Cultura espiritual 

Celso Lara Figueroa

La Llorona. El departamento de Guatemala, es uno de los más dinámicos en la historia de este país. En primer lugar, estas tierras son muy antiguas en cuanto a asentamientos humanos se refiere. En su territorio desde la época prehispánica floreció el centro ceremonial Kaminal Juyú, que era punto de enlace comercial entre el norte y el sur de mesoamérica y entre las tierras altas y las bajas de las culturas mesoamericanas, entre ellas las mayas y mayanses.

Kaminal Juyú, densamente habitada fue probablemente uno de los núcleos humanos más desarrollados del área mesoamericana hasta el arribo de los españoles en el siglo XVI. Otros señoríos mayanses habitaron sus tierras, como el señorío Fortaleza de Mixco Viejo, cuyos vestigios aún subsisten entre la frontera del departamento de Guatemala y el de Chimaltenango, ya que se encuentra situado en el municipio de San Martín Jilotepeque.

De tal manera que el poblamiento de la región fue intensivo. Con el arribo del hombre occidental en el siglo XVI, el valle de la Virgen fue habitado desde muy temprano, por españoles, criollos, indios, negros y mulatos. El cronista Tomás Gage refiere que a principios del siglo XVII era una planicie muy fértil con extensas haciendas ganaderas, ingenios de azúcar y pueblos de indios. El historiador Francisco de Fuentes y Guzmán señala la densidad poblacional del valle llamado de la Virgen, de las Vacas o de la Ermita.

A finales del siglo XVIII, en diciembre de 1773, el valle de las Vacas, de la Ermita o de la Virgen fue escogido por la Corona Real para efectuar el cuarto traslado de la ciudad de Guatemala, durante la época colonial, llamada en esta oportunidad, por Real Cédula del 24 de mayo de 1776, Nueva Guatemala de la Asunción.

La nueva capital del reino empezó a vivir formalmente, después de intensas luchas entre los partidarios del traslado y los terronistas, el 2 de enero de 1776, después de la extinción de la ciudad de Santiago de Guatemala por orden real.

La tranquilidad del valle fue alterada desde entonces, ya que se convirtió en el centro político administrativo del Reyno de Guatemala. Todo acontecimiento político social y económico, desde entonces, afecta directamente a los pobladores del departamento.

Hasta el traslado de la ciudad, las herencias culturales que se conjugaban en el actual territorio del departamento, eran las poblaciones mayanses de las etnias poqomames y kaqchikeles, cuya cultura hibridizada y resemantizada conservaba y conserva aún, su propia concepción del mundo de la vida, en donde ancestrales creencias mayanses se mezclan con antiquísimas tradiciones españolas y occidentales.

La cultura del departamento es amalgamada y sincretizada, dando origen a una tradición oral muy rica, en la cual aparecen reflejadas estas simbiosis culturales . De tal manera que formas de literatura oral que conservan ecos profundos de la cultura occidental, perviven junto a especies literarias orales de los pueblos mayanses focalizadas en los municipios respectivos.

Por una cuestión didáctica, las tradiciones orales del departamento se pueden dividir en tres grandes vertientes: la literatura oral de la Nueva Guatemala de la Asunción, las tradiciones orales de los municipios mestizos y la oralidad de los municipios de herencia mayanse.

Jes™s del Trujillo en Villa Nueva.

No obstante de esta división, actualmente, debido al crecimiento de la urbe y las migraciones de habitantes de todas las regiones del país, están haciendo variar las tradiciones populares del departamento, aunque como río profundo, la mayor parte de ellas permanece resistiendo el embate de la contracultura de masas.

En la región, la oralidad surge en ocasiones especiales, como en velorios, "cabos de novena" y en lugares específicos como tiendas y cantinas. También se desarrolla en ocasiones particulares, alrededor de los patios de las antiguas casonas de los barrios antañones de la Nueva Guatemala de la Asunción, en las casas de los pueblos y en los caseríos más alejados del departamento. Así también, en los ocasos de las tardes de verano y en horas de la noche alrededor del comedor de la casa paterna o bien en los parques y atrios de las poblaciones del área.

Texeles con im·genes de cofradÌas, en San Juan SacatepÈquez. En los pueblos mestizos y en la Nueva Guatemala de la Asunción, se han podido detectar dos tipos de narradores tradicionales: uno especializado, generalmente anciano, con una memoria prodigiosa y una forma locuaz de expresión y que son reconocidos por todos como el verdadero contador de historias. A ellos se les llama cuenteros, viejos, viejísimos, leng¸eros y algunas veces "cuenta cuentos". El otro tipo de narrador, lo constituye el contador ocasional de historias orales, pero que sin la sagacidad del anterior, no dejan de ser sabios en tradiciones y literatura oral.

