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07/02/12 - 00:00 Cultura

Hasta siempre, maestro

“Espero la muerte tranquilamente porque ya viví lo suficiente”, dijo en una entrevista para Revista D, en mayo del 2011, el pintor, restaurador, tallador y dorador José Luis Álvarez, “el último maestro de la luz”, quien falleció el domingo recién pasado en su casa, en Antigua Guatemala.

POR LUCÍA HERRERA

“Ya tenía unos tres o cuatro meses de padecer quebrantos de salud, hasta que quedó en cama por completo. Su legado es algo indescriptible, porque dejó mucho para el país, en particular para la ciudad colonial, con la que tuvo amor a primera vista”, dijo Mario Álvarez, uno de los hijos del maestro.

Una de sus pinturas más conocidas es Corte de café, que se encuentra en la parte posterior del billete de Q50.

El paisajista

Álvarez nació el 5 de junio de 1917 en la capital, pero soñaba con Antigua Guatemala desde mucho tiempo antes de conocerla. Se trasladó a vivir allí en 1976.

Álvarez es una memoria visual de Antigua Guatemala, porque fue uno de los primeros artistas que salió a la calles de esa ciudad a pintar. Primero lo hizo en una bicicleta, y luego en moto. Usaba el asiento como banco y colocaba su lienzo en un atril tapado con una sombrilla. Siempre lo hacía a la misma hora, para captar la misma luz con la que había comenzado su obra. “Pinté hasta el rinconcito más recóndito de Antigua”, afirmó en una entrevista para Prensa Libre.

El pintor empezó en el arte a los 14 años, cuando trabajó en un taller de pintura comercial, y un año después ingresó en la Escuela de Bellas Artes. Tuvo a Humberto Garavito, Enrique Acuña y Tejeda Fonseca como maestros. Fue restaurador avalado por la Unesco, tallador e imaginero, y trabajó para varias iglesias y coleccionistas privados.

Su obra fue reconocida por su dedicación al paisajismo y al ambiente natural guatemalteco. “En sus cuadros traslada su interés por la armonía cromática, la definición de temas, y la objetividad del lenguaje pictórico. Hace caso omiso de los cambios constantes que se dieron en la plástica durante el siglo XX, y permaneció de manera reposada en el mundo sereno del paisaje”, reseña el libro Joyas artísticas del Banco de Guatemala.

El curador de arte Guillermo Monsanto expresó: “Se pierde a un gran hombre y a un gran artista. Tenía una forma muy particular de captar la luz. Su obra siempre fue bien recibida y forma parte de colecciones públicas y privadas en Guatemala y en el extranjero”.

Monsanto agregó que Álvarez será también recordado por su amabilidad, cualidad con la que se ganaba el cariño de las personas.

El cuerpo del maestro fue inhumado en el cementerio San Lázaro, en Antigua Guatemala.


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