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10/08/10 - 00:41 Cultura

Edgar Negret

Uno de los mayores problemas que tiene planteada la escultura contemporánea es el retorno a una sensible racionalización sin mengua de la calidad estética.

El sometimiento de la escultura a la razón viene a iniciarse tras una larga etapa de abdicaciones, de estas a favor de la sensación. Negret es una clara referencia a la presencia de la maquinaria en la sociedad moderna, utiliza metales industriales, que con bisagras y tornillos, une las placas del metal, con la exactitud y el orden de donde surgen estructuras que reflejan en términos visuales la interacción y el discurso social de la vida urbana. Edgar Negret transforma las propiedades características y visuales del material con el color y los dobleces que nítidamente le imprime al metal. Negret es un purista, en donde todo parece conjugarse, pero lo que bulle fundamentalmente es la naturaleza o el sentimiento de esta, esa naturaleza mayúscula, exuberante que atañe a su tierra, y a todo ese conjunto de mitos, ritos y tabúes enraizados en la leyenda, siempre misteriosa del pueblo colombiano. El espíritu de Negret tiene que liberarse de una conformación temporal y concordante con sus sentimientos, en él, lo racional cede paso a una suerte de intuición de lo orgánico, de lo que puede injertarse en la sensibilidad que le embarga y le empuja a ser el gran oidor del laberinto de la naturaleza que sólo él puede escuchar. En las décadas de 1980 y 1990, la escultura moderna, se enriqueció con hallazgos conseguidos en múltiples direcciones conceptuales. Lo racionalista se mantenía en un aconsonantado juego con la representatividad no extinguida, sino, en todo caso, disfrazada bajo el palio de lo surreal, en la obra Árbol, hay un sentido de homenaje al hierro y al árbol, con elementos abiertos y progresivamente replegados, sobre sí, hasta pronunciarse laberínticamente.

La obra de Negret nunca es finita, es un delicado juego de vacíos y llenos, de entradas y reentradas, que sugiere tránsito o más que eso, una sucesión de formas de donde surge la estética. Busca un sutil ordenamiento espacial, acompasando la continuidad del mundo por medio de complejas modulaciones.

El azul de la obra Flor Sanki (1994), las chapas metálicas se van sobreponiendo unas con otras para delimitar el vacío, mostrándonos cómo el artista se preocupa por la cadencia espacial y por la intensificación de la presencia de las cosas. El espíritu de Negret tiende a liberarse en una conformación temporal, sus sentimientos los racionaliza cediendo el paso a una suerte de intuición de lo orgánico, de lo que puede injertarse y le empuja a ser el oidor de todas las voces tonantes y ocultas en la naturaleza que le vio nacer. Lo racionalista se mantenía en un juego, con la representatividad no extinguida.

La obra El maíz viene a ser un contrapunto referencial de nuestra mítica planta, en esta obra trabaja el hierro como seda, y permite la idea mística, pero también se insinúa la apertura hacia un espacio ajeno. Se barrunta, la eclosión triunfal del maíz. Es una realidad que roza la abstracción del maíz. Idea obsesiva de preguntarse sobre el misterio de su propia expresión.

POR IRMA DE LUJáN /

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