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Editorial

Después del caos llega la esperanza
El fracaso del FRG obliga al nuevo gobierno a demostrar con hechos que será diferente

No hay mal que dure cien años, ni enfermo que lo aguante. En el caso de Guatemala, el “mal” duró cuatro años, el período de gobierno del Frente Republicano Guatemalteco (FRG), que llevó a un auténtico caos al país, resultado de la corrupción, inseguridad, confrontación social, pobres resultados en materia de desarrollo social (educación, salud, vivienda) y el irrespeto al estado de Derecho.

Este resumen noticioso deja al desnudo el fracaso de la administración del presidente Alfonso Portillo y del propio FRG, que no pudieron responder a las expectativas que generaron en la campaña electoral cuatro años atrás.

Gonzalo Marroquin

Director Editorial
de Prensa LIbre

Hoy, en vísperas del cambio de Gobierno, una ventana de esperanza se abre para los guatemaltecos, quienes esperan que las nuevas autoridades tomen la senda del respeto, la honestidad y el trabajo, tres virtudes a las que el FRG les dio la espalda y ahora son necesarias para promover un cambio.

“Año Nuevo, vida nueva”, dice otro refrán popular. Eso es lo que la mayoría de guatemaltecos deseamos en este momento. Cerrar ese capítulo oscuro de nuestra historia y abrir uno nuevo, ojalá más promisorio, en el que podamos encontrar mayores oportunidades, avanzar en la necesaria reconciliación y empezar a construir, finalmente, una Nación más digna y justa.

Si bien es cierto que el nuevo Gobierno llega con parte de la esperanza bajo el brazo, también es cierto que la otra cuota debe aportarla la sociedad civil, que tiene ante sí el desafío –pero también la obligación– de promover los cambios y defender los principios y valores de nuestra endeble democracia.

Ese Año Nuevo, que tenemos a tan poca distancia, no será para nada fácil. Pero también debemos recordar que solamente enfrentando los grandes retos es como podremos alcanzar metas importantes.

La lista de retos es grande. Hay que brindar seguridad, educación y salud para todos; debe terminar la impunidad, hay que combatir el narcotráfico y al crimen organizado, se deben generar fuentes de trabajo y, sobre todo, hay que inyectar optimismo a un pueblo que tiene la moral muy baja.

Claro que todos esos cambios no se producen de la noche a la mañana, pero tampoco debemos aceptar que los políticos ofrezcan cambios instantáneos en campaña y una vez llegen al poder anuncien que “los resultados no se verán en el corto plazo”, porque los problemas de Guatemala tienen raíces muy profundas.

Esto último es cierto, pero no significa que no se puedan dar resultados parciales –pero importantes– en el corto plazo. Se debe trabajar duro, con optimismo, honestidad y mucha creatividad, para empezar a construir esa Guatemala diferente, en la que todos podamos vivir felices y en paz.