En cuanto a los municipios de Chinautla y Mixco, de ascendencia mayanse poqomam, los contadores de historias se llaman Ajq'ij y en San Juan Sacatepéquez, San Pedro Sacatepéquez, San Pedro Ayampuc, San Raimundo y Chuarrancho, de ascendencia kaqchikel, los narradores de historias se denominan Atzij winaq. También en estos pueblos existe la división de contadores de historias especializados y de formación general.

Tradición oral de la Nueva Guatemala de la Asunción

La Nueva Guatemala de la Asunción, ha generado una cultura propia, específica, desde el momento en que se asentó en este valle de las Vacas, a finales del siglo XVIII. Su tradición oral, fresca y viva, aún en nuestros días, tiene como fuente de origen las tradiciones orales persistentes en el valle de las Vacas antes del traslado; los ecos de las consejas aportadas por los habitantes venidos de Santiago de Guatemala, y las generadas por la propia ciudad a lo largo de su propia historia.

En la ciudad de Guatemala, privan sobre todo las leyendas históricas, religiosas, de espantos, aparecidos y ánimas en pena, así como cuentos de ancestral ascendencia occidental, entre los que se privilegian los cuentos maravillosos, los de animales, los de bandidos mágicos y los de bobos e ingenuos.

En cuanto a las leyendas, el escenario en general lo constituyen los viejos y ancestrales barrios de la urbe, los cuales atesoran esta literatura oral, especialmente los barrios del Cerrito del Carmen, Candelaria y la Parroquia Vieja, en donde se arraigaron las ancestrales consejas.
CelebraciÛn del dÌa de los difuntos en San Juan SacatepÈquez.

También en los barrios formadores de la urbe, surgen tradiciones orales de gran riqueza, como en La Recolección, San Sebastián, La Merced, El Sagrario, Gerona, La Floresta, San Francisco y Santo Domingo.

Además de las zonas periféricas de la ciudad, cantones y antiguos poblados absorbidos por la urbe, manifiestan este tipo de tradición oral.

Se puede afirmar que no hay casa, paraje, templo, parque, barranco, cerro o calle que se encuentre en estos barrios, que no posean relatos de algún tipo que hacen recordar la historia y lo legendario de la urbe.

De tal manera, los viejos barrios de la ciudad acrisolan leyendas animísticas de espantos y aparecidos de indescriptible belleza, tales como El Sombrerón, ese hombre pequeñito vestido de negro que con su guitarrita de plata o de cajeta "se enamora de las mujeres de ojos zarcos y pelo largo", "que arrastra sus patachos de mula cargadas de carbón", y que se aparece aún por el barrio de La Merced, como en el Callejón de Jesús, en el Callejón del Casco en La Parroquia Vieja o en el Callejón de la Cruz en el barrio de la Recolección; La Siguanaba, esa vaporosa mujer que asusta a los hombres trasnochadores, se aparece todavía en los barrancos de Ciudad Nueva, el Quintanal y en los barrios de la Ermita, El Gallito, y el Ojo de Agua.

Capitana de la cofradÌa de San Miguel Arc·ngel, Mixco Las ánimas benditas recorren las calles de los barrios del Cerro del Carmen, Belén, El Sagrario y Santa Catarina. El Cadejo "cuida bolos, mujeres y niños solos" en los barrios del Guarda Viejo, La Pedrera, La Floresta y San Sebastián. Procesiones fantasmas de nazarenos y sepultados recorren las calles como el Señor Sepultado de Santa Catarina en la noche del Viernes Santo, o el Niño Nazareno de La Parroquia que recorre con su cruz a cuestas todos los callejones y calles de los barrios de Candelaria, el Cerrito del Carmen y La Parroquia Vieja.

Casas de espantos y casas con encantos y tesoros enterrados, se esconden en calles y callejones, como las que se encuentran en la Calle del Obispo, el Callejón Manchén, Callejón de la Aduana, Callejón de las Huérfanas o del Niñado y Calle del Hospital. Dos leyendas de ánimas en pena sobresalen en la ciudad. Así, en el barrio de San Sebastián se asegura que la Llorona grita todas las noches en el Callejón de Soledad, cerca del tanque de agua del callejón. Cuentan los vecinos que la Llorona fue una mujer que ahogó a su hijo en ese tanque y que Dios la condenó a buscar la tumba del hijo por la eternidad, "siempre, donde haya agua corriente".

Cuentan en el barrio San Sebastián, que la Llorona es una mujer vestida de negro, con pelo largo, que grita con angustia y terror en altas horas de la noche o en las madrugadas, "y que cuando se le oye de cerca es que está lejos y cuando se le oye lejos es que está cerca". La Llorona es uno de los espantos de mayor arraigo en los viejos barrios novoguatemalenses.

