Claves para el abordaje 

de la cultura nacional 

Carlos René García Escobar

Para el abordaje de la cultura nacional guatemalteca, entendida ésta como la conjunción de distintas culturas estrechamente vinculadas por sus características, deben tomarse en cuenta específicamente tres niveles de visualización histórica de orden lógico, que competen al proceso lineal del transcurrir sociohistórico de nuestro país.
Lago de Atitl·n. En su orden son:

1) El origen

2) La evolución y el desarrollo y

3) Su estado de vigencia actual

Por su origen, debe entenderse que existen tres variantes históricos ineludibles, a la que podría agregarse una cuarta que corresponde a fenómenos migratorios propios de mediados del siglo XIX a mediados y finales del XX.
A la primera vertiente puede llamársele de varias maneras: "prehispánica", "precolombina", "prealvaradiana", a la cual se le aborda a través del estudio, análisis e interpretación de los documentos de archivo, de las crónicas coloniales, la tradición oral histórica, y por la iconología y semiótica de sus elementos concretos y abstractos.

La segunda vertiente es la "hispánica", que es abordada a través de la historia de la península ibérica -iberos, celtas y tartesios, entre otros pueblos- desde su pasado propiamente formativo hasta su mestizaje medieval y renancentista.

La tercera vertiente es la "africana", que hasta ahora ha sido abordada por medio del análisis de su tradición oral, los archivos coloniales de embarques y contratación, de factores imitativos y aculturaciones parametralmente comparativas, entre lo propiamente africano y lo afroamericano, dentro de sus particulares condiciones económico-sociales.

Podría tratarse como una cuarta vertiente histórico social de las influencias recibidas en el siglo XX, como producto de inmigraciones al país de personas y familias del extremo oriente: chinos y japoneses; de la europa latina: franceses e italianos; de la europa sajona: alemanes, belgas, holandeses, ingleses y balcánicos, así como del medioriente: árabes, israelitas, turcos, griegos e incluso hindúes.
M™sicos de San Juan Ostuncalco.
Venta de productos de maguey. En cuanto al nivel de desarrollo de la cultura popular tradicional, se observan dos aspectos a tomar en cuenta: la transculturación y la aculturación. En la transculturación es evidente el fenómeno misionero de la evangelización, que influyó, en gran medida, en las costumbres de los nativos mesoamericanos: en las de su vida cotidiana y en las de sus expresiones artísticas.

Es así, como el teatro popular español, de carácter religioso cristiano-católico, es trasplantado prácticamente al territorio continental americano. Es aquí donde se va a producir la sincronía religiosa colonial y, es en este proceso, donde se van a manifestar los ritos profesionales de las fiestas religioso/patronales, de encomiendas, pueblos, aldeas, haciendas, y otros, del territorio que nos corresponde ahora.

Muy hermanadamente se produjo también el proceso de aculturación, es decir, la aceptación táctica y mutua de expresiones culturales dispares por parte de las tres culturas, dos de ellas iniciales como la española y la nativa, todas las cuales se fundirán en un producto simbiótico e híbrido de fundamento biológico y cultural que ahora llamamos mestizaje.

La cultura nacional se formó prácticamente en estos procesos, por lo que puede hablarse de productos dialécticamente entrelazados y correspondientes a la particular formación económica/social de la sociedad guatemalteca. Es decir, que tiene su fundamento más auténtico en los procesos históricos populares, más que en los procesos formales de la educación, el derecho y la academia, por cuanto estos últimos responden en su origen a la cultura occidental europea.

Entendemos así a las culturas populares, como una instancia sociocultural que procede y pertenece a los estratos colectivos, que en la sociedad guatemalteca corresponde a aquellos, desprovistos de la propiedad de los medios de producción, y que se encuentran en situaciones difíciles de desarrollar sus posibilidades económicas, educativas, políticas y sociales; con una cultura propia, de orden contestatario, generalmente de resistencia, opuesta a aquella producida por los sectores acomodados de esta misma sociedad.

Creemos que ahora debe decirse que todo lo apuntado, se sustenta teóricamente en elementos que nos aseguran su autenticidad, como lo constituyen el anonimato en que se encuentran, en la tradición heredada generacionalmente, en la oralidad de su transmisión histórico/social basada en el ejemplo, en la imitación y en el empirismo de su práctica tradicional.
DesafĢos, barrio La ConcepciŪn, Antigua Guatemala.

A su vez, no olvidemos que estos hechos socioculturales denominados culturas populares, o bien, conocidos antiguamente como folklore se caracterizan por ser populares, estar socializados, localizados geográficamente y porque cumplen siempre una función específica en el conglomerado social en el que se desarrollan.