7ma. Entrega.

Guatemaltecos en Estados Unidos no abandonan sus tradiciones.

Hacen esfuerzos para no perder la cultura del país; imposible pensar en una celebración sin marimba; nunca olvidan los frijoles y las tortillas; tampoco el fiambre, el atol de elote y los tamales.

Por Luisa F. Rodríguez. Fotografía: Jorge Castillo. Enviados especiales.

En el parque Lincoln de la ciudad de Chicago, los guatemaltecos se reúnen cada fin de semana para mantener unidos los lazos familiares.

Ni los miles de kilómetros de distancia impiden que los guatemaltecos dejen de saborear la comida típica y vivir las fiestas tradicionales.
"Mi gran sueño era alquilar un avión y traer a la marimba Maderas de mi Tierra para la recepción del casamiento de mi hija", rememora María Mercedes White, quien reside en Alexandria, Virginia.

Para ella era algo imposible de realizar. Su hermana le comentó que una compañera de trabajo había asistido a una fiesta amenizada con marimba. Después de varios telefonemas, contactó al director de Guatemarimba. La fiesta fue un éxito, tal como ella había soñado; bailaron al compás del instrumento autóctono.

"Tres cuartas partes de los invitados eran norteamericanos y disfrutaron de la marimba como cualquiera de nosotros", añade María Mercedes, al describir ese día como uno de los más felices de su vida. La historia se repite de un extremo a otro. En North Hollywood, California, Sergio y Lilian Mayorga hacen realidad las ilusiones de centenas de guatemaltecos al organizar las fiestas de quince años, primeras comuniones y casamientos.

Este año, los Mayorga, fueron cómplices de Elizabeth Yaneth Santos, de quince años, quien deseaba darle una sorpresa a sus padres guatemaltecos. El día de sus quince años, al regresar de la ceremonia religiosa, cambió su vestido largo por un traje típico, y bailó el son con las notas de una grabación de marimba.

Aunque ella no nació en Guatemala, desde pequeña sus padres le han enseñado las tradiciones del país. "Lo hice para hacerlos felices. Yo sé lo importante que es para ellos su música y su cultura", agrega Santos, quien se considera más guatemalteca que norteamericana. Por las calles de Los Angeles es común encontrar establecimientos que realizan piñatas, así como locales para celebraciones especiales.

El sabor guatemalteco

Otro común denominador entre los connacionales inmigrantes es que muchos añoran el caldo de gallina, el pepián, el revolcado y el atol de elote, entre otros.
"Cuando uno llega a EE.UU. todo es novedad, pero al pasar unas semanas, uno empieza a extrañar las tortillas y los frijoles", cuenta Erick Rivera, quien tiene 17 años de residir en Los Angeles.
Por eso, es común encontrar en ciudades como Miami, Washington, Chicago y Los Angeles restaurantes que ofrecen platillos típicos. Después de varios años de trabajo, algunos de ellos invierten en un restaurante o tienda de productos nacionales, porque los inmigrantes los buscan con frecuencia.

El parque MacArthur es un lugar de encuentro para los guatemaltecos, así como para hacer nuevas amistades.

"Aquí vienen de varias ciudades en busca de sus gustos. Muchos clientes chapines ya tienen la costumbre de pedirme los sábados sus tamales y chuchitos", dice Sara Suazo, propietaria de la tienda El Chapín, en Los Angeles, California.

Es más difícil

Aunque la mayoría hace esfuerzos para no perder las costumbres, también coinciden en las dificultades para lograrlo. "Aquí el tiempo es para trabajar y la unión familiar es afectada por eso", según el mixqueño Noel Santos, quien vive en Chicago. Cada año viaja a Guatemala para visitar a su madre y sus hermanos.

Según los entrevistados, poco a poco se ha ido perdiendo la costumbre de reunirse en familia para el almuerzo dominical, y las visitas a los amigos también disminuyen. "Aquí, el ritmo de trabajo y la cultura tan esclavizante puede convertir a las personas en robots programados sólo para trabajar", dice Sergio Morales, con 12 años de vivir en Miami.

El y su familia añoran volver a la Patria, pero sus documentos están en trámite. Así como ellos, hay decenas de guatemaltecos que quisieran visitar a sus familiares y no pueden hacerlo porque son ilegales. "Es una desesperación que te hace buscar los paisajes que te recuerdan a Guatemala, así como a los paisanos que te hablen de allá", agrega Amílcar López, maestro de catequesis para los inmigrantes que viven en Indiantown, Florida.

Y esos kilómetros de por medio hacen que los antojos por comer Pollo Campero o beber ron Zacapa Centenario y cerveza Gallo sean muy comunes entre la población inmigrante. Sin embargo, cuando hay visitantes que vienen de Guatemala se dan la grande, ya que éstos traen pollo, dulces típicos y hasta hierbas comestibles.

Dalila Mazariegos, propietaria del restaurante Antojitos Guatemaltecos, viaja dos veces al año para traer especies que le dan dar sabor a sus platillos. "Hay productos como la pepita o el chocolate que sólo se consiguen en algunos departamentos de Guatemala", relata Dalila. El crecimiento de la población latina ha provocado que un mayor número de alimentos sea fácil de conseguir en los supermercados. Por eso es común ver chipilín, nances, mangos verdes congelados y algunos productos como los jocotes en conserva.

