Economía

Tengamos coraje

Pasaron fácilmente por la garita de ingreso a la colonia a las 10 de la mañana conduciendo un picop robado. El guardia no tenía radio, no tenía saldo en el teléfono, ni garita tenía, ya que pocos vecinos eran los que daban su aporte y eso no alcanzaba ni para el sueldo del único guardia y menos para construir una garita formal. En la última reunión se habló de instalar cámaras, pero sin dinero, hasta las mejores ideas resultan vanas.

Llegaron hasta la vivienda de una pareja sexagenaria, entraron rompiendo la puerta y un trabajador armado quiso impedir el atraco disparando al aire, pero los delincuentes sacaron sus armas y le dispararon al cuerpo. Le acertaron un balazo en la pierna. La esposa del trabajador pudo llamar a los dueños y a la policía. Le sugirieron que colocara la cadena de la puerta para que no pudieran seguirlos. Lograron salvarse huyendo a una vecindad. Los ladrones trataron de salir embistiendo la cadena y no lo lograron. Abandonaron el picop y optaron por escapar corriendo por las calles pistola en mano. Se toparon con un conductor a quien amenazaron. Este logró poner reversa hasta alejarse del alcance de los criminales, que se metieron a la propiedad donde estaba otro vehículo, del cual despojaron a su dueño. Al pasar frente al asustado guardia lo agredieron y amenazaron de muerte si decía algo y finalmente se dieron a la fuga.

Esta historia es tan real como otras tantas probablemente más atroces o sangrientas y que se repiten en nuestros vecindarios sin que podamos hacer nada.

Todos en nuestro país, sin excepción, hemos sido víctimas de algún hecho violento y pareciera que ya forma parte de nuestra manera de vivir. Sin embargo, la impunidad de nuestro sistema está permitiendo que cada vez más los criminales actúen con más libertad, y lo que es peor, se incremente la saña, el salvajismo y la crueldad.

Es por ello que muchos condominios, colonias y otros sectores se han visto en la necesidad de asociarse para protegerse, logrando establecer medidas de seguridad cada vez más eficientes, sobre todo con la tecnología actual, que ha permitido mejores y adecuadas medidas disuasivas que evitan el enfrentamiento no aconsejable ni conveniente, dejándole esta tarea a las fuerzas de seguridad del país.

Y esto tiene mucho que ver con el valor de las propiedades, ya que al igual que una inundación, un agujero, un hundimiento o un deslizamiento de tierra, puede afectar poderosamente los sectores, sobre todo en el deseo de las personas de abandonar y emigrar a otro sitio más seguro.

Lo mismo pasa con la inseguridad. En aquellos sectores afectados por la violencia similar a un evento trágico, los dueños quieren huir y los precios de las propiedades tienden a bajar por la poca demanda, ya que nadie quiere vivir allí.

Sin embargo, en otros donde hay cooperación y solidaridad entre vecinos, las propiedades tienen mayor y demanda porque se vuelven apetecibles por familias que desean residir en estos asentamientos humanos que brindan seguridad y confianza y, por ende, con valores mejores.


Sumado a esto, la mayoría de bancos y financieras elaboran sus propias listas de zonas rojas, de las que no aceptan como garantía para préstamos hipotecarios.

Creo que es tiempo de que reaccionemos, que nos llenemos de coraje y sepamos defender nuestras vidas, la de nuestras esposas e hijos, y nuestros bienes.

En las escrituras hay un pasaje donde se justifica que no debemos quedarnos de brazos caídos y aceptar las agresiones y dice: “Y aconteció que rasgó su túnica y tomó un trozo y escribió en él: En memoria de nuestro Dios, nuestra religión y libertad y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos, y lo colocó en el extremo de un asta, y se ajustó su casco y su peto y sus escudos y se ciñó los lomos con su armadura y tomó el asta, en cuyo extremo se hallaba la túnica rasgada, y la llamó el estandarte de la libertad”.

Por lo tanto, es nuestro deber tener el suficiente coraje para enfrentar esta situación, no armándonos como guerreros, sino siendo solidarios, cooperadores y responsables pagando los aportes convenidos, no solamente en su totalidad, sino también a tiempo, oportunamente, para poder hacer frente a los gastos que implica la vigilancia y seguridad de un vecindario.

Y será justamente en los nuevos y mejores valores de sus propiedades donde creo que se reflejará el cambio esperado por la mayoría. ¿Dudas?