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13/01/12 - 00:00 Cultura

Yasmín Hage convierte proyectos en arte

“Más que imágenes, yo ejecuto proyectos”, contesta Yasmín Hage, al definir su trabajo. Ella actualmente expone La pequeña historia en (Ex) Céntrico, zona 1.

POR JULIETA SANDOVAL

Aldea Modelo, pequeña historia, 1984, es quizá el ejemplo más claro de su actividad creativa, ya que combina fotografía y video. Hage cuenta que esta surgió tras una experiencia in situ, en la aldea El Sitio, Petén, cuando fue invitada, junto a otros artistas, a esa región para relacionarse con el contexto. El resultado fue una maqueta en la que documentó lo que allí sucedió durante el conflicto armado interno.

El aporte artístico de esta creadora no se quedó solo en una maqueta. Debido al contacto que tuvo con quienes vivieron la guerra, escuchó una buena cantidad de testimonios, como el de aquellos que huyeron del conflicto atravesando el río Usumacinta, pero que regresaban con frecuencia para mantener sus cultivos.

“A partir de eso empecé a investigar sobre poblados como este y otros que surgieron como consecuencia de la guerra; no solo aquí, sino en otras partes del mundo”, explica Hage. Todo ese cúmulo de sentimientos forman parte de La pequeña historia. Madera-Bala, 2005, que es otro proyecto que muestra la vida en Guatemala. La obra plasma los balazos que recibieron dos árboles con armas usadas por la guerrilla y el Ejército, respectivamente. Después, estos pasan por un proceso de industrialización para convertirlos en planchas.

Una intersección

Para esta artista de 35 años, todo en la vida es una combinación de cosas. Esta es otra de las características que trata de plasmar en sus propuestas. El resultado de algo entre lo actual y lo futuro, entre la realidad y el sueño. “A esa intersección es a la que le he dado mucha importancia”, agrega.

Hage considera que las imágenes son espejos de la realidad, que al verlas pueden cambiar percepciones. Un ejemplo de esta forma de expresarse se observa en Cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo, 2001, nueve dibujos, autorretratos, que muestran sentimientos humanos, para los cuales empleó la técnica de carbón con revestimiento de resina.

Pintar es su instinto

Hage siguió lo que siempre le gustó: pintar. “Desde pequeña hacía dibujos en todas partes, en cualquier papel y en las paredes”, recuerda. Eso la llevó a tomar cursos de arte durante su niñez. A los 17 años buscó aprender en forma más profesional y recibió cursos con Dani Schafer. Estudió dibujo en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston. Al concluir, en el 2001, regresó a Guatemala.

No cabe duda de que Hage es una de esas artistas a las que el dolor humano arrebata, y su hipersensibilidad le permite plasmarlo con facilidad en sus obras.


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