Cultura espiritual |
Celso Lara Figueroa
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Sacatepéquez es uno de los departamentos de Guatemala más deslumbrantes
en cuanto a tradiciones orales, no sólo por su peculiar posesión geográfica, sino
también por su extraordinaria herencia histórico-cultural, ya que en su ámbito
geográfico se ubicaron dos asentamientos de la ciudad de Santiago de Guatemala en los
principios de la época colonial (siglo XVI): en 1527 en el Valle de Almolonga y en 1543
en el Valle de Panchoy, donde su esplendor se vio azotado el 29 de julio de 1773, cuando
los terremotos de Santa Marta dejaron la esplendorosa ciudad en ruinas. Algunos de sus habitantes se vieron obligados a abandonar la derruida ciudad, pero no se despobló totalmente, sino quedó sumida en la nostalgia de sus glorias, con sus templos y palacios en ruinas, con sus enormes y frescas casas semiderrumbadas. Fue hasta 1789 cuando se fundó nuevamente la Villa de la Antigua Guatemala. |
Es por esto que todo el departamento de Sacatepéquez genera su historia alrededor del surgimiento, desarrollo y destrucción de la ciudad de Santiago de Guatemala, y posteriormente de La Antigua Guatemala. Es más, toda la actividad de los municipios une a esta alucinante ciudad en ruinas, con un pie en el siglo XVIII y otro en el siglo XXI.
| No hay que olvidar tampoco, que es un área de la etnia kaqchikel, que
entró en contacto pleno con los españoles desde el inicio de la conquista en el siglo
XVI y posterior colonización en los siglos XVII y XVIII. En la región de Sacatepéquez,
quedaron asentados los indios tlaxcaltecas que Pedro de Alvarado trajo incorporados a su
ejército de conquista. Esta huella histórica matiza y define la tradición oral del departamento de Sacatepéquez. Por un lado, está presente la herencia española y occidental con su temática específica, que aún recuerda las antiguas formas literales medievales y renancentistas; y por el otro, la herencia de la tradición oral kaqchikel. No obstante, estos legados orales se encuentran amalgamados y sincretizados por el largo proceso histórico y convertidos en auténticas joyas de la literatura oral guatemalteca. |
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En general, en el departamento de Sacatepéquez las formas tradicionales de contar se
manifiesta en velorios, "cabos de novena", y cuando personas mayores y jóvenes
se reúnen alrededor de un "contador de historias" en alguna ruina de la
Antigua, en corredores de las viejas casonas o en los patios comunales de las casas de los
pueblos de la región, como en la aldea San Bartolomé Becerra, Santa Inés y Santa
Isabel; para escuchar viejas consejas tradicionales.
En Sacatepéquez existen dos tipos de contadores de historias: los "cuenteros"
de oficios (llamados "viejos-viejísimos"), y las personas que tienen habilidad
para narrar "historias de miedo y espantos", que se les conoce como
"palabreros" o "leng¸eros".
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Debido al proceso histórico del departamento, la tradición oral puede dividirse en tres grandes ejes: la que existe propiamente en la ciudad de Antigua Guatemala, la de los municipios donde predomina la cultural kaqchikel, como Santiago Sacatepéquez, Sumpango, Santo Domingo Xenacoj, San Lucas Sacatepéquez y Santa Catarina Barahona; y un tercero, los municipios de predominancia de cultura mestiza como Alotenango, Ciudad Vieja, Jocotenango, San Miguel Dueñas, Santa Lucía Milpas Altas, Magdalena Milpas Altas y San Bartolomé Milpas Altas. |
En todo el departamento se encuentra la literatura oral en prosa como leyendas, mitos, casos y cuentos maravillosos. Y en la literatura oral en verso, están las coplas, corridos, décimas, romances y romancillos. Sacatepéquez es de los pocos departamentos que conserva una dramaturgia popular auténtica y original: las loas para la Virgen de Concepción, que aún tienen vigencia en Ciudad Vieja, como clara herencia del teatro español del Siglo de Oro (siglo XVI).