También en el barrio de la Recolección se cuenta la leyenda de los rezadores de la noche: monjes vestidos de negro que con candelas en la mano van rezando a la vera de las calles. Las personas que los sale a ver, les es entregada una candela que después se convierte en hueso, "y para que el hueso se vuelva otra vez en candela, se debe conseguir un angelito, un niño acabado de bautizar y así salir al encuentro del espanto, para que no se lo gane a uno". "Los rezadores salen porque la gente es muy curiosa y se mete a cada rato en la vida de los demás". Esta es una de las leyendas más difundidas en todas las calles y callejones de la urbe.

Otras leyendas animísticas novoguatemalenses son la Siguamonta, el Carruaje de la Muerte, el Chucho de la Muerte y la conseja de la Tatuana.

Leyendas religiosas abundan en la urbe, tales como las leyendas de Jesús Nazareno de la Merced, "como la imagen más perfecta de Dios en la tierra"; de Jesús del Consuelo de la Recolección "que sale a bendecir a las gentes del barrio, el Viernes de Lázaro", y hay quienes aseguran haberlo visto entrar a las casas sin tocar la puerta. El Sepultado de La Parroquia, llora lágrimas de plata para los pobres de su barrio el Viernes de Dolores; en tanto el Sepultado del Calvario lo han visto "deslizarse entre las nubes" los viernes de cuaresma por el Amate, y el barrio de Santa Cecilia.

También por la Recolección aparece San Celestino, bandido bueno "que cuida las tiendas y las tortillerías del barrio"; famosas son las lágrimas de Jesús de las Misericordias, que consuela las penas de sus devotos dejando caer espinas de su corona en sus manos. Por La Floresta, en el norte de la ciudad, se ve caminar el ocho de diciembre a "una señora muy hermosa y luminosa", que todos reconocen como la Virgen de Concepción.

NiÒo Jes™s de Amatitl·n.

Las leyendas de bandidos mágicos abundan en el Cerrito del Carmen, La Parroquia Vieja, La Candelaria y San José. Así se cuenta que el bandido Pie de Lana, "que robaba a los ricos para darle a los pobres", vivía al pie del cerrito y Tucurú, uno de los bandidos más famosos de la urbe, "se vistió con la túnica de Jesús de los Milagros y así fue apresado por la guardia de los indios jocotecos en la época colonial". Esta ciudad cree y convive con los espantos a cada instante, tan es así, que el Cerro del Carmen se colocó una Cruz de Caravaca, en los primeros tiempos de noble ciudad, "para ahuyentar a los espantos que tanto abundaban en aquesta urbe", como dice el documento real.

ElaboraciÛn de alfombra para el dÌa de la Cruz en Amatitl·n. Otro tipo de literatura oral abunda en la ciudad, como los cuentos maravillosos, los de Tío Conejo y Tío Coyote, el Ahijado de la Muerte, La Flor de Aguilar, de Los compadres Pobres y Ricos, Blanca Flor y Rosa Flor, el Canto del Guarda Caminos y cuentos de Pedro Urdemales, que compiten en vigencia y abundancia con los de Don Chevo y Quevedo.

Estas mismas leyendas, las escuchó en su época infantil, el escritor Miguel Angel Asturias, Premio Nóbel de Literatura (1967, por el Barrio de Candelaria, las que luego transformó en su magistral libro Leyendas de Guatemala hacía 1930.

Literatura oral de los municipios mestizos

Las formas literarias que más abundan en los municipios mestizos del departamento de Guatemala son las leyendas animísticas de ánimas en pena, espantos y aparecidos. De esta manera, en Fraijanes el Cadejo y las Animas Benditas tienen mucha vigencia y actualidad; la Siguanaba deambula por Villa Canales cerca del Puente Viejo y a la orilla del tren. Se cuenta en San José del Golfo y Palencia que por ahí nació el Sombrerón, "porque de ahí llevaba el carbón a los ricos de la ciudad" en tiempos pasados. Por otra parte, San José Pinula y Santa Catarina Pinula se consideran pueblos hermanos. Así, cuando "La Llorona grita fuerte" en Santa Catarina se dice "que anda en San José Pinula" y viceversa. En Villa Nueva y Petapa se habla de las luces encantadas que salen en los cerros que las rodean. Y en Amatitlán, se cuenta que el diablo peleó con el Angel San Rafael, en un día de la Concepción. Y el Angel le botó la cola al diablo de un machetazo, por lo que al caer al suelo se convirtió en el Lago de Amatitlán, prueba de eso es que sus aguas son sulfurosas, porque en el fondo de la laguna "la cola del diablo aún busca a su dueño". En el Llano de Animas, también en Amatitlán, por el Peñón, el Niño de Belén sale a jugar trompo y cincos para el Año Nuevo. Mucha gente afirma haberlo visto.

