Guatemala

El arte ancestral de la apicultura

Los productores de miel de Cuilapa, Santa Rosa y Sololá desarrollan estrategias de trabajo para tecnificar colmenas y multiplicar resultados.

Por Oscar Felipe Q.

Otto Rosales Aldana —derecha—, productor de miel de Cuilapa, Santa Rosa, explica el proceso para la extracción de miel. Con su esposa, Glenda Ramírez, lleva una década en el cuidado de abejas. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)
Otto Rosales Aldana —derecha—, productor de miel de Cuilapa, Santa Rosa, explica el proceso para la extracción de miel. Con su esposa, Glenda Ramírez, lleva una década en el cuidado de abejas. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

El calor es sofocante bajo el traje de gabardina y el sombrero cubierto de malla de seda  que utilizan los apicultores en el país. El ahumador  ayuda a domesticar por instantes a las abejas, al abrir las cajas de colmenas, pero estas insisten en defender su miel.

Cultivar ese edulcorante es un arte, un trabajo y una forma de vida, refiere Otto Rosales, uno de los cientos de apicultores  en Cuilapa, Santa Rosa, que en compañía de otros productores, Érick Pivaral, Víctor Samayoa y Otto García, se dispone a trabajar en el apiario ubicado a cinco kilómetros del municipio.

“Aquí es tierra de apicultores y producimos miel de calidad”, afirma con orgullo Rosales  al momento de introducir la mano en una de las colmenas colocadas en una caja de madera de 42 centímetros de largo, 20 de ancho y 60 de altura. Extrae una de las nueve tablas de la caja, de la cual escurre el líquido viscoso, amarillo cristalino; el   néctar de las flores.

Apiario de Francisco Mendoza Coc, en la cuenca del Lago de Atitlán. Los enjambres están identificados por la raza de abejas. (Foto Prensa Libre: Ángel Julajuj)
Apiario de Francisco Mendoza Coc, en la cuenca del Lago de Atitlán. Los enjambres están identificados por la raza de abejas. (Foto Prensa Libre: Ángel Julajuj)

Dedicarse a este trabajo ya no es rentable, cuenta  Rosales, pues la producción ha bajado debido a la quema agrícola  para el cultivo de piña en la zona, los constantes incendios forestales y la falta de mercado para vender la miel.

“Albert Einstein dijo que las abejas son muy importantes para el desarrollo del hombre, ya que sin ellas el 60 por ciento de las frutas y verduras que consumimos desaparecerían, al no ser polinizadas”, recordó Rosales, quien tiene un apiario familiar de 50 cajas.

Cada apicultor de esa área mantiene toneles de miel en su hogar, con la esperanza de que un comprador a granel llegue a tocar sus puertas.

Miel del occidente

En el barrio El Carmen, en la cabecera  de Sololá, vive Francisco Mendoza Coc,  de 90 años, apicultor  desde 1967. Posee 300 cajas de enjambre.

El sololateco cuenta que comenzó en este oficio hace 50 años, cuando  encontró un grupo de abejas en un bosque, que fue su primer enjambre.

Coc tiene apiarios en varios municipios de  Sololá, en Panajachel, Santa Lucía Utatlán, Santa Clara La Laguna y San Pedro La Laguna y produce unos mil 500 galones por cosecha.

“Cuando inicié a producir  miel vendía a 75 centavos la botella. Ahora, este año, la botella tiene un valor de Q50”, expresa.

La abeja reina es la única hembra fértil del enjambre. Se encarga de poner dos mil huevos al día. Las abejas nacen 20 días después de fecundado el huevo y viven unos dos meses. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)
La abeja reina es la única hembra fértil del enjambre. Se encarga de poner dos mil huevos al día. Las abejas nacen 20 días después de fecundado el huevo y viven unos dos meses. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

En la cuenca del Lago Atitlán y las faldas de los tres volcanes de Sololá —San Pedro, Atitlán y Tolimán—, existen unos 20 productores de miel de abeja que producen anualmente unos 80 quintales de productos en promedio que es comercializado a nivel local y solo una pequeña parte es exportada.

Marcela Cortez, vecina de Sololá, dijo que el trabajo de la apicultura genera vida al ser humano, a los animales y la naturaleza.

Facilitan trabajo

Los productores de miel de Cuilapa y Sololá poseen extractor de miel para facilitar el trabajo y garantizar que sea procesada de forma higiénica.

En Cuilapa cuentan con máquinas fundidoras de cera, que sirven para elaborar láminas de cera estampada, de dos a tres milímetros de espesor, donde las abejas construirán las celdas que utilizan para cría o para depósito de miel y polen.

Productores de miel de Sololá ofrecen sus productos en los mercados locales, debido a que la exportación es mínima en los últimos dos años. (Foto Prensa Libre: Ángel Julajuj)
Productores de miel de Sololá ofrecen sus productos en los mercados locales, debido a que la exportación es mínima en los últimos dos años. (Foto Prensa Libre: Ángel Julajuj)

En el municipio de Santa Rosa fabrican sus  cajas a base de madera y en época de invierno alimentan a las abejas con azúcar y miel, para que soporten hasta el verano, etapa de floración.

Para Víctor Samayoa, apicultor de Cuilapa, el negocio de la apicultura también abarca la venta de polen y la jalea real, que es rica en  vitaminas y tiene alto contenido de proteínas  y minerales. También se incluye cera para elaborar candelas y la apitoxina, que es el veneno de las abejas, propolio que alivia afecciones respiratorias, entre otros productos.