| Tradición oral de la Antigua Guatemala La ciudad de La Antigua Guatemala, ha servido como marco para acoger las ancestrales formas literarias de tradición oral, en especial las leyendas animísticas de aparecidos y ánimas en pena, todas de herencia occidental, y que matizadas por el devenir de los tiempos, se hicieron antig¸eñas y guatemaltecas. Como se afirma en el barrio de San Sebastián, "aquí en la Antigua Guatemala nacieron los espantos, porque aunque los españoles los trajeron; aquí, entre los indios también los habían" y como dicen en el Barrio de Candelaria: "esta es la mera mata de los espantos". |
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Podría afirmarse que las leyendas animísticas e históricas, brotan de cada ruina y
están presentes en cada calle empedrada de la añeja ciudad del Señor Santiago.
En las leyendas animísticas destacan múltiples versiones. En el Barrio de San Francisco,
se cuentan varias leyendas del Duende o Sombrerón que "es un hombrecito muy
pequeñito, vestido de negro con un gran cinturón muy brillante y con unas botas de
tacón que hacen ruidito".
Según doña Carolina Rodenas, del Barrio de San Sebastián, "el Sombrerón lleva una
guitarrita de cajeta o de plata y canta canciones muy chulas para las patojas de las que
se enamora, que son las que tienen pelo largo y ojos grandes". Dice doña Carmen
Roca, del Barrio de la Merced, que "cuando al Duende le gusta una patoja no la deja
ni a sol ni a sombra. Se le aparece en las noches cuando está dormida, le hace trencitas
y luego le canta con su guitarrita nuevecita brillante de plata".
En el barrio del Calvario aseguran que al Sombrerón, se le conoce también como Duende,
Tzipitío, Tzipe, Tzitzimite o Dieguito, pero que en Antigua Guatemala todos lo conocen
como El Sombrerón. Como narran en el Barrio de la Candelaria, "no hay casa en la
Antigua que no haya sido visitada por el Sombrerón, ni hermosas mestizas de pelo largo y
ojos zarcos a quienes no le haya cantado sugestivas coplas.
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Otra de las leyendas animísticas originarias de Antigua Guatemala son los
Rezadores de la Noche. Cuentan por la Alameda de Santa Lucía, en el Barrio de la
Recolección, que se trata de "unos encapirotados, como los de la Semana Santa, que
caminan por las calles rezando y aparecen siempre los primeros viernes de cada mes. Pasan
a la orilla de las banquetas con sus túnicas negras y candelas en las manos". En el
barrio de Santo Domingo se asegura que "se les oye en una rezadera tal que a uno lo
vuelven loco de tanto oirlos". Don Carlos González, de la Calle de los Duelos afirma "que los Rezadores le entregan una candela a las personas cuando los salen a ver y tienen que devolverla al día siguiente, pero la misma se vuelve hueso"; por eso, como aconseja doña Catarina Pellecer, de la calle de las Animas "uno debe conseguir un angelito o un niño recién bautizado, cargarlo como escudo protector, para que cuando pasen los rezadores no se lo lleven a uno". |
Dice don Antonio Mendoza, del Barrio de la Catedral ,"que estos espantos salen
cuando uno espía a la gente, se mete en la vida de los demás, y como en Antigua todos
nos metemos con todos de shutes, los Rezadores salen cada noche a castigar a los
metiches". Don Domingo España, de la calle Ancha de los Herreros, camino a San
Felipe de Jesús, afirma que "quienes se echan los 'cheles' de los perros en los
ojos, pueden ver a la muerte y a los rezadores, porque tales legañas, son lágrimas que
los animales derraman cuando los miran y es cuando se lo cargan a uno los Rezadores".
También cuentan que en la pila de la Merced se baña la Siguanaba con su guacal de oro y
se peina con un peine de oro. A la orilla del Pensativo, cerca de las ruinas de la Santa
Cruz del Milagro, se oye el grito de la Llorona, casi atrás del cerro de la Cruz. Narran
que a la Llorona cuando grita lejos es que está cerca y si grita cerca es que está
lejos, es aquí cuando lo carga a uno".
