5ta. Entrega.

Remesas de inmigrantes constituyen motor de la economía nacional.

Despues del café, constituyen la segunda entrada de divisas al país y representan el resultado de miles de horas de trabajo, sacrificios y limitaciones.

Por Luisa F. Rodríguez. Fotografía: Jorge Castillo, enviados especiales.

Juan Diego López logra reunir los US$300 que envía mensualmente a Tacaná, San Marcos, a base de múltiples privaciones. Desde hace 8 años vive hacinado con tres familias en Delaware; no se compra zapatos, ropa o artículos de lujo, porque ahorra casi todo su salario para su familia.

Para este kanjobal, la vida en el campo continúa en Florida tal y como si estuviera en Guatemala. La diferencia radica en el uso de la tecnología que antes no tenía a su alcance.

El es uno de los miles de inmigrantes que, en conjunto, envían cada año al país más de US$400 millones. Sin saberlo, porque muchos de ellos son analfabetas, han escalado hasta el segundo lugar de ingreso de divisas del país, sólo después de la exportación del café y mucho más que el turismo, los textiles y el azúcar. "Desde que vine hace dos años no me he comprado ni un par de zapatos nuevos", comenta López, quien trabaja en una procesadora de pollo.

Para él, como para muchos inmigrantes, su prioridad son sus seres queridos y los beneficios que ellos puedan obtener de su trabajo. "Al principio, no hay amigos en EE.UU. Los familiares te ayudan los primeros meses, pero después empieza la frustración", dice Josué Gómez, al recordar que sufrió múltiples humillaciones para conseguir un empleo estable. Una vez establecidos y con trabajo, la situación de los inmigrantes mejora, aunque los sacrificios aumenten.

La vida de David Mazariegos, quien trabaja en una fábrica de congelados en Chicago, es un ejemplo. Salió en 1997 de Retalhuleu, desesperado por la crisis económica. "Mi esposa padece del corazón y necesita una operación muy costosa. Con el sueldo de maestro, que era de mil veinte quetzales al mes, era imposible tener ahorros", cuenta Mazariegos.

Ahora gana de US$300 a US$600 semanales, según las horas extras que realice o la cantidad de labores en las que pueda emplearse. Su jornada inicia a las 4 de la mañana y termina a medianoche. "Aquí es una vida castigada, pero los sueldos son favorables para enviar el dinero a nuestras familias", añade.

El hacinamiento los persigue. Los migrantes guatemaltecos se organizan para vivir juntos, lo cual les permite enviar más dinero a Guatemala, a costa de perder su privacidad.

Así como David, son miles los guatemaltecos que se esfuerzan para que sus esposas, hijos, padres o abuelos reciban cada mes su "giro". La suma de la mayoría de estas remesas ha sido registrada por el Banco de Guatemala en su informe de ingresos y egresos de divisas del 1 de enero al 22 de junio de 2000, en la que se confirma que por concepto de remesas familiares el país recibió US$340 millones 525 mil.

Durante el mismo lapso, la banca central reporta que por exportaciones de café el país percibió US$422 millones 531 mil, por lo que es el principal generador de divisas. En segundo lugar están las remesas familiares, a las que les siguen los ingresos por turismo, exportaciones de vestuario, textiles y azúcar. De seguir en aumento los dólares que vienen en las remesas familiares, Guatemala habrá obtenido por primera vez más de US$500 millones a fines de este año, superando lo registrado en 1999, que fue de US$465 millones 520 mil.

Múltiples sacrificios

El envío de esa cantidad de dólares implica múltiples esfuerzos, como el caso de Eugenia de Ramírez, quien salió con visa de turista en 1994 para reunirse con su esposo, a quien no veía desde 1989. Establecidos en Los Angeles, ambos envían dinero quincenalmente a sus cinco hijos que viven con sus abuelos en Escuintla.

El menor de sus hijos no conoce a su padre, porque nació cuando él ya estaba en los EE.UU. "Ayer vimos el vídeo de la primera comunión de mis niños pequeños. No pude estar con ellos, y esa tristeza no me dejó dormir", dice Eugenia, mientras seca las lágrimas de sus ojos.

Su esposo, Mauricio Ramírez, indica que gracias al trabajo que los dos realizan han podido construir la casa, equiparla y pagarles los estudios en un colegio privado. "Sabemos que nuestros hijos van a tener mejores oportunidades y que no tendrán que emigrar para superarse", cuenta Ramírez.

Vivir para trabajar

"En Guatemala se vive para trabajar, mientras que en Estados Unidos se trabaja para vivir", es una frase común entre los connacionales, quienes dicen que se quejan del alto costo del alquiler de vivienda, los seguros y el transporte. "Es cierto que en este país se gana mejor, pero hay que tomar en cuenta que todos los servicios para vivir son pagados en dólares", señala Pablo Lau, quien comparte una vivienda con sus tíos y primos en un suburbio de Chicago.

