Cultura espiritual |
Celso Lara Figueroa
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El departamento de El Progreso se ha caracterizado por acoger en su
territorio a población de origen occidental de ascendencia española. En su
circunscripción geográfica la presencia indígena es actualmente casi nula: priva el
poblamiento mestizo y ladino, que se caracteriza, de manera muy general por hablar el
idioma castellano como lengua materna, por vestir y calzar a la occidental y por tener
toda una suerte de costumbres y tradiciones de procedencia española, pero aún así,
están históricamente entrelazadas y sincretizadas en algún sentido con las de raíz
indígena. De tal manera que puede considerarse a este departamento, como un auténtico enclave cultural mestizo, que guarda tradiciones orales muy arraigadas en la cultura occidental. El departamento de El Progreso es de reciente y controvertida formación, ya que hasta 1871 formaba parte de Chiquimula. A partir de entonces la parte comprendida desde Guastatoya (callejón de Guastatoya), hacia el nororiente, pasó a constituir parte de Zacapa; y de Guastatoya hacia el sur, es decir, los pueblos de Sansaria (Sansare), Sanarate y San Antonio La Paz, formaron parte de Guatemala. El departamento de El Progreso como tal fue creado en 1908 con la misma configuración actual. |
Estas delimitaciones geográficas se debieron a la necesidad de definir el área de
paso desde la Nueva Guatemala de la Asunción hacia Zacapa, Chiquimula y la costa
atlántica por medio del Ferrocarril del Norte, cuyo ramal entre el Rancho y Puerto
Barrios fue construido entre 1892 y 1900; y de 1904 a 1908 se concluyó el tramo El
Rancho-Guatemala.
De tal manera que los viajeros que abordaban el tren en la estación central en la Nueva
Guatemala de la Asunción, que se dirigían hacia el nororiente o muy en especial a
Esquipulas, realizaban una parada de descanso obligada, ya fuera en la estación de
Guastatoya, en la del Rancho o más adelante en la del Jícaro.
Es por ello que la cabecera departamental se le conoció también como Casa Guastatoya. En
nuestros días la cabecera municipal recuperó su nombre de El Progreso-Guastatoya. La
región es fundamentalmente ganadera y agrícola, en la que privan aún haciendas, fincas
y rancherías de alguna extensión territorial.
| Además de la vía del tren, la vida de la región está regida por el paso del río Motagua, que alimentó económicamente a los pobladores de la zona desde la época prehispánica. Asimismo, otro elemento determinante en la región es el eje económico de los municipios de Sanarate y San Agustín Acasaguastlán, en la medida que este último pueblo está ubicado en un cruce de caminos entre el nororiente y las verapaces, al norte del país. En tanto El Rancho ha tenido siempre una importancia capital desde el ámbito comercial, ya que ahí existió una estación ferroviaria con mucho movimiento mercantil conocida como "punta de rieles". En nuestros días sigue teniendo la misma relevancia, ya que la carretera al Atlántico pasa por ahí, y es el desvío natural hacia las verapaces. |
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Todo este desarrollo económico y social permitió que en su demarcación se asentaran
y reprodujeran tradiciones orales de ascendencia española, aunque resemantizadas se
encuentran en ellas atisbos de antiguas creencias mayanses de los pueblos que habitaron
este suelo.
Como parte del oriente de Guatemala, una de las características de la tradición oral de
la región de El Progreso, es la excelencia en la narración de las tradiciones orales y
en donde se encuentran antiguas versiones, casi arquetípicas, de leyendas y cuentos
populares, casi únicos en Guatemala.
