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28/03/13 - 00:00 Cultura

Trabajo con devoción

Caminar durante largas jornadas, incluso hasta 12 horas, detrás de andas procesionales es para muchos músicos un acto lleno de espiritualidad, que se complementa con un beneficio económico.

Esto sucede con muchos intérpretes guatemaltecos que durante varios años participan en estos cortejos.

En esta edición se incluye información de algunos de ellos.

HISTORIAS

“Me gusta la música sacra”

El clarinetista Carlos Fernández Toribio, de 57 años, comenzó  en la música desde los 17 años. “Mi abuelo me  enseñó las primeras lecciones y luego estuve algunos años en el Conservatorio Nacional de Música”, relata Fernández.
El clarinetista, quien también ejecuta  el saxofón,  trabajó durante más de dos décadas en varias  agrupaciones musicales del Gobierno hasta que se jubiló.
“Yo trabajo  en 10 procesiones en Antigua y la capital durante Cuaresma”, explica.  Lo más difícil para él son los recorridos bajo el sol y cambios bruscos de clima. 
Fernández tiene cinco hijos; de ellos,  dos también  son músicos de procesiones.

“Me toca el alma”

El trompetista de 40 años  René Felipe, originario de Sumpango, Sacatepéquez, participa como músico de procesiones desde que tiene 17 años. 
“Lo que más me llena de satisfacción al participar en la Cuaresma es la interpretación de  marchas fúnebres, porque le tocan el alma a uno, y aunque es un trabajo,  uno se siente contento al  ir detrás de Jesús Nazareno”, afirma.
Cada año,   Felipe participa en cuatro o cinco procesiones de las más importantes. Para él caminar grandes distancias bajo el sol es un acto de fe y  penitencia.  Además, trabaja como músico en una marimba orquesta de Sumpango.

“Soy músico por tradición”

El percusionista Óscar Pérez Morales, de 37 años, originario de Antigua Guatemala,  Sacatepéquez, comenzó a tocar en procesiones desde los 15 años. 
“Mi familia  se ha dedicado a tocar en procesiones por varias generaciones, por eso es un honor para mí  continuar con esto”, dice  Pérez.
“Me encanta estar en las procesiones; durante Cuaresma participo  en unos 20 cortejos,  me llena de satisfacción”, agrega.  Según  el percusionista, lo más difícil es transportar el bombo, por el tamaño que tiene.
En los demás meses del año, Pérez trabaja en un taller de  carpintería en su casa, con sus hermanos.   Tiene dos hijos, un varón de 13 años y una nena de 3.

“Me satisface estar cerca de Jesús”

Jaime Samayoa, de 49 años, se inició tocando en las procesiones en 1994 como un acto de ofrenda. En el  2000, cuando adquirió  sus propios platos,  lo tomó como un trabajo.
“Me da  satisfacción ir cerca de la imagen de Jesús”, expresa Samayoa, quien es originario de Escuintla. Él participa en unas cuatro o cinco procesiones durante la Cuaresma.
El músico es además profesor en un establecimiento educativo en Antigua Guatemala, donde motiva a los estudiantes a aprender a tocar algún instrumento.   “Me vitamino uno o dos meses antes de la Cuaresma,  para tener resistencia física y mental”, comenta.

POR LUCíA HERRERA /

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