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Tecnología

De la mano con la tecnología
En los 55 años de hacer periodismo, Prensa Libre ha introducido innovaciones que han permitido una mayor calidad informativa y visual del diario.

El corazón tecnológico de un diario es la rotativa, ese gigante mecánico que hace que todo el esfuerzo noticioso pueda materializarse en páginas y llegar de la mejor forma al lector.

Pero esa ha sido una historia de constantes cambios tecnológicos, más pronunciados en la última década con la revolución informática, pero que comenzó de manera modesta.

La primera rotativa de Prensa Libre fue “La Huracán”, denominada así irónicamente porque sólo imprimía mil 500 ejemplares por hora. Le siguió la incansable Goss, que fue adquirida en 1963 y modificada en 1978 para hacerla más efectiva. Su capacidad de impresión era de 30 mil ejemplares, de 60 páginas, por hora.

A través de los linotipos, las noticias escritas por los redactores llegaban a manterializarse en las páginas.

En 1990 llegó la Harris, la cual garantizaba que, pasara lo que pasara, el diario no iba a dejar de salir.

“Sólo recuerdo dos ocasiones en las que el periódico no pudo llegar a la calle, pero actualmente es muy difícil que eso suceda, ya que si falla una rotativa, tenemos la otra”, afirma Rodolfo Lam, jefe de impresión y quien lleva 25 años en Prensa Libre.

Las máquinas se pararon la primera vez por una falla eléctrica, y la segunda, cuando se averió un motor que sólo se podía adquirir en el extranjero.

Del linotipo al offset

Prensa Libre escribió la historia noticiosa gracias a los linotipos, desde su nacimiento en 1951 hasta 1980. Los textos se creaban con una máquina que utilizaba plomo derretido. Los tipos se pasaban a una caja que simulaba la página, la cual era sobre expuesta en un cartón, que a su vez era trasladado a un rodillo relleno de plomo que se insertaba en la rotativa para imprimir las páginas.

En la década de 1980, con la rotativa Goss modificada se pasó al sistema offset, que permitía hacerles una especie de foto a las páginas para negativarlas y luego pasarlas a las placas de impresión.

En esos años, en la redacción se empleaba el sistema Atex, que implicaba tener que medir los espacios de las notas con un tipómetro y después levantar el texto para adecuarlos a aquéllos.

En 1998, ya con el sistema Macintosh, fue adquirido el programa QuarkXpress, que permitía al redactor ver el espacio de su nota en la pantalla de la computadora y enviar la página directamente a negativar.

Tecnología de punta

A partir de 2004, Prensa Libre cambió al sistema GN3, que es un programa informático que permite la producción periodística en red desde el diseño de las páginas, la redacción de las notas, su corrección, hasta la etapa de preprensa y su impresión.

Todos estos cambios no se dieron de un día para otro. Han sido producto de períodos de transición y, sobre todo, de una gran inversión en capacitación del personal para adaptarse a los nuevos tiempos.

El cambio tecnológico ha tocado también de cerca a los reporteros, que han pasado de escribir a máquina a redactar directamente en sus computadoras, sobre la estructura de las páginas, tal cual van a ser impresas.

Para ello, desde hace dos años cada reportero trabaja con una computadora portátil, lo cual facilita su movilización y comunicación, porque éstas están conectadas con Internet.

La supercarretera de la comunicación también ha permitido que los corresponsales departamentales envíen textos y fotos por medio de correo electrónico y que los servicios internacionales se reciban directamente desde la red.

Asimismo, el periódico nació, como todos en su época, en blanco y negro. Sin embargo, con el paso del tiempo y el avance tecnológico, el color ha abarcado cada vez más espacio. A partir de 1998, el diario presentó todas sus páginas a color, incluidos los anuncios publicitarios.

Los formatos

Prensa Libre también tuvo que adaptarse a los nuevos formatos que iban surgiendo en todo el mundo. En su primera época, el diario se imprimía en un formato estándar, o sea que tenía el doble de largo que en la actualidad. Después pasó a un formato semitabloide, reduciendo algo la altura del periódico hasta llegar al actual formato tabloide.

Los cambios buscaron adaptarse a las necesidades del lector, para quien un formato tabloide es más fácil de manejar, pues no es necesario doblar el diario para poder leerlo con comodidad. Este tamaño también permite ahorrar costos en la producción del diario.

La mayoría de los periódicos latinoamericanos optaron por este formato, a diferencia de varios europeos y norteamericanos, que mantienen el tamaño estándar, como The New York Times, que se distribuye junto con la edición dominical de Prensa Libre.

El cambio de formato fue acompañado también de la reestructuración de las secciones del periódico para especializar y jerarquizar las informaciones, según el espacio y su ubicación. Las decisiones han sido acompañadas de estudios sobre las preferencias y capacidad de procesamiento de la información de los lectores.

Cambio de diseño

El rediseño más reciente y global que ha tenido el diario se dio en 1997, con el objetivo de hacer la información más amena.

La renovación del aspecto visual fue acompañada con el lanzamiento de nuevas secciones. En 2001 se hizo un “refrescamiento” del diseño original, que se mantiene en la actualidad.

A la par de los textos y las fotografías de más calidad, Prensa Libre también ha innovado la gráfica informativa o infográfica, la cual permite desarrollar historias noticiosas por medio de gráficas creadas por computadora.

 

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