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En la región se cuentan particularmente cuentos maravillosos y de otros
tipos, tales como de animales, de bobos e ingenuos y de bandidos mágicos. También se
encuentran leyendas históricas, míticas y en especial animísticas de aparecidos y
ánimas en pena. El departamento de El Progreso es de los más ricos en Guatemala en cuanto a literatura oral en verso: Romances, romancillos, coplas, "décimas quebradas" y décimas sencillas, tanto a lo divino como a lo humano están presentes en todos los municipios. En la zona florecen dos tipos de narradores orales: los llamados "ancianos contadores", que por su maravillosa y prodigiosa memoria constituyen archivos vivientes de literatura oral. Auténticos trovadores guatemaltecos. Asimismo, existen quienes también manejan todo el universo literario tradicional con tanta maestría como los primeros. Puede afirmarse que en El Progreso existen los mejores narradores de historias orales de Guatemala. |
Estos extraordinarios personajes populares, verdaderos guías de la comunidad,
transmiten su sabiduría en ocasiones socializantes como velorios, cabos de novena,
reuniones familiares, bautizos, bodas y cumpleaños, así como los que narran en los
parques, atrios de las iglesias y en las vetustas estaciones del antiguo tren del norte,
ya sea en horas del caluroso ocaso o durante las silenciosas noches estrelladas. También
narran sus antiguas historias en el seno familiar, en los corredores de las casas,
alrededor del ancestral árbol de la casa de la finca o en la intimidad del hogar. El
objetivo siempre es el mismo: "enseñar a los patojos a que aprendan la sabiduría de
nosotros los viejos y sepan aprender a vivir como deben vivir los hombres fuertes de
oriente".
Entre las formas literarias de mayor expresividad en El Progreso se encuentran los cuentos
populares. Los "contadores de maravillas" de la región lo entienden como
aquellas historias chulas que nadie cree pero a que todos entretienen.
| De tal manera que en El Progreso-Guastatoya don Domingo Castillo, "contador de maravillas", de la aldea Casas Viejas, narra el cuento "El Canto de la Flor del Amate", muy difundido y vigente en todo el departamento. Asegura don Domingo Castillo que ese palo es encantado y nunca da flor, pero cuando le entra el encanto si florece. "El encanto sólo se abre la noche de la víspera del Día de San Juan y es necesario que haya luna llena. El hombre o la mujer deben llegar al pie del árbol a las doce de la noche para que les caiga el encanto". Y si al Encanto del Arbol le cae bien la gente, les deja caer una flor y con ello los vuelve "suertudos en el amor y con mucho dinero". | ![]() |
En San Antonio La Paz, los cuentos en los que la muerte es el protagonista principal, tienen mucha aceptación entre la población de la comarca. Así, don Francisco Barrientos narra el cuento de "La Parra de Uvas y la Muerte". Don Francisco afirma que había un anciano que tenía como toda fortuna doce centavos, con los que compró tres panes blancos, ya que se encontraba muy hambriento. Pronto apareció un niño quien le pidió un pan, el hombre se lo dio de buena gana. Luego, regaló su segundo pan a una vieja y el tercero a otro anciano. Viendo que se habían terminado sus panes, el señor se disponía a buscar raíces para comer, cuando se le apareció el anciano a quien le había obsequiado un pan. Este anciano le regaló el costal de los deseos. Con este costal el hombre pudo comerse un canasto de quezadillas y pescados fritos.
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El niño, a quien él también había dado un pan, lo gratificó
concediéndole una mágica parra de uvas que tenía la virtud de que aquél que se subiera
en ella no podría bajarse. Por último, la vieja le concedió vida eterna, o, bien, tener el privilegio de morirse en el momento deseado. Al tiempo, el diablo y San Pedro discutían porque el primero quería llevarse al anciano a los infiernos y el segundo deseaba que siguiera viviendo. Entonces el diablo bajó a la tierra a traer al anciano; en seguida éste ordenó al costal encerrarlo. Cuando el diablo estuvo encerrado, el anciano le dio tal apaleada que ya no le dieron ganas de regresar y se quedó en el infierno. |
Luego, la muerte decidió llevarse al anciano; llegó a su casa, tocó a la puerta e
informó que llegaba a traerle. El anciano entonces dejó pasar a la muerte y la invitó a
comer uvas. Cuando la muerte se subió a la parra y después quizo bajar, ya no pudo y
así el mundo pasó sin muertos durante algún tiempo. Al fin el anciano dejó bajar a la
muerte y ésta se fue.