Como él, muchos paisanos buscan ahorrar al máximo, a efecto de que la ayuda para sus familiares sea mayor. En algunas ciudades, como Indiantown, West Palm Beach, Delaware y Los Angeles, entre otras, es común ver condominios o pequeñas colonias de guatemaltecos, quienes se turnan las habitaciones para descansar. Mientras unos trabajan de noche, otros duermen, y a la inversa.

Buenos trabajadores

El esfuerzo de los guatemaltecos se ha visto recompensado, pues han adquirido fama de buenos trabajadores. Barry Smith, gerente del vivero Fernlea, ubicado en Indiantown, Florida, comenta estar satisfecho con el trabajo de los guatemaltecos, quienes representan el 95 por ciento de los empleados de esta empresa.

"Tienen mucho deseo de aprender y superarse. Si necesitamos hacer horas extras, siempre están dispuestos a trabajarlas", añade Smith, al reconocer que la preocupación por enviar el dinero los obliga a trabajar hasta el doble. También Roger Presgrove, empresario de Los Angeles, señala que la experiencia laboral que ha tenido con los connacionales ha sido positiva, por su honradez y perseverancia.

¿Cuánto envían?

A pesar de las dificultades que afrontan, los resultados pueden ser alentadores. Además de fomentar la solidaridad y obtener mejores oportunidades de vida, el envío de remesas constituye una fuente de ingresos favorable para cualquier comunidad. Las cifras son variadas. En el informe "Uso productivo de las remesas en Centroamérica", elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, se afirma que el aporte es de más de US$600 millones al año.

Maribel Carrera, quien participó en la elaboración de dicho informe, explica que además de la ayuda que los inmigrantes dan a sus hogares, sus esfuerzos son generadores de inversión y desarrollo en las comunidades. "Las transformaciones económicas han propiciado el ahorro e inversión en actividades que generan empleo e ingresos", comenta Carrera.

María del Carmen Aceña, presidenta del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, añade que la diferencia de oportunidades en EE.UU. es que hay mucha inversión de capital, mientras que en Guatemala cada día es menos. "La falta de producción e inversión hace que la población gane más en el extranjero", concluye Aceña.

Los migrantes generan desarrollo

Aparte de contribuir al sostenimiento de sus hogares, las remesas generan transformaciones en la comunidad:

- Impulsan iniciativas económicas como el ahorro, negocios familiares y fuentes de trabajo.

- Fomentan la pequeña empresa, principalmente en el área rural, donde también coadyuvan a mejorar la infraestructura y la calidad de los servicios.

- En su calidad de empresarios emergentes, los migrantes guatemaltecos le han dado un fuerte impulso a la importación de productos norteamericanos a Guatemala, y a la inversa, llevan artículos nacionales a territorio estadounidense, con lo que alimentan el comercio bilateral. Su creatividad los ha llevado a abrir en EE.UU. empresas de transporte, restaurantes, panaderías y diversos tipos de negocios.

Eduardo Sánchez: "Todo por la familia"

Eduardo Sánchez, en Los Angeles.

"Mi sueño es trabajar aquí hasta que mi último hijo se gradúe", dice Eduardo Sánchez Castillo, quien a sus 50 años trabaja más de 14 horas diarias para enviarle dinero a sus siete descendientes.

Su familia, quien vive en la aldea El Tule, Asunción Mita, Jutiapa, recibe quincenalmente el dinero para su alimentación, transporte, educación y para construir unas bodegas.

Para que ellos gocen de ese dinero, "Ever", como cariñosamente le llaman sus patronos estadounidenses, se levanta a las 5 de la mañana a efectuar la limpieza de un restaurante.

Después, se traslada a otro lugar, donde arregla el jardín y por la tarde hace el aseo de la casa de los propietarios de la cadena de restaurantes Wolfgang Puck Café, en North Hollywood, California. Los sábados y domingos trabaja en carpintería y así, según comenta, "se le han pasado 10 años volando".

"La vida aquí es muy sacrificada, pero yo estoy dispuesto a todo por mi familia", dice Eduardo. Explica que los tiempos más difíciles son al principio, cuando no se conoce el lugar, el inglés y no se tiene trabajo. "Son jornadas laborales muy extensas, pero la felicidad de mis hijos y mi esposa valen la pena", dice.


1ra entrega | 2da entrega | 3ra entrega | 4ta entrega | 5ta entrega | 6ta entrega
7ma entrega | 8va entrega | 9na entrega | 10ma entrega | 11va entrega | 12va entrega