Doña Angela Rodenas decía que al oír a la Llorona uno no podía correr, porque le
pesaban los pies como badajos de campana. Por las cantinas del Calvario aparece el Cadejo,
como "guardián de los bolos": perro negro, lanudo, con ojos de fuego y
casquistos de cabra.
| En Antigua Guatemala, perviven leyendas como la del cura sin cabeza que
oficia misa en la Iglesia de San José en Catedral, como asegura don Edeliberto Cifuentes,
de la colonia del Manchén. También asegura doña Eugenia Gordillo de la Calle de los
Pasos, que todavía se oye en las noches de Viernes Santo los pasos del Hermano Pedro que
trae en sus hombros a Jesús Crucificado, arrastrándolo para llevarlo al Convento de
Santa Catarina para convertirlo en Sepultado. Dice don Cástulo Cabrera, de la Alameda de Santa Rosa, que por ahí se aparece el fantasma de Barreneche, arrastrando sus espadas y cadenas. Por la Calle de los Mercaderes todavía se habla de la leyenda de los tulipanes negros, que nacieron en la tumba de un esclavo negro que quiso huir del Convento de Santo Domingo y fue enterrado en un zanjón sin oraciones, lágrimas, ni cruz. Por eso es que en Antigua los tulipanes negros son de mal ag¸ero. |
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En Antigua Guatemala, cada ruina y cada palacio tiene su propia leyenda, (como las de
los nazarenos y la de la inquisición), se oye y se ve todavía pasar a los Visitadores y
a los señores coloniales.
Otras manifestaciones de literatura popular son los cuentos maravillosos, los de animales
como Tío Conejo y Tío Coyote y Bandidos Maravillosos como Pedro Urdemales.
En las viejas casonas se escuchan romances antiguos como El Enamorado y La Muerte, La
Muñeca de Cera, El Conde Olinos y La Mora del día de San Juan. En los parques los niños
cantan antiguas tonadas coloniales, casi árabes, entonan romancillos y fragmentos de
romances ancestrales.
Son importantes los chistes jocosos de la literatura picaresca y, en particular, "los
apodos", algunos de mucho ingenio que les ponen a las personas según su apariencia y
personalidad. Esto recuerda la literatura picaresca y el sentido de la vida del
guatemalteco que habita en esa ciudad.
Tradición oral de los municipios con predominancia cultural
kaqchikel
En los municipios de Antigua Guatemala hay leyendas animísticas con todos
sus personajes. Camino a Parramos se asegura que San Pascual Bailón, (que tanta fe se le
tiene en el municipio de Pastores), era un pastor de ovejas que no podía asistir a misa
por cuidar a los animales; por lo que cada vez que escuchaba las bombas se hincaba, rezaba
y se ponía muy triste. Los santos se compadecieron y se lo llevaron al convento de San
Francisco, lo hicieron fraile, y después lo canonizaron, pero entonces regresó a
Pastores y se convirtió en el santo del pastoreo, tanto de San Luis Las Carretas, como
del pueblo de Pastores.
En Alotenango los fabricantes de canastas y canastos de vara de castilla, dicen que el
Señor Crucificado de la iglesia es muy milagros, porque está hecho de caña de maíz
sagrado y reforzado con caña de castilla, pulimentado con jade, obsidiana de los tiempos
muy antiguos. "El Señor protege a los canasteros para que no se corten con el
cuchillo o que no se les quiebren las cañas. Dicen que es un Crucificado que trajo el Rey
Sinacán en los tiempos de la gentilidad y que ahora se convirtió en el santo de la
caña, patrono de los canasteros de Alotenango".
En Magdalena Milpas Altas se encuentran leyendas de Señores de los Cerros, que cuidan de
las montañas que rodean a los pueblos, también aparecen variantes de estas consejas en
San Bartolomé Milpas Altas y en Santa Lucía Milpas Altas, en donde el Rajawal Juyú es
el dueño del cerro encantado que aparece al lado norte de la población.
