
BARCELONA — Ángel Di María ve como el balón que acaba de tocar se aloja en la portería rival y, acto seguido, corre paralelo a la grada levantando las manos, juntando ambos pulgares invertidos y encorvando los dedos restantes en su ya clásica celebración, formando el símbolo del corazón.
Di María, argentino de 23 años originario de la ciudad de Rosario, es tan vital para el Real Madrid como el órgano que mimetiza después de cada gol, dedicatoria a su esposa Jorgelina. Su clase, exigida y probada al máximo nivel, se compara con la de los mejores extremos que han pasado por la “Casa Blanca”, pero son su entrega y sacrifico por el bien común las virtudes que tienen prendado a su entrenador, José Mourinho.
En su segundo año en el Madrid, este lánguido futbolista con aspecto de antiguo ha explotado definitivamente como referente en un equipo con las máximas aspiraciones, que lucha contrarreloj por sobreponerse al dominio del Barcelona, ganador de casi todo en los últimos años.
Tras formarse en la fructífera cantera de Rosario Central, Di María llegó a la capital española procedente del Benfica lisboeta a finales de junio de 2010 como primer refuerzo de la era Mourinho, gran valedor de su fichaje y con quien comparte agente, el omnipresente Jorge Mendes.
El argentino, que por entonces estaba disputando el Mundial de Sudáfrica, firmó por fax un contrato que le ligaba al club blanco por seis temporadas y blindaba su salida con una cláusula de rescisión de 210 millones de euros.
Formó parte de una ofensiva “merengue” que también incorporó a Mesut Oezil, Ricardo Carvalho y Sami Khedira en el afán del presidente Florentino Pérez por juntar un plantel capaz de discutir la hegemonía azulgrana. Desde entonces, Di María se ha ganado a pulso el cariño de la grada del Santiago Bernabéu; aprecio no siempre ligado al puro talento futbolístico, como constata su compañero Cristiano Ronaldo, silbado en más de una ocasión.
Apodado “El Fideo” por su físico alargado, Di María ha interpretado como pocos su papel en el Madrid: correr la banda para abrir campo y penetrar como cuchilla en la defensa rival o, jugando a pierna cambiada, asistir de zurda los desmarques de Karim Benzema o su compatriota Gonzalo Higuaín, con quien se entiende casi a ciegas.
De esta manera, el internacional albiceleste se ha erigido en el máximo asistente del campeonato con 11 pases de gol acumulados en sus 14 partidos disputados, hasta lesionarse antes de Año Nuevo y perderse los 10 siguientes. Ese periodo lo ha aprovechado su compañero Özil para alcanzarle: ambos suman 11 asistencias, pero el alemán ha necesitado seis jornadas más.
Según estadísticas oficiales, también ha completado con éxito 22 de 27 regates intentados, suma cuatro goles y llama la atención que, siendo extremo, sólo haya incurrido en un fuera de juego, una prueba más de la inteligencia táctica tan valorada por su timonel.
Las excelentes prestaciones no podían llegar en mejor momento para Di María, empeñado en hacer cumplir una supuesta promesa de mejora de contrato por parte de la directiva. Aunque en las oficinas confían plenamente en alcanzar un acuerdo al final de temporada o incluso antes, desde diversos flancos se especula con el interés de equipos de la liga Premier inglesa, y tanto Mourinho como Mendes están poniendo de su parte para agilizar la firma.
Las malas lenguas apuntan a su prolongada baja como arma de presión, pero lo único cierto es que el futbolista siente que su sueldo —uno de los más bajos del plantel— no se ajusta a su actual peso en el equipo. Y cada vez que salta al campo se empeña en demostrarlo.
Hijo de un carbonero que despuntaba en las inferiores de River Plate pero dejó el fútbol tras fracturarse la rodilla, Di María recuerda con especial emoción sus inicios humildes en barrio obrero vecino a la cancha de Rosario, cuando su madre le llevaba a entrenar en bicicleta después que el médico le recetara fútbol como antídoto a su hiperactividad. Y a sus siete amigos de juventud, en especial “el día que regresé por primera vez y allí me estaban esperando. Fueron varios días sin dormir” . Con ellos compartió calle y tinta en la piel: “La banda de la Perdriel” exhibe un tatuaje en una pierna.
Pero la lealtad a los suyos llega bastante más hondo: cuando falleció su suegro el pasado diciembre, “El Fideo” no tuvo reparos en pagar de su bolsillo 120 mil euros para que un avión privado le llevara a Rosario y pudiera asistir al sepelio. Regresó para jugar, sin previo entreno, en Sevilla. Su último partido oficial.
Además de echarle una mano a su progenitor cargando carbón, Di María se aficionó al baloncesto, en parte por los éxitos de la selección albiceleste, y también porque su físico se prestaba para la práctica. En Madrid, el contrato que ahora intenta modificar le impide echarse unos tiros, pero no acudir al pabellón como espectador, y allí se le puede ver en ocasiones acompañado de Cristiano. Curiosa foto: un ex Benfica y un ex Sporting, lejos de Lisboa, pasándola en grande viendo baloncesto.
Férreamente custodiado por la rígida política de comunicación del club, Di María transmite un carácter tímido en las entrevistas oficiales.
Nada más lejos de la realidad, asegura su ex compañero en Rosario Central, Marco Rubén: “Es muy distinto verlo en televisión a convivir con él. Es muy alegre y contento. Su personalidad va con su juego: eléctrico, descarado, siempre para adelante” , explica el hoy delantero del Villarreal. “Desde que empezó se le veía algo distinto a los demás, pero era muy flaquito y chiquito. En Madrid creció física y mentalmente. Ahora hace cosas increíbles. No le puede la presión” .
El discurso lo corrobora otro ex “canalla” , el arquero del Espanyol Cristian Alvarez: “Es un tipo extraordinario, con mucha chispa personal. Debutamos casi juntos, era muy flaquito, pero siempre tuvo esa explosión especial: era rapidísimo. Siempre fue muy desequilibrante y ha crecido mucho acá”.
Perseguido con saña por sus marcadores, sus críticos le achacan un exceso de teatralidad en sus frecuentes caídas, rayando la simulación antideportiva.
Se trata, probablemente, del gran pecado futbolístico de un jugador defendido a capa y espada por Mourinho y alabado desde la trinchera rival, donde Pep Guardiola lo tachó recientemente de “futbolista fantástico” . El preparador barcelonista sufrió en carne propia sus diabluras en la pasada final de Copa del Rey, ganada por el Madrid gracias a una sobresaliente actuación del rosarino. “Nos hizo mucho daño por la banda de Dani Alves” , rememora. “Tiene unas facultades espectaculares, es muy fuerte y potente jugando al espacio. Puede jugar en los tres puestos de ataque. Con decir que juega en el Real Madrid está todo dicho” .
“Crecí jugando en la calle”, aseguraba Di María en exclusiva entrevista a Real Madrid TV, y queda claro que algo de calle sigue acompañando su juego, aún en el máximo nivel.
“Di María duerme con la bayoneta calada”, escribía en su relato del último Madrid-Barsa de liga Juanma Trueba, cronista del diario AS.
A punto de toque de corneta este sábado frente al Levante tras mes y medio en la enfermería, queda por ver cuán afilada llega esa cuchilla.
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