En Palencia se narra que la ceiba del parque del poblado era mágica, porque ahí moraban los espantos del lugar, pero se hizo más tenebrosa porque en sus ramas se colgó el Mariscal Serapio Cruz, "Tata Lapo", durante las luchas de la Reforma Liberal en 1870.

En estos municipios abundan los romances y romancillos como el romance de La Llave Roma y Toma en Villa Nueva, Los Tres Alpinos en Villa Canales y en Fraijanes; versiones antiquísimas de los romances La Tía Juana y el Moro Biturín, así como La hermana Cautiva por el Moro en Petapa. También se hallan romancillos, coplas y teatro popular abundante en estos municipios. Esta literatura es de clara ascendencia española y occidental.

Nacimiento en Guatemala.

Literatura oral de los municipios mayanses

En los municipios de la etnia poqomam, a pesar de las transformaciones violentas a que han sido sometidas, por la cercanía de la ciudad y de haber sido convertidos en pueblos-dormitorios, las tradiciones orales se niegan a morir. Así los Ajq'ij poqomames de Chinautla cuentan que en los tiempos antiguos todo era perdición entre los hombres, por lo que Dios mandó una gran lluvia que destruyó todo; solo dejó dos niños, un hombre y una mujer y los colocó en una caja; cuando las aguas bajaron, la caja se detuvo en donde ahora es Chinautla. Dios bajó entonces e hizo ahí un paraíso, y les dio a Jesucristo, que les enseñó a sembrar maíz, hacer trabajar el barro con arte y cosechar varitas de coyote para los barriletes. Pero el diablo envidioso, vino y echó a perder el paraíso. Los Ajq'ij afirman que en Chinautla, está el ombligo del mundo. De ahí salieron todos los hombres, los dioses y los héroes de Guatemala y de América. Todo esto quedaba en la antigua Chinautla, por donde pasa el río, y por eso es que las mujeres alfareras no quieren salir de ese lugar bendecido, porque el día que lo hagan, el mundo se acabará.

Mixco, otro poblado poqomam, es vasto en riqueza de leyendas tradicionales, como las Casas de Entierros y la Llorona que aparece sollozando en sus calles empinadas. Dicen los Ajq'ij y los ancianos de Mixco que el Cerro Alux, en cuyas faldas se levanta el pueblo, está encantado. Se asegura que el señor del cerro Yuq'Alux, da dinero a quien sabe pedirlo, como a Tiburcio Sabaj (don Bucho), a quien el cerro le dio tanta plata que casi el solito reconstruyó el pueblo de Mixco después de los terremotos de 1917 y 1918.

También se narra en Mixco la leyenda de la Siguamonta, que es un pájaro de mal ag¸ero, que no puede volar y se parece a las sharas, pero es de color negro; su canto lúgubre anuncia la muerte, el cual parece venir del suelo. Este pájaro se llama en Poqon, pájaro del barranco. Los Ajq'ij dicen que Dios lo castigó por haber ahogado a sus polluelos en el río Pansalic, en Mixco.

También en Mixco es famoso, en el Manzanillo, la figura del Tronchador, personaje obscuro que quiebra en dos a hombres y animales.

Nacimiento en Guatemala. En cuanto a los municipios de herencia kaqchikel, aseguran los contadores de historias Atzij Winaq, que el pueblo de San Juan y San Pedro son hermanos, se quieren mucho, y por esto están cerca. Pero San Juan y San Raimundo son rivales, porque aunque ambos son antiguos asentamientos prehispánicos, el patrono de San Juan (San Juan El Bautista) fue en su tiempo degollado, mientras que San Raimundo de Peñafort, aparece también degollado, en imitación al martirio de San Juan. Pero como los de San Juan son malos y solo ellos quieren tener una cabeza degollada, pueden ir a San Raimundo a "levantarse la cabeza de San Raimundo". Por eso la hermandad resguarda bajo la llave la cabeza de San Raimundo de Peñafort, para que no la encuentren los sanjuaneros.

En San Pedro Ayampuc se afirma que existen los brujos de la noche, que se convierten en animal, especialmente en gatos de monte, para robar las mazorcas de maíz y carne en las cocinas de las casas. En Chuarrancho, cuentan los Ajtzij Winaq, que existen los Rajawal Ak'a, espíritus que moran en los árboles y las montañas pero son malignos. Cuando pronuncian su nombre, se aparece inmediatamente "porque cree que lo han llamado" y la gente se enferma de susto.

En San José del Golfo se habla de cerros encantados y en Palencia del encanto de los cerros. En San Juan Sacatepéquez y en San Pedro proliferan las leyendas del origen del maíz, en los cerros cercanos, en tanto en San Raimundo y Chuarrancho, la Siguanaba asusta a los mujeriegos y en San Pedro Ayampuc no quiere a los borrachos. Así como en Chinautla se cree que la Siguanaba es un espíritu malo de la noche.