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14/04/10 - 10:33 Cultura

Ingrid Klussmann se desnuda

Los escritores plasman sus memorias en libros y los artistas visuales a través de su obra y legado; ese es el caso de la artista visual y promotora cultural Ingrid Klussman, quien mañana inaugurará la exposición Luces en el Túnel, una instalación de vestuario y accesorios que la autora utilizó durante sus años a cargo de la galería.

POR GUILLERMO MONSANTO

¿Qué define su decisión de volverse una profesional de las artes?
En principio, diría yo, cierta disposición natural que en mi infancia se manifestaba como gusto y también como facilidad para hacer las cosas, dibujar, pintar, decorar, etc. Más adelante, esa disposición natural me llevó a aprender técnicas más sistemáticamente, con maestros reconocidos (tuve la suerte) y en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Por otro lado, creo que en mi decisión de ser artista hubo mucho de rebeldía, pues mi familia, y mi madre sobre todo, querían que yo tuviera una profesión "útil", pues, según ellos, el arte no era una forma de ganarse la vida. De manera, pues, que empecinarme por ser artista y dejar de lado la licenciatura en psicología a pesar de que ya había cerrado currículo, fue mi manera de oponerme a lo que su buen juicio me imponía. No fue a la larga un simple acto de rebeldía juvenil, pues en ese no dar mi brazo a torcer tuve que ingeniármelas para que el arte sí diera para comer, lo cual es un rasgo de personalidad que más adelante se fue definiendo en las batallas artísticas.
Su trayectoria la involucra en la fundación de múltiples entidades de carácter benéfico. Cuéntenos, por ejemplo, su participación en la Subasta Rotaria.
Hay una manera fácil de responder a esta pregunta: "Convencida de una buena causa, volqué mis esfuerzos a convocar, convencer, crear las condiciones, etc." Es decir que hice de buena fe lo que hoy se puede aprender de un manual de liderazgo y de gestión social, con la diferencia de que yo lo hice intuitivamente. También está la respuesta difícil, que implica hablar de motivaciones personales más profundas, algunas de ellas inconscientes. Para mí los verdaderos necesitados, los verdaderos marginados sociales eran los artistas. Esto yo lo comprendía muy bien pues lo sufría en carne propia. Mi buena causa secreta era ayudar a los artistas, a que se aceptara el valor de nuestro trabajo, a que se nos tomara en cuenta como miembros útiles y se nos incorporara en la vida productiva de la sociedad. Lo que hice en ese sentido, creo, que queda muy bien ilustrado en la exposición de mi vestuario de esa época. La promoción del arte en aquellas circunstancias exigía recursos extremos: más que una gran personalidad magnética y carismática se necesitaba un personaje convincente que conmoviera no sólo los corazones sino también la vanidad de las personas. Fue otra de las batallas artísticas.
Uno de los sucesos por los que más se la admira es por la valentía como afrontó su accidente automovilístico y la manera como venció al cáncer ¿le gustaría compartir algo de esas experiencias con nuestros lectores?
Creo que ese accidente fue una de las experiencias más decisivas de mi vida. A la hora de verme allí tendida, luego de superar la conmoción física, estuve a punto de darme por vencida. Entre los peores pensamientos provocados por la depresión, estuvo el de aceptar como mi destino la marginación absoluta a la que de condena a los minusválidos y a los enfermos desahuciados. Pero precisamente ese pensamiento alimentó mi rebeldía, mi espíritu luchador. Regresar a mi vida normal fue una especie de venganza contra el destino que tan injustamente me estaba tratando. Hoy veo que era un sentimiento un poco malsano pero funcionó para templar mi espíritu. Te estoy respondiendo desde mi intimidad, con la mayor sinceridad. Esto no quiere decir que el apoyo de mi familia y de los artistas y los amigos no hayan sido claves para superar el trauma psicológico que me quedó de esa experiencia terrible. Al contrario, esas experiencias extremas y dolorosas lo hacen a uno más humano, más sensible para valorar las intenciones y los sentimientos de las personas. Lo mismo puedo decir del cáncer: soy obstinada, es cierto, pero es tiempo para reflexionar desde una perspectiva más conciliadora no sólo sobre la muerte sino sobre la vida.
Desde que se fundó El Túnel hasta el presente se ha recorrido mucho trecho. En este camino usted ha sido testigo de nacimiento de estilos, la apertura de otras galerías y el surgimiento de vendedores de espejismos: críticos, curadores y organizaciones culturales ¿qué opinión tiene de cómo se maneja este universo en el presente?
El mundo del arte es muy dinámico. Todo cambia constantemente, nada permanece igual. La manera como se concibe el arte y el hacer de los artistas no se escapa a esa dinámica. Por ejemplo, antes se hacía arte para que fuera contemplado por el público, se contaba de antemano con esa actitud pasiva del espectador para relacionarse con las obras de arte; pero los supuestos formales y teóricos, es decir los estilos, desde los cuales se hacía ese arte, así fuera por moda o imitación, cambiaban más rápido que la capacidad de asimilación y comprensión del público, superaban su sensibilidad que era más bien conservadora y tradicional, de manera que el crítico de arte, necesariamente más informado de las tendencias artísticas internacionales y de las necesidades culturales de la sociedad, funcionaba como mediador entre las propuestas artísticas más avanzadas y el público que se mantenía rezagado.
