Huehuetenango

Familias se exponen a los peligros del humo

La contaminación por humo de leña es una de las más nocivas para el ser humano, pero pese a eso y debido a las condiciones de pobreza muchas familias no tienen otra alternativa que exponerse a ella.

Condiciones de pobreza extrema evitan que las familias  dejen de utilizar la leña como combustible en sus viviendas.  (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)
Condiciones de pobreza extrema evitan que las familias  dejen de utilizar la leña como combustible en sus viviendas.  (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)

Juana Juan José duerme en el suelo, en su covacha de palos y láminas viejas, junto a sus dos hijos. Con frecuencia todos padecen de catarro que, al complicarse, se les  ha convertido en neumonía, no solo por el frío que hace en su comunidad —Payá, Jacaltenango, Huehuetenango—, sino por la inhalación del humo, por el fuego que prenden con leña en la misma habitación para preparar sus alimentos.

Basura y leña son el combustible que utiliza Juana  para cocinar.  Las condiciones de extrema pobreza en las que vive la familia no le permiten tener acceso a una estufa de gas, por lo que pese a estar consciente de que el humo causa daños en su salud y la de sus hijos se adapta a convivir con “el enemigo en casa”.

La  madre, de 25 años, asegura que el gasto en leña es fuerte. Entre sus tareas debe buscarla en las montañas de la comunidad, pues no se trata solo de fuego, sino calor para mitigar el frío, sobre todo en invierno.

Mujeres y niños huehuetecos son los más vulnerables a  enfermedades, que pueden convertirse en crónicas, por la inhalación de humo. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)
Mujeres y niños huehuetecos son los más vulnerables a enfermedades, que pueden convertirse en crónicas, por la inhalación de humo. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)

Fidelia Gregorio Andrés vive en la sierra de los Cuchumatanes, en Quininí, San Juan Ixcoy. Para buscar asistencia médica debe gastar Q150, entre pasajes y comida, y utilizar un  día completo. Aunque en su vivienda cuenta con un  poyo para cocinar en alto, respira el humo de su cocina.

Indica que padece de tos y que sus ocho hijos son vulnerables al catarro. Ella desconoce si el humo lo causa, lo único que sabe es que deben levantarse a las 5 de la mañana  para preparar las raciones para los hombres que salen al campo a trabajar, darles desayuno y preparar el almuerzo.

Ella dice que para las mujeres no hay alternativa, deben cocinar con leña. En invierno es cuando hay mayores padecimientos, pues se moja la madera, aumenta el frío y las familias pasan más tiempo en el hogar.

En comunidades rurales de Huehuetenango, las mujeres aprenden a encender el fuego desde pequeñas. Esa situación las expone a convivir con el humo desde temprana edad, lo que les causa muchas veces infecciones respiratorias. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)
En comunidades rurales de Huehuetenango, las mujeres aprenden a encender el fuego desde pequeñas. Esa situación las expone a convivir con el humo desde temprana edad, lo que les causa muchas veces infecciones respiratorias. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)

Problema común

Sergio Tumax, director del Área de Salud en Huehuetenango, explica que este es un problema común en el altiplano del país, pero en algunas regiones de Huehuetenango es más evidente, sobre todo porque tiene implicaciones en la salud y las infecciones  respiratorias son las afecciones más frecuentes.

El médico agregó que las mujeres son las más afectadas con el humo. En ocasiones, dice, los  problemas de su salud que  no son tratados pueden conllevan enfermedades crónicas como cáncer de pulmón o de las vías respiratorias, además de ceguera.

Según datos del departamento de epidemiología de esa institución, el 70 por ciento  de afectados son niños.

Hasta la semana 16 —comprendida del 16 al 22 de abril— sumaban dos mil 985 casos de neumonía, de los cuales 878 corresponden a menores de un año; un mil 143, a niños de uno a cinco años, y 874, a mayores de cinco.

En el 2016 se reportó la muerte de 649 huehuetecos por neumonía en los 33 municipios. De esos decesos, 185 fueron de niños. En lo que va del 2017 van 136 fallecimientos,  37 de menores. Tumax afirma que toda la red de salud ofrece atención a los pacientes, que además se enferman con facilidad de tuberculosis. En la actualidad  se han diagnosticado 79 casos.

Padecimientos graves

El  ambientalista Rolando Gómez, delegado regional de la Fundación para la Conservación y el Ecodesarrollo (Fundaeco), afirma que  al ingresar en las cocinas de las viviendas rurales se evidencian las capas de humo que se acumulan en la madera, paredes y techo, y las personas inhalan el bióxido de carbono producido por la leña.

