Cultura espiritual 

Celso Lara Figueroa

Juan Noj San Marcos es uno de los departamentos más relevantes de Guatemala, no sólo por contar con numerosos municipios, sino por constituir frontera con la República de México, y servir desde la época prehispánica, como punto de paso para llegar desde el altiplano central mexicano a las costas del sur de mesoamérica.

Sus habitantes son herederos directos del mundo maya, eslabonado directamente con el mundo prehispánico, aunque cargado de nuevos contenidos por los procesos coloniales y republicanos posteriores. Los habitantes de San Marcos presentan, entonces, una cultura auténtica, única, irrepetible y muy amalgamada.

Como en todas las sociedades mayanses, la palabra es más importante que el documento escrito. Los consejos de los ancianos sabios (los Ajq'ij), son más atendidos que las leyes oficiales civiles y religiosas.

Es esta una región mam, pero comparte su cultura con poblados recientes, ya que es una de las áreas que más ha recibido impacto de la contracultura de masas mexicana, debido a las constantes migraciones pendulares y a que constituye un corredor de inmigrantes hacia los Estados Unidos. Ello incide en las tradiciones orales del departamento.

La oralidad en San Marcos brota en ocasiones particulares: velorios, "cabos de novenas", reuniones en horas vespertinas en los parques de los poblados, en el patio de las cofradías y en los atrios de las iglesias. También se narran en la intimidad del hogar, alrededor del fogón comunal.

Se afirma en Esquipulas Palo Gordo, que los "cuenteros", "narradores" o "palabreros", como se les llama en Nuevo Progreso o Aj Yol en San Lorenzo, son los hombres más ancianos y respetados por todos, en las comunidades sanmarquinas.

La tradición oral marquense está muy ligada a mitos muy antiguos que explican la vida cotidiana de los pueblos, su formación y dan fe de todo lo que existe.

San Marcos es uno de los departamentos que cuenta con mayor variedad de tradiciones orales. Entre las más sobresalientes están las siguientes:
AcompaŅantes de la Procesion de San Marcos

Leyendas sobre el origen de las antiguas comunidades

Cada comunidad del departamento tiene su propia microhistoria, perdida en la profundidad de los tiempos. Así, en Concepción Tutuapa, se cuenta que los españoles unieron dos pueblos, el caserío Sacichinlaj y el cantón Sichivilá, para formar el actual pueblo donde levantaron la iglesia, ya que los españoles "se habían llevado una gran cantidad de oro del lugar" y sólo dejaron las piedras. En Catarina narran que se apareció la Virgen de Santa Catarina, que es la patrona del pueblo.

Imagen de San Marcos Dicen los ancianos que se le vio en un paraje alejado del pueblo de Xulá, los pobladores se la llevaron en procesión a Xulá, pero la Virgen no estaba contenta, se enojó, y desapareció y volvió a aparecer en Xulá. Fueron los Ajq'ij de aquel entonces, que con sus prácticas antiguas convencieron a la Virgen que se quedara con ellos como patrona indígena de Catarina y "como a Santa Catarina le cayeron bien los indios accedió a la petición". En cambio los ladinos al verse sin virgen, nombraron a la Virgen del Rosario como su patrona y protectora.

Entre las montañas donde se encuentra asentado San Antonio Sacatepéquez, se dice que en tiempos antiguos en un lugar cerca del pueblo, vivían unos ancianos adivinos (Ajq'ij) que encontraron bajo un frondoso bosque de pinos una gran caja. Al abrirla, hallaron a San Antonio que se había perdido, y que "como es el patrono de las cosas perdidas", dispuso quedarse en ese paraje y así convertirse en el patrono del pueblo. Los Ajq'ij hablaron con él y le erigieron una iglesia en el lugar que a San Antonio le gustó. Alrededor de la iglesia construyeron entonces el actual pueblo de San Antonio Sacatepéquez. El santo está en el altar mayor y sigue haciendo los milagros "como antes".

Los contadores de historias o Aj Yol de San Miguel Ixtahuacán, narran que en aquellos tiempos, allá en los cerros de la región, había un hombre que vivía solo, pero tenía dos hijos, uno bueno que se dedicaba a quemar cohetes y hacer bombas pirotécnicas; y otro, que era malo "porque amaba a muchas mujeres". Un día, agarró a sus mujeres y se fue a un pueblo antiguo, Numaltzé, pero las mujeres lo trataron mal y mejor se fue a otro lugar, donde se quedó; ahí si les gustó a las mujeres y fundó entonces el pueblo de San Miguel Ixtahuacán. Por eso dicen los Aj Yol que los "migueleños son arrechos y enamorados".

