Sucesos
El precio de la libertad de expresión
Impulsar un periodismo independiente ha tenido su costo en momentos de dolor
para Prensa Libre.
 Asesinatos, secuestros, amenazas, censura y represión
han acompañado a Prensa Libre durante sus 55 años de
existencia. Hacer un periodismo independiente ha tenido períodos
de martirio y dolor.
El momento más difícil para este diario fue el asesinato de su
subdirector, Isidoro Zarco, ocurrido el 28 de enero de 1970.
Eran las 13 horas de ese día
cuando Zarco salió de las instalaciones
de Prensa Libre para almorzar en su casa. Al pasar frente al estadio Mateo
Flores, balas asesinas segaron su vida. El hecho provocó el
repudio generalizado de la sociedad guatemalteca, que se solidarizó con
los periodistas.
Su vida y muerte fueron publicadas por la Oficina de Derechos Humanos
del Arzobispado en un libro titulado: Y la verdad os hará libres, editado en la conmemoración
del séptimo aniversario del asesinato del obispo Juan Gerardi Conedera.
En el documento se dan a conocer la vida y obra de diez periodistas,
víctimas
de la guerra sucia, quienes murieron o salieron al exilio.
En el prólogo de la obra se recogieron estas palabras de Mario Antonio
Sandoval, escritas en 1970 en Prensa Libre, con motivo del asesinato de Zarco: “...Si
se quería darte muerte, se te ha inmortalizado; si se quería silenciar
tu palabra, tu pensamiento admonitorio cobrará más fuerza y será más
convincente, porque cuenta ahora con el aval de tu sangre y de tu martirio...”.
Diez años después de este hecho criminal, el 21 de junio de 1980,
el dirigente sindical de Prensa Libre, Manuel René Polanco Salguero, fue
secuestrado y desaparecido por las fuerzas de seguridad, en un hecho en el que
murieron, además, 26 dirigentes de la Central Nacional de Trabajadores.
Los datos históricos dan cuenta
de que, en el país, más
de 40 periodistas fueron asesinados durante el enfrentamiento bélico.
A ese número se agregaron quienes han muerto en el cumplimiento
de su deber, como ocurrió con el reportero gráfico
de este diario Roberto Martínez, quien fue ultimado el 27
de abril de 2000.
Represión marcada
La historia política del país registra en sus páginas
los secuestros de dos accionistas de Prensa Libre: Pedro Julio García
y Álvaro Contreras Vélez, quienes fueron plagiados
por agrupaciones guerrilleras que exigían publicaciones de
sus manifiestos en distintas fechas.
En el primer hecho, la víctima fue Contreras Vélez,
secuestrado por un comando insurgente el 5 de marzo de 1982. Su retención
ilegal duró cinco meses, con lo cual se convirtió en
uno de los secuestros más prolongados de la historia del país.
Después de su cautiverio, Contreras Vélez escribió el
libro Ruidos del silencio, que alcanzó cinco ediciones.
Luego, el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) privó de
su libertad, durante 15 días, a García, quien fue liberado
tras la publicación de manifiestos políticos de esa
agrupación clandestina.
“Fueron momentos difíciles los que viví, pero gracias
a Dios puedo volver con mi familia”, expresó García
poco después de ser liberado.
El periodismo ha sido considerada una de las profesiones
más
peligrosas, y los trabajadores de Prensa Libre dan testimonio de
esa realidad.
Los hechos históricos de este diario reportan la lista de
informadores que se vieron obligados a exiliarse por causa de amenazas.
Pocos periódicos de América
Latina han sido víctimas
de una represión tan marcada como la que ha
afrontado Prensa Libre.
La triste lista de atentados contra este diario se
inició el
13 de marzo de 1962, cuando desconocidos lanzaron una bomba a la
vivienda de Zarco y causaron daños materiales de consideración.
En 1965, otro atentado terrorista fue dirigido
contra la residencia de Contreras Vélez, a quien, un año después, el gobierno militar de
turno lo conminó a suspender la publicación de la columna Cacto
o en caso contrario debía atenerse a las consecuencias.
Contra la censura
El 18 de junio de 1966 estallaron dos granadas en las instalaciones
del periódico,
como presagio de los peores momentos que estaban por venir contra Prensa Libre.
El mismo año, el 29 de noviembre, otro atentado ocurrió contra
la residencia de García, sin que se produjeran daños personales,
pero sí una cuantiosa destrucción material.