Fidelia Gregorio Andrés vive con problemas respiratorios en Quininí, San Juan Ixcoy, Huehuetenango. Desde niña cocina con leña en la misma habitación en la que duerme. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)
Fidelia Gregorio Andrés vive con problemas respiratorios en Quininí, San Juan Ixcoy, Huehuetenango. Desde niña cocina con leña en la misma habitación en la que duerme. (Foto Prensa Libre: Mike Castillo)
Los efectos inmediatos son los daños en la salud de la población, que todo el tiempo vive con resfriados, alergias en las vías respiratorias o incluso llegan a desarrollar infecciones crónicas.

Consumo

La problemática crece porque la población aumenta y demanda combustible, para lo que utiliza leña. Se calcula que cada año se pierden 35 mil hectáreas de bosque entre la industria y leña, en esta última se considera que el 90 por ciento del consumo es producto de talas ilegales, en Huehuetenango. 

La práctica de utilizar leña en las viviendas provoca  emanación de gases de efecto invernadero con el bióxido de carbono, que biológicamente aporta al crecimiento de las plantas, pero las poblaciones rurales están expuestas. Según expertos, el riesgo aumenta pues las familias colocan la leña sobre tres piedras y el fuego queda abierto.

En Huehuetenango, las familias  que utilizan leña consumen un metro cúbico al mes,  alta carga sobre el bosque ya afectado con la  expansión poblacional.

Poca reforestación

Según Gómez,  cada año se reforestan mil hectáreas de bosque en los 33 municipios del departamento. Eso permite  ganar 2 por ciento  anual respecto de la tala.

Considera que las contradicciones ambientales permiten identificar zonas que ya no se pueden reforestar.

La implementación de estufas mejoradas ha tenido aceptación en las comunidades porque se han adaptado a sobrevivir sin el calor del fuego abierto en algunas regiones. Sin embargo, la falta de recursos no permite que ese apoyo llegue a todas las comunidades del altiplano.

Gómez indicó que la fundación  tiene cinco solicitudes para unas 300 estufas, pero la capacidad financiera solo les permite ayudar a 65 familias en los alrededores de la Laguna Maxbal, Santa Cruz Barillas, en la Franja Transversal del Norte.

Estufas ahorradoras

Rolando Gómez, delegado regional de Fundaeco, indicó que se han entregado más de 318 estufas mejoradas en  comunidades de varios municipios de Huehuetenango. Eso ha generado un ahorro del 75 por ciento de consumo de leña, lo que ha  coadyuvado a que baje la presión sobre el bosque y  disminuyan las emisiones de bióxido de carbono, con lo que las familias  se enferman menos.

Gómez reconoce que no hay una línea base en este tema. Sin embargo, existen resultados con esfuerzos pequeños que se hacen en relación a la salud de los pobladores, mientras que se ayuda al medioambiente cuando las comunidades cortan menos árboles.

Juana Juan José, duerme en el suelo, en su covacha construida de palos y láminas viejas, junto a sus dos hijos, con frecuencia padecen de catarros que al complicarse se han convertido en neumonías, no solo por al frío en su comunidad Payá, Jacaltenango, Huehuetenango, sino por la inhalación del humo del fuego con el que prepara sus alimentos en la misma habitación.  Basura y leña es el combustible que utiliza para poder cocinar, sus condiciones de extrema pobreza, no le permiten tener acceso a una estufa de gas, por lo que pese a estar consiente que el humo causa daños en su salud, se adapta a convivir con “el enemigo en casa”.  La joven madre, asegura que el gasto en leña es fuerte, entre sus tareas debe buscar en las montañas de la comunidad, pues no se trata solo de fuego sino calor para mitigar el frío, sobre todo en épocas de invierno.
Juana Juan José, duerme en el suelo, en su covacha construida de palos y láminas viejas, junto a sus dos hijos, con frecuencia padecen de catarros que al complicarse se han convertido en neumonías, no solo por al frío en su comunidad Payá, Jacaltenango, Huehuetenango, sino por la inhalación del humo del fuego con el que prepara sus alimentos en la misma habitación. Basura y leña es el combustible que utiliza para poder cocinar, sus condiciones de extrema pobreza, no le permiten tener acceso a una estufa de gas, por lo que pese a estar consiente que el humo causa daños en su salud, se adapta a convivir con “el enemigo en casa”. La joven madre, asegura que el gasto en leña es fuerte, entre sus tareas debe buscar en las montañas de la comunidad, pues no se trata solo de fuego sino calor para mitigar el frío, sobre todo en épocas de invierno.