El hijo bueno, hizo un cohete con caña de madre maíz, lo lanzó al aire y le pidió al Corazón del Cielo (tanm kya'j) que lo dejara caer en el mejor lugar para construir su pueblo. El cohete cayó en un paraje llamado Chojolá, y ahí empezó a construir su pueblo, pero no le pareció "porque era muy chiquitío", además el río era "una miadita de gato" y no había mucha agua, por lo que volvió a pedirle al Corazón del Cielo (tanm kya'j) y lanzó una piedra que cayó en el lugar conocido como Inxungues donde al tirar semillas, abundaron las cosechas de maíz y frutas. Devotas en Procesion de San Marcos

Ese pueblo es San Miguel Ixtahuacán. Todos vivían muy felices hasta que los españoles llegaron y "lo pusieron negro", por eso es que los sones migueleños son tristes, porque recuerdan el hermoso pueblo del antiguo hombre bueno.

Los Aj Yol de San José Ojetenam cuenta que en tiempos pasados, el pueblo estaba ubicado en una aldea que se llamaba Ixpanchangui (pueblo antiguo), un lugar donde sólo habían bosques, mucha agua y no existían ranchos ni casas. Un día, los ancianos rezadores Ajq'ij, pasaron por ese lugar, porque iban a visitar al Señor del bosque, entonces tuvieron una visión donde se les apareció un santo con su varita de nardo entre los árboles. Los hombres fueron a "dar parte" a los rezadores, quienes llegaron y encontraron a San José esperándolos muy sonriente. Los ancianos rezadores le construyeron un templo y trasladaron al Señor San José con gran fiesta; pero al día siguiente, "la gente del pueblo" no lo encontró y salieron a buscarlo, hasta hallarlo en el lugar donde vieron la visión. Lo volvieron a llevar y San José se volvió a regresar.

Musicos en el Mercado de San Pedro Sac. Asustados los rezadores, hicieron la costumbre de copal e incienso, pero el Señor San José tampoco quiso quedarse. Entonces se dieron cuenta que en lugar en donde el santo se apareció, había un subterráneo y que eso era lo que le gustaba al santo, por lo que lo llevaron a través de ese medio, al pueblo de Ixpanchangui y así se formó el nuevo pueblo donde se le construyó una iglesia.. San José se quedó contento porque lo nombraron patrono del pueblo, y aún está en su camerino, protegiendo a sus habitantes, los bosques y las aguas de esos parajes.

En San Rafael Pie de la Cuesta sucedió lo mismo: En aquel tiempo, un sanmarqueño salió a buscar a sus animales al bosque, cuando encontró un santo de pie, que lo miraba de reojo tras de un árbol y le hacía señas, el hombre salió corriendo a buscar a la gente "para llevarle la noticia".

Los pobladores llegaron con marimbas y tambores, tocando sones y muy alegres fueron a recoger al santo, que se subió al anda muy contento.

Se lo llevaron a San Rafael, pero pasó lo mismo que a Santa Catarina, se volvió al lugar de su aparición y entonces la gente se dio cuenta que era un "santo caprichudo", que no quería quedarse en la iglesia. Los alcaldes rezadores (chman thon), pidieron consejo a los Ajq'ij (adivinos), y estos consultaron a los tzités o frijoles rojos de la adivinación: preguntaron al santo por qué no quería estar en la iglesia. Entonces San Rafael les dijo que quería vivir solo en el lugar donde apareció. La gente trató de convencer a San Rafael que se quedara en la iglesia pero el siempre regresaba al árbol, por lo que los alcaldes rezadores (chman thon) decidieron fundar un pueblo y construirle una iglesia "para el solito", y esa es la del pueblo de San Rafael Pie de la Cuesta, donde está el santo, como patrono del pueblo.

Variantes de estas leyendas se repiten en Tejutla, Pajapita, Malacatán, El Tumbador e Ixchiguán y otras poblaciones del departamento de San Marcos.