Aunque sea en un cajón

Además de las fiestas y alimentos, los guatemaltecos siempre hablan de regresar otra vez a su tierra natal. Como van pasando los años, planifican el retorno y ni siquiera la muerte es un obstáculo para ello. Si en dado caso se produce un deceso, los familiares o amigos se unen para recaudar fondos si los deudos carecen de recursos.

Con el dinero podrán embalsamar a su ser querido o amigo, para que sus restos sean trasladados vía área a su lugar de origen. "La mayoría ha pedido como último deseo que sus restos estén bajo las tierras que los vieron crecer", dice Juan Diego, líder kanjobal de Homestead Florida. El también quiere volver a Huehuetenango si muriera en tierras lejanas.

Vivencias de guatemaltecos en Estados Unidos

1) Sin adaptarse: Erick Rivera emigró en 1983 y aún no se acostumbra a vivir en Los Angeles. Pese a ser propietario de una empresa de carga y una floristería, recuerda con nostalgia las calles que lo vieron crecer. "Mis hijos se están criando de otra forma y no quieren volver", refiere Rivera. Por sus negocios, viaja una vez por mes a Guatemala. "Siempre soñé con un trabajo que me permitiera estar cerca de mi casa", expresa.

2) El toque chapín: Sergio y Lilian Mayorga preparan los festejos guatemaltecos en North Hollywood, California. Atienden requerimientos de bautizos, primeras comuniones, 15 años y casamientos. Su trabajo comienza desde las flores de la iglesia hasta amenizar las fiestas. Originario de Chimaltenango, Sergio se confiesa fiel a sus raíces: "Me gusta hacer felices a mis paisanos cuando se celebra, como si nunca hubiéramos salido de allá".

3) Cocina para todos: La mayoría de guatemaltecos que vive en Georgetown, Delaware, no sabe cocinar. Muchos de ellos son jóvenes solteros, asiduos a la tienda de Eva Robledo, conocida como doña Eva, donde degustan platos de pepián, pulique, hilachas y chiles rellenos. Los comensales no se acostumbran a los alimentos de Estados Unidos, por lo que diariamente la visitan y comen allí hasta los tres tiempos.

4) Made in Guatemala: Comenzó distribuyendo cerveza Gallo, pero pronto se dio cuenta de que los guatemaltecos extrañaban otros productos. Por esa razón, desde la década de 1980, Noel Santos vende loroco, chipilín y pacaya, entre otros productos nacionales. A éstos ha agregado frijol negro, manzanilla, horchata y productos envasados, como Malher, Ya Está y Ducal.

5) Con el sabor tradicional: La costumbre de un buen caldo de gallina es posible en el restaurante Antojitos Chapines, ubicado en Los Angeles, California. Amalia Zuleta, propietaria del lugar, hace un esfuerzo extra, porque la carne de gallina no es común allí. "Vale la pena, porque decenas de chapines vienen desde ciudades cercanas sólo por un plato de sopa, como acostumbraban tomar en Guatemala", dice Zuleta.

Experiencias de nuestros connacionales en el Norte

1) Comen felices: El olor a frijoles volteados o el de las tortillas recién salidas del comal le dan la bienvenida en Chicago a los connacionales que visitan el restaurante Antojitos Guatemaltecos. Uno de ellos es Oscar Grajeda, quien tiene 35 años de residir allí. "Es tanta la emoción de probar la comida de allá, que al ver el menú a todos les cambia la cara", indica la propietaria del lugar, la retalteca Dalila Mazariegos.

2) Descansar en paz: "Que nadie se quede aquí", es la consigna que la mayoría de connacionales asumen cuando algún pariente muere en Estados Unidos. Junto a su familia, Juan Diego, kanjobal, y quien reside en Homestead, Florida, refiere que se organizan para enviar los restos de los paisanos que fallecen allí a su lugar de origen. "A pesar de trabajar lejos, todos queremos volver a nuestra tierra, aunque sea muertos", agrega.

3) Cualquier antojo: Por unos chuchitos, tamalitos de elote, conchas, cachitos y pirujos, los guatemaltecos del norte de Los Angeles, California, visitan la tienda El Chapín. Sara Suazo, Vilma Turcios y Olga Morales se encargan de atender sus "antojitos" especiales. "Estamos en una jaula de oro, de la que siempre pasamos diciendo que nos queremos ir, y no nos vamos", dicen las tres, con una amplia sonrisa.

4) La fe lo hizo cambiar: "Cuando vi que el camino se ponía más difícil para pasar la frontera, le prometí a Dios que si llegaba vivo, mi vida iba a cambiar para siempre", cuenta Amílcar López -izquierda-, quien tiene 10 años de vivir en Indiantown, Florida. Ahora comparte su tiempo como catequista de la Iglesia Católica, para ayudar a la comunidad migrante. "Por soledad, algunos se dedican a los vicios, pero aquí la Iglesia nos ayuda", enfatiza López.

5) Con los dedos cruzados: Olga Morales nació en Guatemala, y a los 8 años fue llevada por su familia a Miami. Después de haber aprobado el bachillerato con honores, se hizo acreedora a una beca. Sin embargo, la alegría no le duró mucho, porque sus padres aún se encuentran en un limbo legal. Para utilizar el financiamiento, éstos deben obtener la ciudadanía de EE.UU., aunque su caso todavía no ha sido resuelto por la Oficina de Migración.


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