Deporte Nacional

Poncio llegó de Totonicapán para triunfar en la marcha atlética

La marchista nacional Maritza Poncio se ha trazado grandes objetivos y uno de ellos es asistir a unos Juegos Olímpicos y conquistar una medalla para dejar una marca en el deporte que le ha dado la oportunidad de crecer.

Por Jeniffer Gómez

Han pasado 13 años desde aquella primera vez en que las calles de la Aldea Cojxac, en Totonicapán, vieron junto al amanecer a una pequeña guerrera que corría con el deseo de superarse y que ahora está en la Selección Nacional de marcha, cargada de energía y ansiosa por escabullirse entre los mejores del mundo.

Proveniente de una familia numerosa, Maritza Poncio tiene siete hermanos, junto a quienes comenzó a tejer su carrera en el atletismo. Pues a pesar de haber iniciado su carrera a los seis años en carrera pedestre, las circunstancias la guiaron a la marcha, especialidad en la cual se desempeña en la actualidad.

La disciplina, inculcada principalmente por su padre Rafael, es uno de los pilares que la atleta recalca cada vez que hace memoria del difícil pero benevolente camino que la ha traído a donde está y que le permite seguir soñando que cualquier meta que se proponga la puede alcanzar.

Uno de los pasos firmes que ha dado Poncio después de mudarse de Totonicapán a la ciudad capital, es el ser parte de la Selección Nacional, junto con Mirna Ortiz y Mayra Herrera en la rama femenina. Además, de ser compañera de Érick Barrondo, Jaime Quiyuch, José María Raymundo, José Ajcam, Mario Bran y Ángel Batz.

“A veces nosotros los jóvenes somos muy desesperados y si no conseguimos algo rápido, nos desanimamos y pensamos que para qué nacimos, de hecho, yo en algún momento lo pensé. Puedo decirles a ellos que busquen a Dios porque es el único que no nos va a abandonar”.

Memorias y deseos

“Recuerdo que empecé corriendo desde los seis años, con mis hermanos y con mi papá, pero a mí era a la que más le gustaba”, confiesa la atleta, quien hasta el 2014 competía en la especialidad del maratón.

La rutina constaba en levantarse a las 6 de la mañana, ayudar con los quehaceres de la casa y salir junto a sus hermanos y don Rafael, a correr. “A veces, cuando me cansaba y ya no aguantaba, mi papá me subía a sus hombros y así terminaba el recorrido. Nunca me dejó”, cuenta Maritza.

De la mano del deporte, Poncio Tzul ha crecido con un inmenso deseo de superarse también en el ámbito académico, por lo que los estudios han formado parte importante y su anhelo por servir y apoyar a los demás, la condujeron a ser maestra.

Antes de residir en la ciudad de Guatemala, hace dos años, Poncio desempeñó su profesión como maestra durante seis meses, en una de las experiencias de vida que más la han llenado.

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“Di clases en la escuela de mi aldea durante seis meses. Fue algo muy bonito, aunque por momentos era complicado, porque daba clases a alumnos que eran mayores que yo, pero me gané su respeto y aprendí mucho”, relata la marchista guatemalteca.

Académicamente, su sueño es seguir estudiando en la universidad. Su primera opción, es cursar odontología. Y su objetivo es poder transmitir beneficios a su departamento por medio de su conocimiento.

La joven atleta, cargada de sueños y de demostrarle al mundo de lo que es capaz, aspira deportivamente a clasificarse a los Juegos Olímpicos de Río 2016, y no solo eso, sino subir al podio y quizá, mejorar lo hecho por Érick Barrondo en Londres 2012.

“Quiero ir a unos Juegos Olímpicos; a los de Río… Y quiero ganar una medalla. Sé que parece difícil y lo es, pero también confío y soy consciente en que es algo que se puede lograr”, afirma la atleta nacional.

“Todo lo que tengo es gracias a Dios. Él es el único que no nos falla nunca”.