Pasaron los años y el anciano deseó morirse, entonces bajó al infierno y el diablo al
reconocerlo no le dejó entrar. Entonces se fue al cielo con San Pedro, quien tampoco lo
dejó pasar, pues había dejado a la muerte atrapada años antes. Entonces el anciano se
dirigió al Padre Eterno quien si le dejó entrar a la gloria, ya que ese hombre le había
dado pan en la tierra.
Entre los cuentos tradicionales más difundidos en El Progreso y que se recoge en toda la
región en boca de sus "cuenteros de maravillas", está el denominado la
"Traición de Juanita en Morazán", "Juanita la Enamorada" en Sansare
o, bien , "Los Amores de Juanita" en El Jícaro.
Por su parte, en Sanarate a orillas del Río Grande o Motagua, don Santiago Orellana,
narra en forma prodigiosa el cuento "Antonio de la Mar Azul" y que en Sansare
recibe el nombre de "El Niño que Recibió al Mar". Narra don Santiago que en el
paraje Los Tamarindos, había un señor pobre que se dedicó a la pesca en el Río Grande
y a veces pescaba también el Río Los Plátanos.
| Pescando en el Río Aguas Calientes agarró un pez grande de color
tornasol como el oro. Cuando el señor agarró el pez, éste le dijo que lo soltara, pero
el señor pensó que si lo dejaba ir perdería lo ganado. El pez le suplicó que lo
soltara y que lo iba hacer feliz, con la condición que le entregara al hijo que esperaba
su mujer cuando cumpliera seis años. El señor hizo el compromiso y soltó al animal. Al señor le vino la riqueza, pero al pasar los años le llegó la tristeza y le contó a su esposa e hijo el compromiso que hizo con el pez. El niño le dijo a su papá que no se preocupara y que él cumpliría el compromiso. Al llegar el tiempo de la entrega, el niño se subió a una embarcación y fue a dar a un palacio en el mar, del cual sería dueño, así como de todito lo que había en él. Al entrar en una habitación, se encontró una pila en la que se metió y salió bañado de oro; luego entró a otra habitación y salió bañado de plata. Al entrar a una tercera encontró a un caballo encerrado. |
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El caballo le dijo que lo sacara a tierra, porque estaba cansado de estar allí. El
niño al escuchar las súplicas del potro lo sacó a tierra. El animal agradecido le dijo
que le daría su virtud y le ayudaría todos los días de su vida.
Al llegar a tierra, el caballo le dijo al niño que fuera donde el rey de ese lugar y le
pidiera trabajo. Pero al ser consultado el rey, respondió que no había. El niño muy
triste le contó al potro y éste le dijo que regresara y le dijese que podría hacerle un
jardín mejor que el que tenía. Entonces el rey le dijo que estaba bien, pero que lo
tenía que hacer de la noche a la mañana, porque de lo contrario se moriría.
El niño empezó a arreglar el jardín. Como a las dos de la mañana, el rey despertó por
el olor que despedía el jardín que el niño le prometió. Muy contento el rey se dio
cuenta que era mejor que el de antes.
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El niño le contó al caballo lo que pasó y el animal le dijo que fuera al jardín, donde habían dos flores. Una morada y otra rosada. Que una la cortara y la otra la agachara. Al cumplir con esto, el niño volvió y el caballo le dijo que le ofreciera la florecita a la primera hija del rey. La princesa la despreció, luego el niño se la ofreció a la segunda, que también la despreció. Por último, se la ofreció a la tercera hija del rey, quien la aceptó. Cuando llegó el tiempo que las hijas del rey seleccionaran marido, llegaron altos hombres. La primera escogió a un doctor, la segunda a un bachiller y la tercera escogió al niño, porque se dió cuenta que tenía la mitad del cuerpo de oro y la otra de plata. |
Las hermanas mayores y el padre se enojaron por la elección de su hermana pequeña, ya
que el niño no era un hombre importante y le hicieron burla por haber escogido a un
hombre trabajador. Al darse cuenta el rey de que el niño tenía el cuerpo de oro y plata,
los casó y les dio una casa pequeña.