En Pastores y San Miguel Dueñas, aparecen los tzipitíos del café, que son hombrecitos
"como duendes" o "sombrerones", que cortan el grano de los cafetales y
se ponen a "jugar a los cincos con ellos". Cuando aparecen estos tzipitíos, los
cafetales se marchitan y "se enjutan los granos".
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En Santiago Sacatepéquez y en la aldea de Santa María Cauqué ,se habla
que las ánimas benditas de toda Guatemala llegan a morar en el cementerio y en los
barrancos que rodean a esas poblaciones. En Sumpango cuentan que ésto se debe a que en
Santiago están las cuevas que llevan a Xibalbá, y por eso en tal región hay muchas
ánimas buenas y malas que se aparecen en los caminos. En Santa María de Jesús se dice que el espíritu del volcán baja las noches del día de San Juan a ayudar a hilar para que no "se les olvide el oficio". También las tejedoras de San Antonio Aguas Calientes afirman que el Señor del volcán de Agua les enseña a tejer cuando lo llaman, y el Rajawal Juyú de San Miguel Dueñas, les "da una mano" para que la venta de los tejidos sea próspera en San Antonio. |
Pero además existe la tradición oral en los municipios mestizos, siendo una de las
formas literarias más importantes de Guatemala la que se concentra en el municipio de
Ciudad Vieja. Se trata de las loas a la Virgen de Concepción.
Religión
Dentro de las festividades y conmemoraciones más esplendorosas de
Guatemala y aun del mundo, está la Semana Santa antig¸eña.
Procesiones, velaciones, comidas, el arte efímero de sus maravillosas alfombras de
aserrín y flores, los huertos, los pregones de los romanos, los escuadrones de
cucuruchos, los lanceros, los altareros, constructores de andas, artistas que elaboran el
adorno de las andas procesionales, y las bandas de música que ejecutan marchas fúnebres,
hacen de la Semana Santa antig¸eña una de las más regias conmemoraciones tradicionales
religiosas de Guatemala, comparables sólo con las de la Nueva Guatemala de la Asunción y
la ciudad de Quetzaltenango.
En la Semana Santa antig¸eña, además de las expresiones de carácter popular,
procesionan imágenes de alto valor artístico dentro de la imaginería colonial
guatemalteca de los siglos XVII, XVIII y XIX. En cada municipio de Sacatepéquez, la
pasión y muerte de Cristo es conmemorada con mucho fervor.
Otra manifestación religiosa de relevancia en Sacatepéquez es la celebración a la
Virgen de Concepción, que se da en todo el departamento en el mes de diciembre. Son
altamente esplendorosas, el rezado y las fiestas de la Virgen de Concepción en Ciudad
Vieja, donde además de los bailes de los Veinticuatro Diablos, Napoleón, La Conquista y
Moros y Cristianos, se suman las loas, los desafíos a caballo y a pie y una
proliferación de quema de pólvora.
Son famosas las "quemas de granadas" el ocho de diciembre a las diez de la
mañana, "porque los cohetes de las granadas" llevan el agradecimiento por los
favores otorgados por la Virgen durante el año y alejan los malos espíritus.
En las noches del 7 y 8 de diciembre, toritos, castillos, juegos de cañas, bombas
voladoras, bombas de luces, y la gran cohetería, se queman en calles y atrio de la
iglesia.
Una festividad muy original es la desarrollada en Santiago Sacatepéquez el 1 y 2 de
noviembre, en el cementerio de la localidad, para conmemorar el día de Todos los Santos y
de Todos los Difuntos. Se elaboran enormes barriletes de papel de china y caña de
castilla, los cuales son alzados con pita de maguey y se elevan al pie de la tumba.
El barrilete significa una comunicación con las ánimas benditas y los antepasados que
están en el firmamento ese día. Dichos barriletes luego de ser elevados son guardados y
algunos, como la tradición lo señala, quebrados, quemados y lanzados a los barrancos
aledaños al pueblo.
Esta festividad, muy antigua en Santiago Sacatepéquez, ha sido imitada recientemente en
Sumpango y en otros municipios de Sacatepéquez, pero sin ninguna connotación religiosa.