Hoy, en cambio, se quiere que el arte sea más participativo, que estimule la involucración activa del público, que no haya propiamente un espectador pasivo de la obra, de manera que el crítico en esta nueva situación ha dejado de ser el espectador ideal y se ha convertido en alguien que, junto al artista, también propone, lo cual, creo yo, es lo que hace un curador. Creo que esta función del curador va muy bien con el arte conceptual y en menor medida en todas aquellas exposiciones que se rigen por un concepto que impone objetivos a la actividad y que en la práctica funciona como criterio a la hora de seleccionar las obras y la forma de mostrarlas en el espacio de la galería o el museo; digo que en menor medida pues hemos visto que algunas exposiciones colectivas son "curadas" por un cuerpo de "curadores" sin importar que el concepto que rige la actividad sea artísticamente tradicional o innovador, y que los objetivos que propone sean pedagógicos, culturales, benéficos o simplemente comerciales. De manera, pues, que hay una crítica de arte y una curaduría que son válidas, legítimas y necesarias, y para ejercerlas se necesita no sólo el "buen ojo" sino también la sensibilidad, la cultura artística y humanística y sobre todo cierta solvencia ética y estética, cualidades éstas que raramente se dan juntas en una persona. Así pues, es un tema difícil y un campo propicio para las improvisaciones, incluso las de buena fe, y para las pretensiones grandilocuentes de los "vendedores de espejismos", como tú los llamas, que tras un disfraz de "gente de mundo artístico" ocultan sus carencias de talento, ética, conocimientos y sensibilidad.
Es inevitable hablar de su sucesor... Pedro representa sangre fresca (pero con pedigrí) dentro de galeriísmo actual. Cómo ve el modo en que él tomó la estafeta en la dirección de El Túnel.
Como ya mencioné, el mundo artístico es muy dinámico, muy cambiante; pero esos cambios no son gratuitos, persiguen captar y adaptarse a los cambios que se dan en las esferas de lo económico y lo social, que son también los que explican los cambios de sensibilidad que caracterizan a una época o a una generación.
El Túnel empezó como un sueño de artista. Quizás, como ya dije, para demostrarle a mi familia que el arte era una profesión tan buena como cualquiera. Logró consolidarse como galería porque los propios artistas necesitaban de un espacio de este tipo. Mi carácter de luchadora invencible fue clave para vencer el escepticismo no sólo de mi familia sino de todo un ambiente social y cultural. Recuerda que en ese tiempo no había un mercado de arte como existe hoy día. La gente no estaba acostumbrada a comprar obras de arte, mucho menos de artistas nacionales que todavía estuvieran vivos y que además eran bohemios y tenían ideas raras. Entonces había que hacer de todo. Poco antes se había fundado la subasta Juannio; las galerías que antecedieron a El Túnel cerraron ante la indiferencia del público: no tuvieron la paciencia, el ingenio ni las agallas para vencer esa apatía. Es decir, El Túnel fue al principio una batalla personal en diferentes frentes: con los artistas, con el público, con la familia, con la indiferencia y la apatía del ambiente, etc. Creo que mientras yo la dirigí nunca perdió del todo ese carácter batallador que ciertamente explica en parte su éxito y también sus limitaciones, sobre todo frente a los grandes cambios económicos, tecnológicos, culturales y sociales que se han venido sucediendo a gran velocidad desde los años noventa.
Que mi hijo Pedro haya decidido tomar la estafeta fue muy oportuno. Fue un relevo generacional en todos los aspectos: no sólo sangre nueva para la galería, sino en general una nueva generación de coleccionistas de arte, nueva sensibilidad, nueva manera de ver y valorar la cultura y la identidad nacional, nuevas formas de organizar y de hacer negocios, en fin, una nueva visión del mundo. Pedro participa de todo eso con naturalidad, por cuestiones precisamente generacionales, de manera que pudo transformar El Túnel de una especie de baluarte artístico (un poco romántico si se quiere, pero totalmente inadecuado para la época) en una empresa cultural cuidadosa de la administración y de la calidad de lo que promueve. Entiendo que para él tampoco ha sido fácil; no es simplemente haber heredado la estafeta, también tiene sus propios riesgos y sus propios desafíos. Creo que lo está haciendo muy bien. Tiene el pedigrí...
Qué está haciendo Ingrid Klüsmmann en el presente.
Además de quebrarme la cabeza tratando de estar a la altura de esta entrevista tan comprometida, pintando con más libertad y poniendo un poco de orden a mis pensamientos, a mi memoria. Aquí sucede algo curioso, y volvemos al principio de la entrevista y la disposición natural por hacer cosas concretas, tangibles. He intentado escribir mis memorias, pero me encuentro con que las palabras no dicen todo lo que yo quiero transmitir, se quedan cortas a la hora de revivir ciertas emociones que, entiendo, son irreproducibles. Me siento mejor haciendo cosas. De allí que para contar lo que he vivido mejor recurro a las cosas, a los objetos que he usado que, a mi manera de sentir, transmiten con mayor intensidad mis experiencias y las emociones que las han acompañado. Y ahora que me lo preguntas, creo que la exposición de mi vestuario es una manera de publicar mis memorias. Es parte de mi biografía, pero en esas prendas también se ha impregnado un poco de la historia de Guatemala, de la historia del arte nacional y de la sociedad guatemalteca de las últimas cuatro décadas.




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