Opinión

¿Quo vadis Guatemala?

Erick Coyoy

Erick Coyoy

Esta conocida expresión en latín (¿A dónde vas Guatemala?) parece aplicar plenamente a la realidad que Guatemala vive en la actualidad.

Con la mayoría o casi todos los principales indicadores económicos y sociales en franco deterioro, que se conjuga con la creciente incapacidad del sector público para dar respuestas a los problemas nacionales de su competencia, resulta necesaria una reflexión a este respecto.

Pero los políticos nacionales parecen ignorar esta situación y siguen obstinados en preservar sus privilegios a costa del creciente retroceso que enfrentamos.

De poco o nada han servido para cambiar los criterios de decisión sobre los temas nacionales los múltiples foros y espacios de discusión abiertos por distintos sectores o entidades, como los encuentros de empresarios o los informes de desarrollo humano.

La realidad en muchas áreas no solo es la misma o casi igual que hace más de 20 años cuando se firmaron los acuerdos de paz, sino que en varios aspectos el deterioro es lo que prevalece en los años recientes.

Las proyecciones de población indican que somos un país de gente mayoritariamente joven, y esa tendencia se mantendría en los próximos 20 años (el llamado bono demográfico).

Pero de nada servirá este supuesto factor positivo si no se realizan cambios de fondo en muchos aspectos de la vida nacional, que permitan superar los factores de bloqueo a las oportunidades de los jóvenes para tener acceso a la educación y al trabajo.

Actualmente solo uno de cada dos jóvenes logra terminar la educación diversificada, y así tener alguna preparación mínima para el mercado laboral.

Si no se aumentan las oportunidades de educación para el trabajo, lo que tendremos en los próximos años será un contingente mucho mayor al actual de población juvenil cuyas únicas opciones son la migración al exterior o las pandillas juveniles, como instrumento del crimen organizado para aterrorizar a la población.

El crecimiento económico que tradicionalmente Guatemala ha mostrado (con un promedio de 3.5% anual en los últimos 25 años), ha sido insuficiente para la generación de oportunidades de empleo para los jóvenes.

El agravante ahora es que incluso ese crecimiento insuficiente se deteriora, sin una crisis externa que provoque el estancamiento.

Son los factores internos los que dominan el escenario productivo, pero sin visos de solución en el corto plazo por la inacción oficial.

De tal manera que resulta indispensable no solo revertir los deterioros recientes, sino cambiar el patrón de crecimiento prevaleciente hasta el presente.