El 8 de febrero de 1968, una potente
bomba destruyó la puerta de la
Redacción del diario. No hubo víctimas,
pero —al igual
que en oportunidades anteriores— no se logró identificar
a los responsables, pero tampoco acallar la voz
del medio.
En 1993, el entonces presidente Jorge
Serrano Elías dio un
golpe de Estado e intentó imponer una férrea censura
a la Prensa, la cual fue rechazada por la mayoría de medios,
entre ellos este diario.
En octubre de 2003, un grupo de ex miembros de las Patrullas de
Autodefensa Civil secuestró a cuatro reporteros de Prensa Libre, quienes
habían viajado a Huehuetenango a una cobertura periodística.
Durante tres días, los periodistas estuvieron en poder de
los ex patrulleros sin que el gobierno de Alfonso Portillo hiciera
algo por liberarlos.
Amenazas
En la historia reciente del diario, las amenazas continuaron, debido
a los reportajes de investigación publicados en sus páginas.
Al menos dos personas con funciones ejecutivas en la Redacción
de Prensa Libre han sido amenazadas de muerte durante los últimos
cinco años, especialmente durante el gobierno de Alfonso Portillo.
A pesar de ello, el trabajo independiente y los temas de
profundidad han salido a luz pública, tales como la alteración
a la Ley de Bebidas Alcohólicas, la triangulación de
fondos estatales a agrupaciones políticas y la inscripción
ilegal de millones de metros de tierra a favor de narcotraficantes
en la Reserva de la Biosfera Maya, entre otros hechos.
Y, a pesar de todos los hechos registrados contra Prensa
Libre, en este matutino persiste la voluntad de continuar
con la práctica
de un periodismo independiente, honrado y digno.
Su última cobertura
La cobertura informativa entraña riesgos en
los cuales se puede dejar hasta la vida. Ese fue el destino de Roberto
Martínez Castañeda, quien como fotógrafo cubría
los disturbios populares por el alza al pasaje del transporte urbano,
el 27 de abril de 2000.

Roberto Martínez murió en el cumplimiento
de su deber.
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El reportero gráfico de Prensa Libre intentaba captar con
su lente los desórdenes callejeros en la 7a. avenida y 20
calle, zona 1, cuando desde lo alto del parqueo de Autopartes Kars,
dos guardias particulares dispararon repetidas veces con una escopeta
calibre 12 contra la multitud. Martínez Castañeda cayó herido por una de las balas y aunque
los socorristas lo llevaron al Hospital General San Juan de Dios, falleció a
su ingreso. Otras dos personas murieron por los impactos disparados por los guardias
particulares.
Nuestro compañero tenía 19 años de ser fotógrafo
periodístico, cinco de los cuales había laborado en Prensa Libre.
Al momento de fallecer dejó en la orfandad a sus cinco hijos, en ese entonces
menores de edad.
Sufrieron secuestro
El 26 de octubre de 2003, Prensa Libre volvió a
vivir momentos de angustia cuando cuatro periodistas de este diario
fueron secuestrados por ex integrantes de las Patrullas de Autodefensa
Civil (PAC).

Periodistas son liberados por ex patrulleros civiles. |
Las víctimas fueron Fredy López, Alberto Ramírez
Espada, Mario Linares y Émerson Díaz.
López y Díaz habían acudido a La Libertad, Huehuetenango,
a cubrir un mitin del candidato a la presidencia por parte del Frente
Republicano Guatemalteco, Efraín Ríos Montt. Los ex paramilitares exigían una indemnización ofrecida por el
gobierno del Frente Republicano Guatemalteco (FRG), sin que hasta esa fecha les
cumplieran tal promesa. Los inconformes alegaban que, si sus peticiones no eran
escuchadas, los periodistas morirían quemados o linchados.
Inacción gubernamental
Los ex patrulleros exigían, además, la presencia del gobernador
departamental, Carlos Morales, pero éste se negó a tal petición.
Debido a la inasistencia y a la poca atención que recibieron, la situación
se agravó. El procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales, cuestionó en
ese entonces que el Estado de Guatemala haya reflejado una inoperancia total
en defensa de los reporteros.
Finalmente, los periodistas fueron liberados luego
de tres días de cautiverio,
durante los cuales fueron víctima de amenazas, maltratos y poca alimentación. La liberación se logró gracias
al accionar de otros periodistas, de la Misión de Naciones
Unidas para Guatemala y de agrupaciones de derechos humanos. |