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Prensa Libre

23/07/08 - 00:00 Deportes

El legado de Luisa Fernanda Portocarrero 

Cada cuatro años, la nostalgia invade a Luisa Fernanda Portocarrero: la mejor gimnasta que ha tenido el país, quien recuerda cada detalle de su participación en las justas de Barcelona 1992.

Los recuerdos están intactos y asegura que la noche previa a competir no durmió, y aunque la hinchazón de los ojos desapareció, el sollozo continuó hasta el día de la competencia, pero Luisa Fernanda comentó que ya estaba programada; se sabía de memoria cada rutina.

“Era como un robot. Estaba programada”, reconoce. Y así, con su leotardo blanco salió a la colchoneta para realizar, lo que ella dice, fue su mejor presentación en 20 años como gimnasta.

Ese día en Barcelona, la guatemalteca cumplió su objetivo de participar en unos Juegos Olímpicos. “Sabía que lo tenía que lograr, no sé desde cuándo lo planifiqué, pero lo conseguí”, dice orgullosa, mientras muestra las fotografías que relatan cada competencia en la que estuvo y que son el mejor ejemplo para sus cien alumnos.

Después de los Olímpicos pensó en retirarse, pero una beca en Relaciones Internacionales en la Universidad de California (UCLA), hizo que compitiera cinco años más, hasta que guardó el leotardo, junto a los trofeos, acreditaciones y medallas en el baúl que tiene en su casa de Nicaragua.

“Ya lo había entregado todo. La gimnasia es un deporte de mucho sacrificio y me sentía cansada”, reconoce.

Luisa Fernanda se dedicó a trabajar con su papá, Fernando, y se alejó siete años del deporte, hasta que se reencontró con el ex seleccionado Raúl Molina, a quien había conocido en los Panamericanos de 1991 en la Habana, Cuba, y juntos iniciaron la academia, Olympika en abril del año recién pasado.

La ex seleccionada dice que encontraron el lugar perfecto, alejados un poco de la ciudad, en el kilómetro 14 de la carretera a El Salvador, en donde tienen más de cien alumnos, entre ellos, la pequeña María André, de cinco años, hija de Luisa Fernanda.

“Me cambió la vida, y aunque pensaba que ningún hijo sería gimnasta, a ella le gusta y es flexible para el deporte”, dice.

María André es como su mamá, también le gusta la Viga. “Cuando era pequeña siempre me gustó ese aparato. En los tiempos libres prefería practicar que descansar”, cuenta entre sonrisas, mientras sus alumnas practican junto a Raúl.

“Lo que más buscamos es que los alumnos se vayan contentos y regresen. Esa es nuestra misión”, comenta ilusionada, pues cuando puede les cuenta anécdotas de sus competencias, entre ellas los cuatro mundiales a los que asistió, porque les servirá en cada prueba, como en la Copa Amistad que se disputará en agosto y en la que participará con 55 niños.

Luisa Fernanda, como cada cuatro años, suspenderá todo para poder observar desde la inauguración, hasta la última rutina en los Juegos de Pekín, como toda una apasionada.

“Sabía que lo tenía que lograr, no sé desde cuándo lo planifiqué, pero conseguí llegar a unos Juegos Olímpicos, que era mi principal meta”.

Luisa Fernanda Portocarrero,

Ex gimnasta nacional.

La gimnasta Luisa Fernanda Portocarrero, participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, en donde ocupó la posición 18 en todo evento; 13 en su especialidad, la Viga; Piso (28); Salto al potro (32) y Barras Asimétricas (37).

Su mejor resultado en ciclo olímpico fue una plata en Viga, en los Juegos Panamericanos de 1991, en La Habana, Cuba.

POR CLAUDIA CASTRO Y ROMEO RIOS /

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