21/07/10 - 00:50 Cultura

La doncella

Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos; quizás por esa razón se me ocurrió presentar a dos amigas que nada tienen en común y las invité a cenar a mi casa hará un par de días.

POR MARíA DEL ROSARIO MOLINA

Mi amiga Berta, aunque descendiente de holandeses, es chapina de pura cepa, amiga de localismos y no conocedora de las diversas acepciones que ciertos términos tienen en España y aquí son desconocidas. Carmencita, por su parte, es madrileña y poseedora de un vocabulario muy abundante, españolísimo. Pues bien, todo iba saliendo a pedir de boca, a pesar de que Berta alababa el “lomito con mantequilla de chile”, y Carmencita, el “solomillo con manteca de pimientos”, cuando a ésta se le ocurrió decirme que por favor le pidiera a “la doncella” un poco más de vino. Berta se le quedó viendo fijamente a mi empleada, que ya libera sus buenas canas y está bastante rolliza, e impertinente como es, le sugirió a Carmencita que debería visitar al oculista, pues la “mucama” en cuestión no era ninguna “doncella”, sino una mujer de mediana edad, casada, que no se merecía tal apelativo.

Desde luego se armó Troya. Berta no sabía que en España “doncella” es una empleada de casa. Conocía únicamente la 1ª. acepción: Doncella es una mujer que no ha conocido varón, como “La doncella de Orleans” —exclamó indignada— refiriéndose a Juana de Arco, la heroína francesa, y se enredó en consideraciones sobre Voltaire y su falta de respeto cuando escribió en versos “La Pucelle de Orleans” (La Doncella de Orleans) en que se burla de que el triunfo de una nación dependiera de una joven virgen (que no de una doméstica). Carmencita lo defendía. Exaltó“Cándido” y añadió que cuando el famoso enciclopedista escribió sobre la doncella guerrera faltaban siglos para que fuera llevada a los altares (fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920). Berta tampoco sabía que hay “doncellas” muy sabrosas, que se comen, pues así se les dice a los budiones, unos peces de carne muy apreciada que abundan en las costas de España. En cuanto a Carmencita, desconocía el término “mucama”, de origen brasileño y bastante usado en Hispanoamérica, que equivale a “doncella” en su 2ª. acepción, tan común en su país, es decir, a empleada doméstica. Vuelta relativamente la calma, como las tres chapurreamos el francés, nos reímos de buena de gana con la ocurrencia de Berta: ¿Qué tal —nos dijo— si Voltaire hubiera escrito la obra en español y un traductor la hubiera vertido al francés como “la femme de chambre, la domestique o la bonne de Orleans? Cosas así suceden. Leí que tradujeron “The arms that Venus lacks” como “las armas que no tiene Venus” abajo de una fotografía de la de Milo.

Como ya lo dije, el sentido común es el menos común de los sentidos. ¿Por qué para cambiar de tema tenía yo que mencionar al pulpo Paul? Berta opinaba que había que comérselo, y Carmencita, que se le deberían hacer estatuas en los parques de España. Total, un desastre.


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