Economía

La envidia y su efecto en las finanzas

El siguiente cuento explica claramente por qué nos envidian o nosotros envidiamos. Este narra que una serpiente perseguía implacablemente a una luciérnaga para devorarla. Al fin, la luciérnaga exhausta, se detuvo y le dijo a la serpiente: ¿Te puedo hacer tres preguntas? Y la serpiente respondió: Está bien, ¡adelante! La luciérnaga, entonces, le preguntó: ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? Y aquella respondió: no. ¿Te he hecho algo malo? Y de nuevo respondió: no. ¿Y entonces, por qué quieres matarme?, insistió la luciérnaga, a lo cual, la serpiente respondió: ¡Porque brillas!

Eso nos enseña, que en la vida algunas personas te van a criticar, hablar mal de ti, condenar, y etiquetar, aunque nunca les hayas hecho nada. Y todo, porque como la luciérnaga, brillas por tus logros, y eso irrita a quienes les molesta que tú brilles más que ellas y no lo pueden soportar, pues carecen de brillo propio y les duele tu brillar. Son personas que viven inmersas en la infelicidad de su poca realización personal, lo cual engendra en ellas la envidia que les carcome y enferma el alma. Pero tú sigue brillando, aunque eso moleste a las personas que viven hundidas en sus escasos logros en la vida, que les hace buscar hundir a quien brilla, en lugar de ocuparse ellas de subir y así también brillar.

La envidia aparece cuando nos enojamos por sentirnos en desventaja en algo o por sentirnos superados por alguien. Esta aparece al no tener lo que otro tiene, por no ser lo que el otro es, por no ser como el otro es, o no saber lo que el otro sabe, o por no estar donde el otro ya está, o por no haber alcanzado lo que el otro ha alcanzado. Ese enojo se presenta en los negocios o en la profesión, ante los éxitos alcanzados por nuestros competidores o colegas.

Sentir molestia al verse superado nos pasa a todos, pero ¿cómo se combate la envidia en uno? La forma práctica de combatirla en uno es tomar la decisión de no enojarse sino alegrarse por lo que el otro tiene, el otro es, haya hecho mejor, haya alcanzado o por el nivel que ocupa, aunque yo aún no lo ocupe, o no lo haya alcanzado. Y, además, sentirnos seguros de nuestra propia valía para no sentirnos mal al ver que alguien nos supera en alguna área.

La reina de Saba no se enojó al verse superada por otro colega, sino felicitó al rey Salomón por sus posesiones, que excedían a las suyas. Juan El Bautista no se enojó que Jesús lo superara, sino se alegró ante la indiscutible superioridad de su llamado. Jesús mismo no sintió envidia de nadie jamás, sino hasta nos adelantó, con alegría, que cosas mayores que Él haríamos. Los tres se sentían seguros de su propia valía.

Siempre el que se siente menos o tiene menos, y logra menos será el que sienta envidia del que tiene, es, hace y logra más, y no al revés. Y el envidioso siempre tratará por distintos medios de demeritar o despreciar la obra de quien los ha superado, hablando, inventando cosas que son falsas para sentirse bien ante su propia minusvalía.

¿Qué efecto tiene la envidia en la prosperidad? La sabiduría escritural nos lo explica así: “Luchan, combaten y no alcanzan lo que desean porque arden de envidia”. Es decir, se esfuerzan por tener más con su impresionante agresividad en ventas, con sus 10 empresas, sus tres trabajos, sus siete estrategias para hacer crecer su negocio, sus 20 seminarios para prosperar, sus ocho maestrías, cinco doctorados y 14 idiomas y no ven buenos resultados porque su motivación para alcanzar la prosperidad o lo que les mueve para tenerla, es el enojo o envidia en la que viven.

Espero que té decidas alegrarte, en lugar de enojarte al verte superado o superada por alguien, y te enfoques en lo mucho que vales y ya has logrado alcanzar en la vida. Esa debe ser tu lucha constante para no retrasar tu prosperidad, sin el obstáculo de la contraproducente envidia.

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