Leyendas del origen del maíz

En San Marcos abundan las leyendas míticas del origen del maíz, como base de la cultura maya y mayanse. La vastedad de la tradición oral en este sentido, permite afirmar que dichas leyendas, cuentos y mitos, forman un sustrato simbólico de la cultura espiritual sanmarqueña.
El pajaro de la Leyenda del Maiz

En Tacaná los Aj Yol narran que en un principio, en ese pueblo, todas las cosechas de maíz se echaban a perder, "eran malas"; entonces unos ancianos encontraron una mazorca hermosa "que había salido del cerro Witz Teninquin, al pie de la gran Sierra Madre", que en mam significa "mazorca de maíz". Los viejos sembraron esa mazorca y abundó el maíz bueno y fuerte.

Cuentan todavía que cuando "truena en ese cerro", es que va a llover, porque ahí nació el maíz y porque esa mazorca fue sacada directamente del corazón de la tierra.

En Tajumulco, se narra que toda la vida de San Marcos salió del volcán Tajumulco o Chman en idioma mam.

Dicen que en el principio de los tiempos de ese volcán salían muchos zompopos, pero nadie les hacía caso, hasta que unos ancianos vieron que el pájaro carpintero entraba al cerro misteriosamente, y que cuando nadie lo miraba sacaba maíz y frijol. Entonces los ancianos siguieron al pájaro, rompieron una piedra muy grande y empezaron a encontrar cosas: lo primero que sacaron fue maíz, luego frijol, animales, agua, aire, pom, marimbas, chile, semillas de pino, jarros, madera, trajes de baile de moros, máscaras y al final, fuego.

Los ancianos cuentan que en el principio del mundo (Qawuj), hubo un juicio y el volcán recogió todas "las cosas" y las guardó para protegerlas, especialmente las mazorcas del grano sagrado. Por eso es que el maíz es tan bueno en Tajumulco, porque ahí nació. Los ancianos le pusieron el nombre de Chman al volcán Tajumulco que en mam quiere decir "corazón de trece cosas". Y de ahí, cuentan los Aj Yol que el maíz se difundió para toda Guatemala y el mundo.

Leyendas de los Señores y Dueños de los Cerros

Uno de los temas de mayor constancia y vigencia entre los mitos y leyendas de todo el departamento, es el de los Señores y Dueños de los Cerros y las Montañas, ya que toda región hay montañas como la Sierra Madre, Cruces de Canjulá y los Madrones; cerros sagrados que han estado presentes en la cosmogonía maya desde los tiempos de la creación de su mundo.

Las leyendas sanmarqueñas de los señores de los cerros, son muy importantes en el contexto nacional, pues se constituyen en enseñanzas milenarias para la protección perpetua de la naturaleza por parte de la población en general. Son una auténtica forma ecológica maya de conservar la naturaleza y de dejar patente la relación del hombre mayanse con su medio ambiente y su interacción. Así, los cerros, las fuentes de agua y los bosques, pueden ser utilizados por el hombre en forma racional; pero el hombre debe proteger a la naturaleza y ayudarla a conservar animales, árboles y agua. Quien no lo hace y transgrede las normas del "Dios Mundo" (Qawuj), es castigado irremediablemente. Los señores de los cerros, entonces, son los guardianes del mundo y de la vida de San Marcos.

Es así que en Sibinal, el dueño del cerro de Checamba' castigó a un cazador que, sin haberle pedido permiso para cortar leña y cazar animales con su cerbatana y bodoques, se adentró en el gran cerro.

Dicen los Aj Yol que este hombre vio a lo lejos a dos quetzales que volaban, les tiró con su cerbatana, pero no les acertó; entonces los quetzales volaron hacia el oratorio en donde fue encontrada la virgen patrona del pueblo, y que es el lugar sagrado donde reza el alcalde rezador (chman thon). Al llegar ahí los quetzales, el hombre vio que el cielo se oscurecía y que del suelo salían culebras que "le pegaban en las canillas".

El hombre no supo nada más, solo que al despertar se encontró al otro lado del cerro. Luego el hombre "murió del susto". Dicen por allá "que esto pasó porque no pidió permiso al dueño del cerro Checamba' para cazar animales".

Estas leyendas tienen amplia vigencia en la oralidad de Sipacapa. Se narra que en aquel tiempo, un hombre misterioso bajaba siempre del cerro Tuixux que queda en un paraje muy boscoso.

