Economía

Los comerciantes de Brasil extrañan las falsicaciones chinas

La vendedora Gloria Calves no da abasto con clientes que quieren comprar camisetas de la Copa del Mundo, pero los negocios no marchan bien porque las autoridades le impiden conseguir lo que realmente quiere: falsificaciones chinas baratas.

En Río de Janeiro una mujer vende playeras de las selecciones que participan en el Mundial de Fútbol. (Foto Prensa Libre: AFP)

En Río de Janeiro una mujer vende playeras de las selecciones que participan en el Mundial de Fútbol. (Foto Prensa Libre: AFP)

Río de Janeiro –  “Esta es la peor Copa del Mundo de la historia. Todas las demás fueron buenísimas. Esta es terrible” , se lamenta esta mujer de 68 años cuya cabeza apenas llega al mostrador de su tienda de ropa en el mercado Saara de Rio, donde brasileños de origen árabe y judío conviven pacíficamente.

“La policía no nos deja ganar dinero. Corremos el riesgo de terminar en la cárcel o de ser multados solo por tratar de hacer un negocio” , se queja.

Calves regentea su pequeña tienda rebosante de artículos verdes y amarillos desde hace 20 años.

Antes de que el Mundial de fútbol llegase a Brasil, tenía un modelo de negocios que era simple, lucrativo e… ilegal.

En vez de vender la camiseta con el número 10 del delantero estrella Neymar por 160 dólares –el precio del artículo genuino en la tienda Nike — vendía camisetas idénticas hechas en China por 35 dólares.

Las autoridades hacían la vista gorda, los clientes pagaban un precio que no era exorbitante y Calves obtenía una bonita ganancia. Todo el mundo era feliz.

Pero esto cambió desde que llegó la FIFA.

Ahora que Brasil acoge el Mundial, enfrenta la presión de la Federación Internacional del Fútbol para reprimir los artículos falsos que reducen sus propias ganancias.

El país tuvo que aprobar una amplia “ley general de la Copa” que impone duras penas de cárcel y multas por violaciones de marca registrada.

Las camisetas de la Seleao no están vinculadas a la FIFA –son confeccionadas por Nike, un gran rival del auspiciante de FIFA Adidas — pero con más patrullas policiales por el barrio, la mercadería falsa de Calves ha caído en la misma red.

Tras ser arrestada dos veces y sentenciada a un año de trabajo comunitario, decidió que limpiaría el negocio.

Ahora vende camisetas confeccionadas en Brasil que son algo diferentes de las originales, lo suficiente para ser consideradas como legales.

Pero dice que son de baja calidad, y que sus clientes notan la diferencia.

“Cuando los chinos hacen un producto falso, es exactamente la misma cosa” , asegura. “Lo das vuelta, lo pones junto al original, y no se ve una sola diferencia. Es perfecto” .

– Corriendo de la policía –

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Mateus Vargas dice lo mismo. Perdió su empleo en una ferretería hace ocho meses y aterrizó en el negocio de la venta minorista de artículos falsos. Dice que precisa el dinero para mantener a su esposa y a su hija de 17 años.

“Sé que es peligroso. Uno puede terminar en la cárcel. Pero qué voy a hacer? Preciso trabajar” , argumenta.

Vargas, de 45 años, opina que la Copa del Mundo ha sido mala para Brasil.

“La FIFA es la que maneja todo. Dicen que solo ellos pueden hacer dinero” .

No quiere quebrar la ley pero siente que no tiene mucha opción. Si no vende productos falsos, sus competidores lo harán.

El mercado está inundado de estas falsificaciones, a pesar de que los vendedores aseguran que las inspecciones sorpresa de la policía son cada vez más frecuentes.

“Cuando la policía llega, todo el mundo cierra las tiendas y sale corriendo” , cuenta Vargas.

No todos los vendedores hablan con esta candidez.

Otro hombre vende camisetas de Brasil que parecen auténticas en un perchero instalado en medio de la calle, y observa a sus clientes con suspicacia.

Consultado sobre cuánto cuesta la camiseta con el 10 de Neymar, dice gruñendo: “Cincuenta reales (unos 20 dólares)” .

La pregunta siguiente –Es verdadera? — va demasiado lejos.

“Hey, qué eres, un periodista?” , pregunta. “No quiero periodistas aquí. Vete de aquí”

– “Las cosas están difíciles” –

En otras zonas del Saara, en la planta baja de las coloridas pero descascaradas casas coloniales de estilo portugués, pequeños comerciantes tratan de hacer dinero con la Copa sin quebrar la ley.

Algunos están haciendo un negocio fácil con la venta de matracas, sombreros, pelucas y virtualmente cualquier cosa que pueda ser pintada con los colores de la bandera brasileña.

Otros dicen que las ventas están difíciles.

Maria Farias dirige una pequeña tienda que vende camisetas de fútbol y otra ropa verdeamarela.

Tiene cuidado en no romper ninguna regla del folleto “Productos Oficiales Autorizados” que le dio un representante de la FIFA que visitó su negocio, y que guarda en la caja registradora para consultar en caso de duda.

Señala que hasta ahora sus ventas no han aumentado por la Copa del Mundo. “La gente no tiene dinero. Las cosas están difíciles” , dice esta mujer de 55 años. “Para nosotros, el Mundial no ha llegado” .

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