La guerra en Yugoslavia ha representado para Rusia un golpe político, ya que no fue tomado en cuenta por los aliados.

Desde que comenzó la crisis en la antigua Yugoslavia, Rusia se ha mostrado firme aliado de Serbia, oponiéndose a cualquier ataque contra ésta.

Esto no es casual, pues existen vínculos religiosos e históricos profundos entre ambos países. Tanto rusos como serbios son de origen eslavo, una atadura étnica de gran contenido emotivo. La palabra ìYugoslaviaî significa ìla tierra de los eslavos del surî.

Ambas etnias comparten la misma religión: la ortodoxa. Las iglesias ortodoxas serbia, rusa y ucraniana son tres jurisdicciones episcopales de la misma institución.

Históricamente, estas tres vertientes siempre han estado unidas en su lucha contra la amenaza hegemónica de la Iglesia Católica romana. A pesar de esto, existen razones más modernas para tratar de explicar la oposición rusa al ataque contra los serbios: orgullo herido.

La crisis de Kosovo ha dejado en claro que, a diferencia de la disuelta Unión Soviética, Rusia no ha jugado un papel decisivo en esta situación.
Aun en momentos en que la Unión Soviética se desintegraba a pasos agigantados, el entonces dirigente máximo Mijail Gorbachov fue informado sobre la cuenta regresiva en la Guerra del Golfo Pérsico.

Esta vez, los ataques de la OTAN comenzaron sin que se tuviera la delicadeza diplomática de informar a Boris Yeltsin. La reacción del mandatario ruso no se hizo esperar.

Yeltsin ha descrito los ataques de la OTAN como ìserio errorî, y ha llegado a afirmar que los operativos de la Alianza Atlántica podrían conducir al estallido de la III Guerra Mundial. Además, el hecho de que la OTAN actuara de forma unilateral, sin consultar a las Naciones Unidas, ha molestado a los rusos. Después de todo, este país es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con poder de veto, el cual habría ejercido si los aliados europeos le hubieran consultado sobre la intervención.

Tanto nacionalistas como comunistas están presionando a Yeltsin para que responda al accionar de la OTAN, ayudando a los serbios.

En cualquier caso, occidente quiere que Rusia ejerza su influencia con Milosevic para evitar que los Balcanes se conviertan, una vez más, en un foco de conflicto en Europa.


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