8va. Entrega.

Más de 14 mil chapines en el estado de Delaware.

Se ha convertido en la nueva morada para los guatemaltecos, quienes en su mayoría son originarios de San Marcos y Huehuetenango.

Por Luisa F. Rodríguez. Fotografía: Jorge Castillo, enviados especiales.

Fundado en 1791, Delaware es el primer estado de la unión americana, y uno de sus orgullos era que su población era originaria del mismo lugar. Ahora, se ha convertido en destino de una creciente migración guatemalteca, como se demuestra en Georgetown, una de sus ciudades.

Atraídos por la oferta de empleo en las fábricas procesadoras de pollo, los connacionales, originarios principalmente de San Marcos y Huehuetenango, empezaron a establecerse en el lugar desde hace dos décadas.

"La vida diaria y monstruosa", es el nombre que Juan Pérez le da a la pintura en la que refleja los vejámenes en las procesadoras de pollo.

Pedro Juan, con 15 años de vivir aquí, indica que una de las razones de preferir Delaware es porque esas empresas requieren de mano de obra en forma permanente, mientras que otras sólo por algunos períodos, lo cual obliga a los inmigrantes a tener que ir de estado en estado en busca de empleo.

Por ello, la comunidad chapina ha ido creciendo en los últimos 15 años. Los reportes de población muestran que en 1987 vivían allá 621 guatemaltecos. En la actualidad, instituciones de ayuda a inmigrantes revelan que hay más de 14 mil connacionales.

Los campos verdes se han convertido en canchas de fútbol y las tiendas de alimentos venden productos guatemaltecos. La necesidad de ahorrar también ha propiciado que muchos renten condominios para compartir habitaciones y que los servicios de lavandería, comedor y transporte aumenten en el lugar.

Obligados a callar

Según Juan Pérez, líder de la comunidad y quien reside allá desde hace 6 años, la necesidad de empleo es tan fuerte que la mayoría de trabajadores guarda silencio sobre los abusos que se cometen en las procesadoras de pollo. "Yo trabajé un par de meses allí, pero renuncié por las humillaciones a que nos sometían", comenta Juan, quien contiene el llanto, mientras recuerda las penas sufridas.

Para conocer las condiciones de trabajo en las procesadoras, Prensa Libre trató de ingresar a la planta Perdue, pero Anthony Mellone, de Recursos Humanos, no lo permitió, aduciendo desconocer el objetivo del reportaje.

Sus experiencias: Cambio de actitud

"Aquí las mujeres somos respetadas. Trabajamos y ganamos igual que los hombres", dice Luisa Pérez, originaria de San Marcos y con 6 años de vivir con su esposo en Delaware. Ambos laboran en plantas procesadoras de pollo, para dar un mejor futuro a sus dos hijos, Jonathan, de 3 años, y Danilson, de 8 meses. Mientras uno trabaja, el otro cuida a los niños. "Aquí las cosas sí son diferentes", dice riendo Luisa.

Satisfecho

El quichelense Oleaio Capriel nunca imaginó que a sus 27 años iba a desempeñar el puesto de supervisor en la fábrica Perdue. "Vine a los 18 años, no sabía inglés y no conocía a nadie", relata Capriel. Tiene dos hijos nacidos en EE.UU. Se siente satisfecho por el esfuerzo que ha realizado y por los desvelos que afrontó para estudiar inglés y administración en la universidad local.

Sólo chapines

"Comunicaciones Tajumulco", "Tacaná", "Universidad marquense" y "Juvenil aguacateco" son nombres con los que los guatemaltecos han bautizado a los equipos de la Liga Independiente. Cada fin de semana, los inmigrantes se reúnen para jugar fútbol, que desde niños practicaban en sus lugares de origen. "Así nos divertimos", cuentan entre risas los jugadores, al ver que de 12 equipos, 10 son chapines.


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