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Prensa Libre

15/10/11 - 15:43 Economía

Tres reflexiones a raíz de la muerte de Steve Jobs

La muerte de Steve Jobs ha conmocionado al mundo entero, y es comprensible. Cuando una persona es la cabeza visible de tantos inventos que han transformado nuestras vidas de una manera tan inmediata y sustancial, es normal que nuestros lamentos transpiren gratitud por el revolucionado presente y melancolía por el futuro que hubiese podido ser y que ya no será.

Sorprende, acaso, que en esta nuestra época, en la que oímos continuas premoniciones sobre el agotamiento inexorable de los recursos naturales o reflexiones sobre que las empresas se enriquecen a costa de explotar al medio ambiente o a los trabajadores, una compañía dedicada al conocimiento y a la innovación, con menos de 47.000 trabajadores (la mitad que Exxon), pugne por ser la compañía con mayor capitalización del mundo. Ya lo dejó sentado Julian Simon: el último recurso, la última fuente de riqueza, es la inteligencia humana; la capacidad de generar planes, modelos de negocio y productos que satisfagan necesidades importantísimas del resto de agentes. De ninguna otra forma puede explicarse que se espere que esos 47.000 empleados de Apple generen más valor que los 1,2 millones de trabajadores que ocupan todas las compañías del Ibex.

Y la tercera, la espectacular evolución bursátil de Apple, asentada sobre la innovación continua y la explosión de las ventas de productos de muy elevada calidad, ilustra la decisiva importancia del ahorro personal para alcanzar una amplia sociedad de propietarios. Desde el regreso de Steve Jobs a Apple, el precio de sus acciones ha pasado de 4 a 375, esto es, se han apreciado un 9.300%. Si en lugar de adquirir productos de Apple, hubiésemos destinado nuestro dinero a volvernos accionistas de la empresa -es decir, en sumarnos al proyecto de Jobs, proporcionándole todavía más recursos económicos-, hoy nuestro patrimonio sería inmenso.

Para que nos hagamos una idea: si en 1997, en lugar de adquirir un Apple Powerbook G3 250 por 5.700 dólares hubiésemos invertido en acciones de Apple, hoy tendríamos un patrimonio de 535.000 dólares. Tal vez algunos piensen que, en tal caso, Apple habría vendido menos productos, hubiese dispuesto de menos ingresos y no hubiera sido capaz de innovar tanto. Pero es al revés: Apple, y empresas como Apple, podrían haberse capitalizado mucho más, habrían dispuesto de trabajadores mucho mejor formados y habrían invertido a mucho más largo plazo, proporcionándonos innovaciones aún más increíbles.

*Esta columna fue publicada originalmente en el centro de estudios públicos ElCato.org.

http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/tres-reflexiones-raiz-de-la-muerte-de-steve-jobs

JUAN RAMóN RALLO / América Economía

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