Los sipakapenses le llamaban a ese hombre Juan Noj, y creían que era el dueño del cerro Tuixux y le tenían miedo. Pero Juan Noj se enamoró de una mujer del lugar; entonces le pusieron vigilancia para que éste no entrara a la casa de ella. Pero al día siguiente la mujer "encontró unos guineos muy chulos y frescos". Entonces la gente al ver el susto de la dama se dio cuenta que en verdad Juan Noj era el dueño de ese cerro.

Dicen los ancianos de Sipacapa que Juan "era un ladino muy grande con cuernos". Cuando Juan Noj terminó "su servicio como dueño del cerro", desapareció y se fue a la casa del Dios Mundo.

Se cuenta también que en el cerro Tuigutz, en Comitancillo, pasan muchas cosas misteriosas. Hace unos años, un hombre salió muy temprano a cazar venados. Pero antes, fue al adoratorio a pedirle permiso al Señor del Cerro.

El Dueño del Cerro lo llevó adentro del cerro, y el hombre vio aquí muchos venados. Cuentan que el Señor del Cerro le dio un venado, mazorcas, guineos y frijol, y le dijo que se lo regalaba todo porque le había pedido permiso, y que le contara a la gente de Comitancillo, para que hicieran lo mismo y así le evitaran "la pena de castigarlos".

Otras formas literarias sanmarqueñas son las leyendas relacionadas con la luna, el sol, la petición de las lluvias, el origen del arco iris, el origen de los temblores y a los médicos brujos y adivinos (Ajq'ij) marcados desde su nacimiento por el destino sagrado. Es decir, narraciones sobre la naturaleza, la vida social y el entorno cultural del hombre de San Marcos.

Cuentos de tradición oral

Abundan los cuentos de animales, algunos de antigua raíz europea y otros de raigambre maya, con una auténtica y directa relación prehispánica. En San José Ojetenam se narra que existe un hombre llamado Zipac, que vive bajo la tierra, y que es el encargado de mover una montaña de un lugar a otro, y cuando lo hace es cuando suceden los temblores y terremotos. La deidad mayanse en tiempos antiguos a quien se le atribuían los temblores, era Zipacná, recogida en el Popol Vuh desde el siglo XVI. Por lo tanto, el hilo histórico con la cosmogonía maya clásica es evidente.

En Tajumulco se cuenta que el Dios Mundo (Qawuj), tiene en la mano derecha al mundo y en la mano izquierda a San Marcos. Cuando Qawuj se cansa, se "pasa a San Marcos de una mano a la otra" y es cuando "se vienen los terremotos".

Los cuentos de animales abundan en todo el departamento. En Tacaná se narran muchos cuentos del conejo, el venado, la zorra y los pájaros. En Sibinal hay una variante de cuento del conejo y del venado, en el que al conejo le salen los cuernos, "y como era muy chiquito le pesaban mucho, por lo que se los prestó al venado". Por eso es que el venado tiene los cuernos del conejo.

En Tajumulco abundan los cuentos de animales que anuncian la muerte: gatos, lechuzas, mazacuatas, zorras y tecolotes. El encuentro con ellos es fatal, ya que son pregoneros de la muerte. Otras formas literarias de San Marcos son los antiguos cuentos de Pedro Animal, que es una variante sanmarquina de Pedro Urdemales, tal y como aparece en San Antonio Sacatepéquez y Esquipulas Palo Gordo.

Abundan las leyendas de el Cadejo, el Duende y la Llorona en Nuevo Progreso, Pajapita y Río Blanco, especialmente. En Malacatán y Ayutla se han encontrado antiguas formas de romances, romancillos, coplas y décimas, a lo divinoy humano.

Música

La música de San Marcos es muy rica y variada. Sobresale la marimba, con sus sones tradicionales, para cofradía y para festividades religiosas, que se ejecutan en el atrio de la iglesia y acompañan las danzas tradicionales. Son de renombre las marimbas de Tejutla, San José Ojetenam y San Miguel Ixtahuacán.

En todo el departamento se interpreta música de sones en pito, chirimilla y tambor, también para las festividades de cofradías religiosas, católicas y cívicas.

Recientemente se encontró en los músicos de San Lorenzo, ritmos que recuerdan melodías arcaicas, probablemente legado de la música colonial del siglo XVI, cantadas a cuatro voces, sin acompañamiento. Estas melodías, casi sones, sólo se encuentran en Huehuetenango y en algunos poblados de los altos de Chiapas.