Apoyo

Poncio comenzó su carrera con el entrenador Iván Rodríguez. Después de ser observada por varias personas involucradas en la marcha, fue motivada por Aníbal Paau para ir a la capital y hacer pruebas con el entrenador Rigoberto Medina.

“El entrenador Rigoberto Medina me vio y de manera inmediata me dijo que me quedara para que me siguiera preparando y así lo hice. Desde entonces el cambio ha sido difícil por la separación familiar, pero hemos aprendido a llevarlo”, afirma Maritza.

Apoyo total

Aunque en un comienzo sus hermanos y padres no estaban del todo convencidos, pues decían que lo de Maritza no era la marcha sino la carrera, el apoyo siempre ha sido incondicional y los resultados positivos han ayudado a fortalecer su fe en la deportista.

“Por cosas de la vida mis papás están separados, sin embargo se llevan bien y nunca han dejado de apoyarme. Siempre cuento con ellos y con mis hermanos”, asegura Poncio.

La tecnología le ha permitido a Maritza estar en constante comunicación con sus familiares y su fuerte lazo de amistad con la también marchista Sonia Irene Barrondo le ha ayudado a superar pruebas y a mantenerse firme en la lucha por sus sueños.

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“Conozco a Sonia desde hace casi cinco años y es mi mejor amiga. Ella y su hermano Érick me han ayudado mucho. Él es una gran persona que siempre nos da consejos y nos apoya cuando lo necesitamos. Nos sube a su carro y nos lleva a comprar comida y ropa cuando lo requerimos”, afirma Maritza.

La distancia es uno de los factores que se presenta como obstáculo en cualquier situación. Para Maritza, no ha sido fácil cambiar de vida cuando todavía no era ni mayor de edad y volverse independiente cuando el apego con sus padres y hermanos era casi inquebrantable.

“Extraño Totonicapán. La ciudad de acá es bonita y todo, pero no hay nada como mi pueblo. Principalmente extraño a mi familia, pero también anhelo el frío y la tranquilidad, pues es uno de los departamentos que menos violencia tiene. Aquí en la ciudad a veces hasta me da miedo salir, porque ya me asaltaron una vez”, lamenta Poncio.

La marchista también confiesa extrañar a su entrenador Iván Rodríguez y a sus compañeros de Toto, con quienes se entrenaba a diario en búsqueda de superación y una vida mejor.

“Nunca pensé que me iba a pasar todo lo bueno que me sucede ahora”.

Motivación

Maritza es un ejemplo para la juventud guatemalteca. Llena de vida y de sueños por cumplir. La atleta quiere transmitir por medio de su forma de vida que todo es posible de alcanzar y que por muy difícil que parezca el panorama, siempre hay una luz de esperanza.

“A veces nosotros los jóvenes somos muy desesperados y si no conseguimos algo rápido, nos desanimamos y pensamos que para qué nacimos, de hecho, yo en algún momento lo pensé. Puedo decirles a ellos que busquen a Dios porque es el único que no nos va a abandonar. Quiero decirles que crean en lo que son capaces de hacer y en el esfuerzo, porque las cosas no caen del cielo. Luchen día a día”, insta Maritza.

Poncio, medallista de bronce en el Campeonato Panamericano Juvenil de Colombia en 2013, quien también sueña con formar una familia en un futuro, espera que este año esté cargado de éxitos y pueda representar de manera digna a Guatemala en los Juegos Panamericanos de Toronto —julio— y en el Campeonato Mundial de Atletismo en Pekín —agosto—.

Maritza, quien inició como una promesa para el atletismo nacional, en competiciones de campo traviesa y maratón, es ahora una realidad dentro de la marcha nacional y quien ahora forma parte del equipo élite junto a las exponentes nacionales olímpicas Mirna y Mayra, quienes son su ejemplo a seguir, al igual que cada integrante de la Selección, que día tras día la inspiran a seguir paso a paso en la vida.

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