Opinión

Pluma invitada

El hijo de inmigrantes

Pedro Pablo Solares

Pedro Pablo Solares

Francisco llegó a un   EE. UU. sumido en una ácida batalla bipartidista, de cara a un proceso electoral tensado entre visiones liberales y conservadoras en temas como el aborto, el concepto de familia y las prestaciones sociales, entre otros, y el reciente desenmascaramiento público de discursos xenófobos y racistas sobre la inmigración, especialmente la proveniente de países como el nuestro. Fiel a su lenguaje de símbolos, utilizó todos los recursos a su alcance para que el peso de su mensaje no dependiera únicamente del tono de sus palabras. Su imagen dentro del minúsculo Fiat 500, con la ventana baja, sonriente y abierto a la multitud, muestra casi con picardía que está dispuesto a romper protocolos al grado de lo inverosímil, conduciéndose en esta ocasión con menos protección que aquellos encargados de custodiarlo.

Encaró a un país que ha permitido escalar en las encuestas a candidatos que afirman que el comportamiento antisocial y la incidencia del crimen están asociados a lo racial. Con el tacto de su dulce personalidad, el Papa prudentemente se apartó de prédicas regañonas características de quienes ostentan autoridad moral y se limitó a recordar a sus anfitriones lo que la historia les ha mostrado que pueden alcanzar cuando se apegan a los ideales sobre los que se fundó su Estado. Así como el Dios, cuya palabra pregona, se hizo hombre para venir al mundo, Francisco se expuso como un simple hijo de inmigrantes, potenciando a quienes, como él, crecen en el seno de familias expulsadas del lugar donde nacieron. Aún está por ver si su mensaje influirá en las políticas migratorias, que son de tanta importancia para nuestro país. Una seña positiva podría ser la renuncia del presidente del Congreso, el republicano y católico Boehner, quien abdicó un día después de que el Papa lo llevara a las lágrimas con su discurso al Congreso. Aunque el fondo de su renuncia es por asuntos internos de su partido, su decisión puede dar lugar a que finalmente se sometan a votación las reformas al sistema migratorio estadounidense, abriendo paso a la regularización de millones de personas. También habrá que observar la decisión del presidente Obama, a quien la comitiva guatemalteca le reiteró la solicitud del TPS, durante la reciente visita a Naciones Unidas.

Durante su alocución al Congreso, Francisco propuso “la regla de oro” como nuevo paradigma en el trato a los migrantes: “Hagan con los demás, como quieran que los demás hagan con ustedes”. Su mensaje implora compasión por personas que atraviesan un momento de máxima vulnerabilidad. Reivindica a la persona migrante, exhortando a las naciones a responder a las necesidades de estas familias que, según nos recordó, sostienen a las sociedades en su propia manera discreta y silenciosa. Es en esta óptica que el mensaje papal no se limita al pueblo estadounidense, sino que ha de retumbar al sur de la frontera en sociedades como la nuestra, que aún miran a sus propios migrantes como lejanos, que colocan sus necesidades en una menor categoría, y cuya agenda queda excluida constantemente del debate nacional.

*Analista en Migraciones

@pepsol