Economía

El crecimiento de las ciudades

En 1924, Gordon Whitmall, planeador de Los Ángeles dijo: “Cuando nos enfrentamos al asunto de las subdivisiones de la tierra en el condado de Los Ángeles, concluimos que sería absolutamente necesario salir y tratar de ganarles la carrera a los urbanizadores, trazando al menos sistemas adecuados de vías primarias y secundarias, para así asegurar las áreas necesarias para esas vías y avenidas”.

Las redes primarias son las autopistas, las secundarias son las arterias que comunican los diferentes sectores o zonas de una ciudad, y las terciarias son las que le pertenecen a las colonias, barrios o condominios.

En cada país, la red vial por lo general se ordena según esta jerarquía. Los gobiernos centrales planean, adquieren tierras, financian, construyen y mantienen la red primaria de carreteras interurbanas que conecta todo el país.

Los municipios deberían planear, adquirir tierras, financiar, construir y mantener la red secundaria o arterial de las vías en sus jurisdicciones. Los urbanizadores privados planean, adquieren los terrenos, financian y construyen las vías terciarias que conducen al interior de sus proyectos.

Lamentablemente en nuestras ciudades principales se ha dejado por un lado las redes secundarias, que son las más importantes porque estas vías son bienes públicos clásicos y no es posible excluir a los usuarios de emplearlas. Esta ha sido una falla de oferta y demanda. Por un lado, existe mucha demanda, pero no existe un mecanismo de mercado que pueda garantizar una oferta adecuada en las ubicaciones apropiadas.

No se puede cobrar peaje en ellas, por lo que deben financiarse mediante presupuestos municipales, que lamentablemente tienen una capacidad limitada de crédito.

Insisto, lo más importante es que a medida que las ciudades se expanden, es necesario reservar, antes de que ocurra el desarrollo, las tierras necesarias para estas calles secundarias, así como las redes de servicios y los espacios públicos.

Dice Shlomo Angel en su libro “Planeta de Ciudades” El principio del justo medio que debe regir las densidades urbanas también debe gobernar las proporciones entre los terrenos públicos y privados de las ciudades. La proposición de las obras públicas establece que para que las ciudades sean sostenibles debe haber suficientes terrenos para obras públicas identificados y protegidos a lo largo y ancho de la ciudad, como resultado de la planeación de las autoridades públicas y no de las fuerzas del mercado.

Nuestras autoridades pueden y deben conocer las señales del mercado para determinar cuánta tierra se necesita para uso industrial y cuánta tierra para uso residencial de manera que pueda planificarse adecuadamente la densidad poblacional con el propósito de ampliar la facilidad de movilidad en la ciudad y reducir la distancia de los viajes, para economizar energía y reducir la polución.

Israel, por ejemplo, decretó leyes de planeación que estipulaban hasta un 40% de cualquier terreno que se quisiera convertir al uso urbano, debía transferírsele gratuitamente al municipio para uso público. Este porcentaje era una cifra base, al que se le añadían requisitos adicionales para escuelas y parques. Hoy en día, la Autoridad de Tierras de Israel, es dueña de grandes extensiones de terrenos necesarios para la expansión urbana. Shlomo dice que esta práctica es excesiva y refleja una perspectiva más bien burocrática de la planeación urbana, muy alejada de la forma en que las ciudades exitosas se desarrollan y prosperan.

La riqueza de las ciudades se genera en los terrenos de uso privado. Por ello, dice Shlomo, para que una ciudad crezca y prospere, es necesario que haya una amplia oferta de terrenos privados destinados a la producción, el comercio, las actividades cívicas y las viviendas, y le corresponde al interés público, garantizar que una amplia cantidad de terrenos permanezcan en uso productivo privado, para generar los excedentes sobre los que luego se cobrarán los impuestos que se utilizarán para invertir y operar todos los servicios público complementarios.

Durante los últimos años hemos tenido un crecimiento vertiginoso y las autoridades han optado por el laissez-faire (expresión francesa que significa “dejen hacer, dejen pasar”).

Es por ello que solamente las autoridades públicas pueden y deben planear vías que atraviesen las tierras de múltiples propietarios y solamente dichas autoridades pueden adquirir estas tierras mediante la expropiación –poder que les permite adquirir tierras a un precio igual a de las propiedades adyacentes-, este poder de expropiación consignado en nuestras leyes, no solamente para carreteras, sino también para las líneas férreas, los aeropuertos, los puertos, las líneas de interconexión eléctrica, los reservorios de agua, los canales, las redes de acueducto y de alcantarillado.

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