El presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, cuya intransigencia llevó a los Balcanes a una guerra que amenaza con extenderse, no tuvo un infancia feliz; nació en 1941 y creció en una aldea polvorienta llamada Pozarevac.

Su padre, quien estudió para sacerdote ortodoxo pero no llegó a ordenarse, abandonó a la familia y terminó suicidándose.

Su educación estuvo a cargo de su madre, una profesora comunista de linea dura; hacía que su hijo llevara siempre corbata a la escuela y se sentara en la primera fila de la clase. Era una mujer muy estricta . El niño no practicaba ningún deporte, no tenía amigos, nunca pedía ayuda a y tampoco la daba. Años después, la madre de Slobo, como ella lo llamaba, también se suicido ahorcándose en su apartamento.

A los 18 años, Milosevic ya militaba en el Partido Comunista. Cuando las autoridades de la agrupación necesitaban jóvenes ìvoluntariosî para las obras públicas que realizaban en carreteras y parques, Milosevic invariablemente se ocupaba de reclutarlos. "Slobo no movía un dedo", cuenta uno de sus compañeros de clase. "Lo único que hacía era supervisarnos".

Milosevic se casó y se estableció con su mujer en Belgrado, donde se dedicó al partido, a ella y a sus estudios. Escogió la carrera de leyes, con miras a hacerse funcionario.


Desafío nacionalista: "¡Al diablo con Yugoslavia, construiremos una gran Serbia!"
Slobodan Milosevic
Presidente de Yugoslavia

Desde principios de los años 80, Milosevic se dedicó a la política a tiempo completo, y se convirtió en dirigente máximo del Partido Comunista serbio en 1986.  No tardó en demostrar su insaciable sed de poder y su astucia para la intriga, al manipular hábilmente las rivalidades de la Federación Yugoslava en aras de sus intereses personales. Fue precisamente el tema de Kosovo el que convirtió a Milosevic, quien según sus contemporáneos era un ìburócrata aburridoî, en líder carismático.

Aprovechó las quejas de la minoría serbia de la provincia para agitar lo más profundo del nacionalismo yugoslavo.

El entonces presidente serbio, Ivan Stambolic, envió a Milosevic a pacificar a los serbios de Kosovo, pero mientras se reunía con los nacionalistas serbios, una manifestación degeneró en disturbios, de los cuales fueron culpados los albaneses.

Las imágenes difundidas por la televisión en las que Milosevic prometía a los serbios: ì¡Nadie volverá a golpearlos! y sentenciaba:  ¡Al diablo con Yugoslavia! Construiremos una Gran Serbiaî, lo convirtieron de un día para otro en el paladín de los derechos de los serbios. Según  Zerko Korac, profesor de psicología de la Universidad de Belgrado, "así empezó la tragedia".

Milosevic se convirtió en presidente de Serbia en 1989; ese año suspendió la autonomía de Kosovo. En julio de 1997, tras casi 10 años de gobierno y aunque la Presidencia de Yugoslavia es un cargo honorífico,  Milosevic decidió asumirla porque la Constitución le impedía cumplir un tercer  mandato.

Una vez en el poder, Milosevic emprendió una purga que le dio el control directo sobre el partido, el gobierno y los medios de comunicación del país. Difundió una propaganda virulenta en la que presentaba a los serbios como víctimas inocentes del engaño de sus vecinos. La constante repetición de este mensaje agresivo y autocompasivo lo elevó al rango de verdad establecida que encendió la llama del nacionalismo serbio.


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