
Hay muchas variedades de diccionarios que le proporcionan al hablante la información necesaria para distintos usos, desde las acepciones de un término hasta las ideas afines que van de la idea general a la palabra.
El DRAE 2001 (el último de la RAE) registra las palabras aceptadas del léxico general español, hablado mayoritariamente en España e Hispanoamérica y como segundo idioma en países de distintas lenguas e incluye alguno que otro localismo que ha trascendido fronteras, “carro” por automóvil, por ejemplo. Por cierto ese diccionario tiene apodo: “amansaburros” o “tumbaburros”. ¿La razón? Aclara los errores, a veces involuntarios y a veces necios que cometen algunas personas. También en español el DPD (Diccionario panhispánico de dudas) y el de dudas de don Manuel Seco ayudan, como su nombre lo indica, a salir de éstas. Los diccionarios de sinónimos registran las palabras con el mismo significado, o casi: “albo, blanco, níveo, lechoso, claro, blanquecino, cano” y sus antónimos: “oscuro, negro” (del grupo editorial Océano). Los de uso incluyen el significado y el uso correcto de las palabras, entre las que figuran algunas no aceptadas por el DRAE, v.gr. el de doña María Moliner. Los hay también históricos, etimológicos, enciclopédicos, ideológicos (de la idea a la palabra), de especialidades, que registran únicamente los vocablos relacionados con una determinada materia, por ejemplo filosofía, leyes, etc. Los de equivalencias dan la equivalencia en otro idioma, o idiomas y los de localismos incluyen las palabras propias de una región o país, desconocidas en otros.
Ahora la Asociación de Academias de la Lengua Española ha publicado el Diccionario de Americanismos que registra los localismos hablados en todo el mundo hispano y en los EE. UU., donde la cantidad de inmigrantes hace del español un idioma muy importante. Tiene este diccionario la peculiaridad de que no amansa burros, pues si por ejemplo un salvadoreño me alega que “patojo” es “cojo” y yo le digo que no, que “patojo” es un chico, o muchacho, ninguno de los dos está equivocado. El término significa en una región una cosa y en la otra, otra. En España, “patoja” es la persona que por nacimiento o accidente camina como pato, es decir, anda meneando el cuerpo de un lado a otro, sin el equilibrio armónico de la gente que asienta adecuadamente ambos pies. En estos días, por cierto, soy toda una patoja, aunque no me haya hecho ninguna cirugía plástica ni liposucción. Simplemente metí la pata, literalmente dada mi edad, me quebré la uña del dedo gordo y ando patoja (coja).
Hablando en serio de nuevo, el Diccionario de Americanismos es de gran ayuda para comprender qué nos quiere decir un argentino, un mexicano, un cubano, etc., cuando usa sus localismos y es muy entretenido leerlo por el simple gusto de conocer esos términos y sus diferentes significados.
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