Al tiempo el rey enfermó. Los doctores dijeron a los yernos que para curarse debería de
tomar leche de tigra negra, pero ésta no la encontraron. Entonces el niño se recordó
que en su palacio del mar tenía tigres negros, y se fue con los otros yernos montados,
cada uno en sus caballos. Pero el potro del niño era especial para andar en el agua, por
lo que llegó primero.
En el palacio les dio, a propósito, cambiada por otra la leche de la tigra a los dos
yernos del rey. Cuando regresaron con el rey y se tomó la leche, ésta no le hizo nada.
Al llegar el niño le llevó la leche buena y se la dió al rey, con la que se curó.
El rey entonces le dijo al niño que se sentía mejor, que le dejaría todo su reino. A
pesar que antes no lo quería por ser trabajador, ahora si lo estimaría por salvarle la
vida. Y así termina este cuento. Me monto en un potro para que me cuenten otro más
bonito.
En San Agustín Acasaguastlán son famosos los cuentos de Tío Conejo y Tío Coyote. En
San Cristóbal Acasaguastlán, probablemente por la vocación comercial de la zona,
abundan los cuentos de Pedro Urdemales y de bandidos maravillosos, entre los que sobresale
"Juanito Oso", narrado por don Nicolás Deleón Vásquez, quien también cuenta
de manera extraordinaria versiones del cuento "Juan Pescador".
Otras de las formas literarias propias de la región de El Progreso son las leyendas de
diferentes clases que se narran en los poblados y caseríos del área. Así, en El
Progreso-Guastatoya, se afirma que un cazador se perdió en la montaña Anshigua por mucho
tiempo. Cuando por fin pudo salir, que fue a los años, contó que dentro del cerro había
un pueblo y que el señor del cerro, que era el dueño de todo, tenía unas hijas muy
lindas, que él se había enamorado de una de ellas, pero cuando se fueron "a hacer
sus cositas" ella se convirtió en serpiente.
Entonces, de castigo el señor del cerro lo encadenó. El cazador se encomendó al Señor
de Esquipulas, patrono de Guastatoya, hasta que después de tanto pedirle, logró salir
"más carrereando que andando".
| Entre las leyendas más interesantes de la comarca del Progreso están las
de aparecidos, ánimas en pena y espantos como el Sisimite, el Duende, los Cadejos y el
Lagarto, que se cuentan en Sansare, Sanarate y San Antonio La Paz. En Morazán, por ejemplo, se dice que el Sisimite es un gigante y un enano a la vez de horrible aspecto, con pelos que le llegan al suelo y tiene los pies al revés. Hay Sisimites de ambos sexos y caminan dando saltos "como conejos". Los Sisimites hombres, raptan a las mujeres y los Sisimites mujeres "se meten con los hombres" en la oscuridad de la noche. La Siguanaba, por su parte, recibe el nombre de Matlaciwa Mitla en San Agustín y San Cristóbal Acasaguastlán, también en estos parajes el Duende es considerado como el señor de las colinas, los valles, los animales domésticos, especialmente el ganado. Se considera que existe duende hembra y duende macho, y que son marido y mujer. Su trabajo es cuidar de todos los animales de la comarca. |
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En El Jícaro y Sansare, los Cadejos tienen apariencia de perros y tigres y viven en
colinas, barrancos y valles. El Lagarto es un animal muy grande que habita en las
profundidades de ríos y arroyos. En Sanarate aseguran que es el espíritu de los
remolinos del Río Grande o Motagua.
El Progreso es una zona riquísima en tradiciones orales diversas. Así, en Morazán, se
encuentran antiguos romances, casi íntegros como sus versiones españolas medievales,
como los "Romances del Conde Linos", los de "Una Tarde Torneo" y los
de "La Mora Linda" en El Progreso-Guastatoya. "La Morelia" es un
romance muy común en San Antonio La Paz y San Cristóbal Acasaguastlán. "La
Condesita" se encuentra casi íntegro en largas versiones cantadas en Morazán,
Sansare y San Agustín Acasaguastlán. También existen décimas entonadas, coplas,
corridos, y una elevada producción de poesía popular con resonancias medievales, árabes
y aún sefarditas.