6ta. Entrega.

Economía guatemalteca recibe inyección de dólares.

Dinero enviado de Estados Unidos por "chapines" mejora comunidades aquí; remesas familiares se invierten en construcción, transporte y negocios; más de US $400 millones por año reciben familias guatemaltecas; las nuevas generaciones sólo piensan en partir hacia EE.UU.

Por Luisa F. Rodríguez. Fotografía: Jorge Castillo, enviados especiales.

Esta casa en Soloma, Huehuetenango, se ha construido con aporte de remesas de canjobales que viven en Estados Unidos.

El envío de remesas familiares ha propiciado el auge de la construcción, telecomunicaciones y transporte en el área rural, cambios que permiten a muchas familias mejorar su calidad de vida. El contraste entre las nuevas construcciones de concreto y las de adobe demuestra la utilidad del dinero que llega desde los Estados Unidos a las aldeas guatemaltecas.

"Aquí los que no tenemos familiares en los Estados Unidos seguimos en las mismas. Debemos hacer el esfuerzo para salir de pobres", dice Gregorio Véliz, al comparar su vivienda con la del resto de vecinos en la aldea Chispan, Zacapa. Alrededor de la suya se han construido nuevas viviendas en terrenos mucho más extensos, frente a las cuales lucen estacionados vehículos de modelos recientes.

Efraín Portillo, quien tiene 60 años de residir en esa aldea, ubicada a 138 kilómetros de la capital, relata que en los últimos cinco años las construcciones han aumentado, así como las comodidades de algunos vecinos. Los más de US$400 millones de dólares que ingresan cada año por concepto de remesas familiares se ven en la forma como se han transformado diversas poblaciones del área rural.

En Santa Eulalia, por ejemplo, los inmigrantes construyen viviendas que a veces ni siquiera van a habitar.

Además de esos cambios, también se observa el incremento de las empresas de correo, telefonía internacional y compañías de cargo. En la actualidad, es común observar largas filas de personas esperando para llamar de larga distancia por medio de los teléfonos comunitarios.

Tanto en la región oriental como en la occidental ocurre lo mismo. Tal el caso de Santa Eulalia, Huehuetenango, donde es difícil caminar una cuadra sin encontrar letreros donde se lee: "se alquila teléfono". Un vistazo indiscreto al interior de King Express, permite descubrir el destino de algunos sobres: Con letra gruesa y mal escrita se lee: A Los Angeles, Arizona, Kansas, Nebraska y Siux City.

Esta empresa recibe a diario entre 45 y 60 sobres, por cada uno de los cuales cobra aproximadamente Q17, señala Catarina Francisco, encargada de dicha oficina. Una cantidad similar recibe otra empresa y el correo nacional. El servicio telefónico mantiene unidos a los pobladores de Santa Eulalia con sus familiares, lo cual se ve a diario. Los ocho lugares donde se alquila teléfono se mantienen abarrotados, y más de la mitad de llamadas son hacia ciudades estadounidenses.

Salvador Calderón construye su casa en Pampur, con el dinero que le envía su hijo de EE.UU.

El costo por minuto es de Q6. "La mayoría prefiere pagar las llamadas aquí porque salen más baratas", señala María Mateo, encargada de Intercapital. En Intercapital se efectúan entre 15 y 20 llamadas diarias hacia EE.UU., principalmente a Los Angeles y Florida. Algunas tardan hasta 80 minutos, pero la cantidad de telefonemas aumenta los fines de semana, cuando casi se duplica. Mateo recuerda que los sábados y domingos se efectúa un promedio de 35 enlaces. "Los vecinos se comunican estos días con sus familiares porque es cuando se encuentran en su casa, en EE.UU.", explica.

Ejemplo de cambio

Una década ha sido suficiente para cambiar el rostro de esta población, ubicada a unos 80 kilómetros al norte de la cabecera departamental de Huehuetenango. Las remesas familiares enviadas por los que empezaron a emigrar hacia los Estados Unidos en la década de los 80 han llevado prosperidad. Hacia 1995, la economía de Santa Eulalia ya recibía más de US$2.5 millones cada año.

