tejas para su iglesia. La gente entonces fundó el pueblo de El Tejar, bajo la guía de San Sebastián, por lo que se convirtieron en buenos ladrilleros y trabajaron el barro para toda Guatemala. |
También se reportan "historias antiguas" sobre el origen de todas las cosas:
en San Andrés Itzapa cuentan los Cholonel que un día, en tiempos antiguos, un cuervo que
venía volando del cerro Juyú Tacanú dejó caer siete granos de maíz. Los habitantes
los recogieron, los sembraron y así tuvieron para comer tortillas y tamalitos.
Esto pasó también en Yepocapa, Acatenango y Chimaltenango, donde el cuervo regó maíz
del cerro Juyú Tacanú. En Parramos los Ajq'ij dicen que hay que tener cuidado con el
fuego que está en la casa, porque cuando el fuego empieza "a hacer ruidos y echar
llamas", hay que hacerle caso porque avisa que alguno de la familia se va a enfermar
o le va a pasar algo. Los Ajch'ab'äl afirman "que el fuego es espíritu que oye,
mira y avisa de cualquier cosa que le pueda pasar a la gente de la casa". Y como los
Aj Cholonel señalan: "el fuego no hace ningún mal, sólo recordar lo que se
olvida".
El fuego siempre avisa, aún en sueños, se cuenta también en Pochuta. En Patzún se
afirma que en toda la región que hoy es Chimaltenango y que antes de los españoles se
llamaba B'oko', se hacía el Tianguecillo, que era el mercado más grande de todos los
kaqchikeles: ahí vendían e intercambiaban "cosas de comer", animales, sal y
chile. Por eso se conoce a ese sitio como Tianguecillo.
| De los llamados "ejemplos", cuentos o cosas, en Chimaltenango
abundan, ya que enseñan a vivir. En San José Poaquil existe el "ejemplo" de el
Tronchador (Ajarij en kaqchikel), que es un hombre que se aparecía en el pueblo y
quebraba las espaldas a las gentes. Los espiaba, los agarraba, los metía en un saco de
cuero (o sorón), les pegaba y les quebraba la espalda. Ya quebrados los subía "a la
bestia", que tenía la columna para abajo. La gente entonces se asustó y se reunió
en Consejo con los Ajq'ij, y agarraron al Tronchador, lo echaron a una gran olla tamalera
llena de agua caliente y se murió. El Tronchador, sino se volvió espanto. En Patzún aseguran que aún se ve al Tronchador en las calles: "es un hombre jorobado y chiquito". Pero en Acatenango se dice que él es producto de los hombres que no les gusta las mujeres y se pasan con los animales "con las vacas, las bestias y yeguas", de ahí nacieron los Tronchadores que son mitad animal y mitad de hombre, se alimentan de la leche de las vacas. Cuando se pone el sol, el Tronchador sale a buscar a las gentes para quebrarles las espaldas. |
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Religión
La religión del departamento de Chimaltenango es sincrética por
excelencia. Las antiguas prácticas mayas y mayanses aún se conservan, pero también se
combinan con ancestrales creencias occidentales cristianas.
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En todo el departamento la religión está basada en el culto a la naturaleza y a los antepasados, a quienes establecen el equilibrio entre lo sagrado y lo profano. Existe un mediador entre estos dos mundos que es el Ajch'ab'äl, sabio anciano rezador, quien además es médico-brujo o Aq'omanel. El guía espiritual de la comunidad es el Ajq'ij, ya que ejecuta por herencia ancestral todos los ritos de la religiosidad maya; conoce los sitios sagrados y sabe las fórmulas herméticas de su cultura, así como las formas rituales para ascender al Dios Mundo. |
Destacan en el departamento las ceremonias religiosas dedicadas al santo patrono de cada pueblo. Las festividades de Patizicía dedicadas al señor Santiago, Patzún a San Bernardino de Siena, Comalapa a San Juan Bautista y Chimaltenango a Santa Ana. Todas se celebran con mucha pólvora, marimbas, comidas y bebidas tradicionales.
| Una de las festividades religiosas de mayor arraigo en Chimaltenango es la
celebración del Corpus Christi de Patzún. Esta ceremonia se caracteriza por la
elaboración de alfombras de aserrín, pino y flores para el paso de Jesús Sacramentado
en el Custodio de oro y plata, que sale bajo palio a recorrer las calles de Patzún. Se elaboran también arcos triunfales con hojas y frutas de la región. La procesión del Corpus va acompañada de las cofradías del pueblo, vestidas con sus trajes ceremoniales, entre humo de incienso y pom, así como con bailes tradicionales de Moros y Cristianos y Toritos. Toda la procesión es acompañada por estallidos de cohetes, como bombas voladoras, granadas y cohetes "tronadores" y "ametralladoras". El Corpus Christi es una fiesta católica móvil, se desarrolla en Patzún en el mes de mayo o junio de cada año. |
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Una de las expresiones religiosas de mayor relevancia en el departamento, es el culto
tradicional a San Simón, que se venera en San Andrés Itzapa.
Esta representación religiosa es un ejemplo del alto sincretismo del departamento, ya que
en su culto se combinan antiguas deidades kaqchikeles con ritos cristianos. Es una imagen
vestida generalmente "de catrín" a la que se cambia vestimenta de acuerdo a los
ritos trazados por su cofradía: se le viste de militar, de cartero, de traje formal y de
gala.
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San Simón tiene su propia cofradía y su capilla particular, que es muy
visitada por la población maya y ladina de la región e incluso de la capital y
Quetzaltenango. Es una deidad que "puede hacer el bien y el mal". Se le da a
beber licor, le queman candelas de diferentes colores, le ofrecen incienso y le dan a
fumar puros y cigarros. Además, se le obsequia dinero, animales, plantas y joyas. Por ser considerado "un ser muy milagroso y de los que puede", tiene un radio de influencia muy grande que rebasa las fronteras del país. |
No hay que equivocar a San Simón de Andrés Itzapa con Maximón de Santiago Atitlán,
del departamento de Sololá, ni con los de San La Muerte y San Pascual de San Andrés
Xecul, Olintepeque y Zunil en el altiplano occidental de Guatemala. Tampoco debe
confundirse con San Andrés y San Simón del santoral católico.
Es una deidad ladina administrada por cofradía indígena, muy ligada a la magia y la
religión popular de Guatemala con trascendencia única e irrepetible en mesoamérica.
| Otra ceremonia religiosa de alta originalidad en Chimaltenango son los
casamientos. Los mismos comprenden desde el enamoramiento, la pedida de la novia por el
anciano sabio (Aj Cholonel en kaqchikel), hasta culminar con la ceremonia del casamiento
realizado bajo rituales mayanses y católicos. Aunque ya no es muy frecuente en
Chimaltenango, aún se acostumbra el robo de la novia. Una de las ceremonias más auténticas es la pedida de la novia, con los obsequios intercambiados entre las familias de los novios. El casamiento culmina con una gran fiesta en la casa del novio previo paseo por las calles del pueblo. En la casa se quema una docena de bombas, muchos cohetes y se bebe licor blanco. Se ameniza con música de marimba y se distribuye con gran abundancia comidas tradicionales de la región. |
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Otra festividad religiosa de gran trascendencia es la del año nuevo maya (Waqxaqi' B'atz'), que se calcula en base al tzolkin o calendario agrícola indígena de 260 días, que rige toda la religiosidad del área kaqchikel de Chimaltenango