Economía

Devaluación sí, devaluación no

Al inicio de la toma de posesión del gabinete económico dirigido por el presidente Jimmy Morales, se provocó una discusión pública respecto a que se devalúe la moneda nacional, el quetzal, que de 1924 a 1984 se mantuvo a razón de un quetzal por un dólar.

Por José Molina Calderón

Eso es lo que están haciendo México, Argentina, Venezuela y China. En el caso de México, que es el más importante de esos países para Guatemala, ha devaluado su moneda en un año en cerca del 40%, lo que hace que sus productos sean más baratos para los guatemaltecos. El contrabando de productos mexicanos es creciente, y aunque no es nuevo, no había llegado a la magnitud actual. Esto hace que los productores nacionales enfrenten una competencia desleal, por una guerra de monedas unilateral.

A estos productores nacionales no les es fácil rebajar los precios dentro del país en 40%, lo que le da ventaja al contrabando. El riesgo es el desempleo, cuando algunos productores vayan saliendo del mercado. Además, las fronteras son frágiles y el contrabando tiene la mesa servida.

Por el lado de los importadores, tienen la oportunidad de comprar más barato que el precio del producto nacional. Y esto los hace felices, muy felices.

El tipo de cambio

El Banco de Guatemala, a través de su junta directiva, la Junta Monetaria, tiene a su cargo la dirección de la política cambiaria, y desde luego, velar porque haya una tasa de cambio que no se enloquezca. Por eso, el Banco de Guatemala interviene en el mercado cambiario tratando de evitar que haya movimientos bruscos en dicha tasa de cambio, y dispone de un arsenal que es tan variado como la Santa Bárbara en los cuarteles militares, para defender o atacar a quienes afecten la tasa de cambio.

Tasa de Cambio Libre-Libre

Entre las preguntas que se plantean públicamente, está la siguiente: ¿se puede dejar la tasa de cambio libre-libre, determinada por la oferta y la demanda, es decir, el mercado cambiario?

Solo una vez en Guatemala ha habido tasa de cambio libre-libre, en 1989-1990, en que de Q2.80 por dólar, pasó a Q5 por dólar, e incluso llegó a Q8 por dólar, y los agentes económicos, como se suele decir, tanto comerciantes como industriales y personas individuales, no supieron manejarse bajo este sistema. Rápidamente se volvió a pedir, pública y desesperadamente, que el Banco de Guatemala interviniera la tasa de cambio y la estabilizara. Incluso, fui uno de los que en esa locura económica que hubo en esa época, provocada por una emisión desordenada de dinero, lo que en esta columna se ha llamado “la maquinita”, opiné que la tasa llegaría a Q8 por dólar, como efectivamente llegó por un momento. Después, la tasa se redujo, y unos años después llegó hasta la tasa de Q7.65 que está al día de hoy, con diferencial para el que compra y el que vende.

La alcancía está llena de dólares

La diferencia en esa época es que el Banco de Guatemala se había quedado sin dólares. Hoy, la situación es totalmente diferente, y el Banco de Guatemala tiene reservas monetarias internacionales por más de siete mil setecientos millones de dólares, y no está en una situación desesperada. La alcancía está llena de dólares. Lo que hace el banco central es comprar o vender dólares para que el tipo de cambio no varíe sustancialmente.

Si hoy se dejara la tasa de cambio libre-libre, podría llegar inmediatamente a Q6 por un dólar, lo que de nuevo estimularía el contrabando y afectaría la estructura económica de los productores guatemaltecos. Esto tiene un efecto colateral que reduce el monto de los impuestos y el gobierno central se vería afectado.

El Banco de Guatemala, lo que hace, es observar la economía y tratar de que haya equilibrios entre los sectores. Aunque se lleva veinte años en que el banco central afirma que el tipo de cambio es libre y flexible, en la práctica esta institución tiene metidas las manos en el tipo de cambio, se quiera o no, y no es libre. El banco central tiene responsabilidad de mantener al país competitivo en la guerra de monedas.

Así que, pueblo de Guatemala, como dicen los políticos, aquí no pasará nada.