Opinión

catalejo

El complicado asunto del agua

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

DIVERSAS ORGANIZACIONES sociales se han preparado para llevar hoy a la capital una marcha iniciada hace días desde varios puntos del país con el fin de protestar por la situación nacional relacionada con el tema del agua. Es un error considerar este asunto como sólo justificado por uno de sus múltiples motivos y también criticarlo o alabarlo —da lo mismo— sin tomar en cuenta siquiera algunas de las variables. Por ejemplo, considerarlo el resultado de planes preparados por organizaciones sociales de tendencia ideológica izquierdista cuya meta, aunque no sea notoria ni aceptada, es provocar agitación social y enfrentamientos de impredecibles consecuencias. Antes de eso o de atacarlo por razones opuestas, debe haber un acuerdo acerca del papel de ese líquido vital en la realidad y el futuro sociales.

SEÑALAR LA IMPORTANCIA del agua para la vida humana, resulta una pérdida de tiempo porque es sabido. Igualmente es innecesario, por conocido, el derecho individual para el usufructo de los elementos naturales —tierra, agua, aire— así como el establecimiento de límites, de espacios, para determinar dónde termina el derecho del yo y comienza el del otro, o —dicho en otras palabras— el del individuo frente al de la comunidad. Desde hace décadas, la comunidad científica del mundo ha advertido de los peligros para la subsistencia de la especie humana si no se evita convertir a la libertad en libertinaje, en ambos sentidos. Los efectos de esto último ya son cada vez más evidentes y por ello no pueden ser descartados por motivos ideológicos.

LA SITUACIÓN ACTUAL DEL agua en todo el mundo, no solo en Guatemala, es el resultado de factores interrelacionados como el aumento desmesurado de la población, la industrialización sin límite, la negativa de tomar en cuenta como factor más importante la capacidad de la naturaleza para su sostenimiento a fin de no convertir al desarrollo en el preámbulo de la hecatombe cuyo resultado final sea el fin de la especie humana. Pero tampoco mantener el ritmo de irrespeto a esta naturaleza a causa de errores derivados de malas prácticas culturales, religiosas, ignorancia, terquedad, mala fe, abuso, etcétera. El mal uso de este elemento natural y de los factores contribuyentes a su escasez, mala calidad, y demás, debe ser detenido. Ya el tiempo es escaso.

EN GUATEMALA, URGE UNA investigación de los parámetros legales para señalar a las empresas o a los ciudadanos locales o extranjeros, los límites antes mencionados. El derecho individual del beneficio del agua de riego, por ejemplo, no puede ser considerado superior al de la sociedad —y por ello la misma humanidad en esta generación y las futuras— de su derecho a la vida. Dejar sin agua a un río, digamos, o cortar todos los árboles de un área con el resultado de eliminar manantiales, son criterios indefendibles, como inatacables son las reacciones para lograr la supresión de esas actividades, de legalidad cuestionable pero de incorrección imposible de justificar. Esto no tiene relación alguna con ideologías o posiciones políticas.

LA MARCHA DE HOY DEBE ser considerada un llamado de atención nacional al asunto del agua en todas sus manifestaciones. Si nada sale, habrá sido en balde el esfuerzo de la caminata y todo seguirá igual para convertirse en peor, fatal e indefectiblemente. La naturaleza envía mensajes muy claros, pero son imposibles de comprender para quienes no quieren escucharlos o no desean aceptarlos, aunque los entiendan. El punto principal es básico y vale la pena repetirlo. Ni el agua, ni el aire, ni la tierra pueden ser propiedad absoluta de nadie. El camino del beneficio derivado del uso sostenible del planeta Tierra, pasa por la comprensión del principal papel del desarrollo en cualquier campo: el mejoramiento de la vida de los seres humanos.