Prioridades

La vida en EE.UU. ha hecho cambiar la mentalidad de los habitantes de Santa Eulalia. La construcción de una vivienda moderna y sólida es una de sus grandes metas, y en ello invierten principalmente los dólares que ganan allá.

Las nuevas generaciones piensan emigrar a EE.UU. en busca de mejores oportunidades laborales.

Los que no se han casado envían a sus padres el dinero para que se las construyan. Por eso no es raro observar casas nuevas deshabitadas. Otros prefieren volver a su comunidad para supervisar la construcción, como el caso de Diego Pedro, de 23 años, quien, aunque aún no tiene claro qué hará con la casa de cuatro pisos que construye, confía que los dólares que trajo le alcanzarán para cubrir los más de Q100 mil que necesitará para terminar su futuro hogar.

Tener este terreno no le fue fácil, es resultado de lo que ganó de 1995 a enero de este año en Colorado, donde recibía por su fuerza de trabajo US$6 por hora (Q46.8). "Para esto tuve que trabajar recogiendo hongos por la mañana y cortando tomate por la tarde", relata.

El bien comunitario

"Los paisanos", como los recuerdan sus familiares, no se olvidan de sus antiguos vecinos. Por eso, el hospital y la parroquia católica del lugar han sido dos formas de proyectarse a la comunidad que los vio nacer. Sus aportes han sido varios, y "los que más han ayudado son los que viven en San Diego, California", apunta José Simón Juan, presidente del Consejo Parroquial.

Un aporte de Q15 mil enviado el año pasado permitió cambiar el machihembre del templo católico del lugar. Otro de Q14 mil, en 1998, se invirtió en la construcción de un candelabro en las afueras del mismo.

La iglesia ha sido remodelada con recursos de las remesas que los inmigrantes han mandado.

Los beneficios también se han extendido al área de salud. Empezaron a llegar en 1994 para que fuera construido un hospital, que luego fue dotado de un picop que funcionaba como ambulancia. Luego, en noviembre de 1999, donaron Q18 mil para la compra de un equipo para electrocardiogramas.

En la actualidad, invierten 15 mil quetzales en el funcionamiento del hospital, los cuales fueron enviados por los inmigrantes. "La ayuda de la Comunidad Eulalense llega en momentos en que nos estamos ahogando en las finanzas, y lo hace en forma espontánea", señala el doctor Rodrigo Boy, director del nosocomio.

Nuevas generaciones

Pero la prosperidad que traen los dólares también tiene su lado negativo. La transformación que las remesas producen en la comunidad ha provocado que las nuevas generaciones cambien su forma de pensar. Elías Arriaga, de 12 años, recibe el dinero que su madre le envía desde San Francisco, California, y mientras relata su historia, sus compañeros de la Escuela Oficial Urbana para Varones de Estanzuela se acercan a la conversación. Algunos comentan que tienen familiares en diferentes partes de los EE.UU., y que mensualmente reciben algún tipo de ayuda económica.

Santa Eulalia basa su economía en las remesas familiares que envían los inmigrantes desde EE.UU.

Aunque dicen estar orgullosos de haber nacido en Estanzuela , guardan silencio al ser cuestionados sobre la posibilidad de irse a trabajar al Norte. Saúl Lemus, maestro de cuarto, quinto y sexto primaria de la Escuela de la Aldea Pampur, Zacapa, señala que las nuevas generaciones añoran terminar la primaria para irse a trabajar a EE.UU.

"¿Para qué quiero estudiar más? -dicen algunos-, si cuando llegue a los 'Estados' eso ni me va a servir", informa Lemus. Leandro Rafael Morales, alcalde de Estanzuela, considera que estos sentimientos son comunes, porque el 30 por ciento de la población de este lugar se ha ido a EE.UU. a buscar mejores oportunidades de vida y trabajo.

Sin entorno familiar

La distancia ha modificado la estructura de los grupos familiares. Es común que los abuelos estén a cargo de los niños pequeños, cuyos padres envían las remesas desde EE.UU. Muchas mujeres están al frente del núcleo familiar, porque los esposos han migrado. Daysi Saavedra vive en la aldea Chispán. Cuida de su abuela. Cada ocho días habla por teléfono con su madre, quien reside en EE.UU. y envía dinero mensualmente.


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