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Históricamente, estas tres vertientes siempre han estado unidas en su lucha contra la amenaza hegemónica de la Iglesia Católica romana. A pesar de esto, existen razones más modernas para tratar de explicar la oposición rusa al ataque contra los serbios: orgullo herido. La crisis de Kosovo
ha dejado en claro que, a diferencia de la disuelta Unión Soviética,
Rusia no ha jugado un papel decisivo en esta situación. Esta vez, los ataques de la OTAN comenzaron sin que se tuviera la delicadeza diplomática de informar a Boris Yeltsin. La reacción del mandatario ruso no se hizo esperar. Yeltsin ha descrito los ataques de la OTAN como ìserio errorî, y ha llegado a afirmar que los operativos de la Alianza Atlántica podrían conducir al estallido de la III Guerra Mundial. Además, el hecho de que la OTAN actuara de forma unilateral, sin consultar a las Naciones Unidas, ha molestado a los rusos. Después de todo, este país es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con poder de veto, el cual habría ejercido si los aliados europeos le hubieran consultado sobre la intervención. Tanto nacionalistas como comunistas están presionando a Yeltsin para que responda al accionar de la OTAN, ayudando a los serbios. En cualquier caso, occidente quiere que Rusia ejerza su influencia con Milosevic para evitar que los Balcanes se conviertan, una vez más, en un foco de conflicto en Europa. Kosovo, un conflicto ancestral Serbia, el renacimiento nacionalista Rusia, histórico aliado de los serbios Milosevic: de una infancia infeliz al poder totalitario
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