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Seguridad

Terror y muerte:
Saldo de 2003 para mujeres

Por Claudia Méndez

Los espeluznantes hallazgos de cadáveres de mujeres golpeadas, ultrajadas e incluso mutiladas fueron sucesos impactantes, cuyo efecto fue diluyéndose a fuerza de repetirse tantas veces durante este año, que tristemente ha sido uno de los más violentos contra las mujeres.

En diversos puntos del país fueron encontrados cadáveres de sexo femenino con indicios de golpizas o violaciones, pero durante meses ni la Policía Nacional Civil (PNC) ni el Ministerio Público (MP) investigaron los casos.

Ana Hernandez (15) y Elsa Loarca (18) fueron acuchilladas y torturadas en la zona 7. Sus cuerpos mutilados aparecieron dentro de un tonel.

Fue a partir de agosto cuando organizaciones de mujeres cuantificaron los asesinatos y descubrieron que 155 habían sido asesinadas en ocho meses, cifra que subió a 157 el pasado 17 de diciembre con el aparecimiento de otros dos cuerpos.

¡Ni una muerte más!

Las fuerzas de seguridad, presionadas por la opinión pública, tardíamente comenzaron las investigaciones.

Aseguraban que las víctimas pertenecían a grupos de pandilleros juveniles y que sus muertes eran producto de la venganza o el saldo de cuentas.

La Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) y organizaciones civiles, como la Red Contra la No Violencia contra las Mujeres, desvirtuaron pronto las apresuradas hipótesis de la PNC.

Una investigación interna de la PDH reveló que sólo una de las víctimas pertenecía a pandillas juveniles. Tenía varios tatuajes y era integrante de la mara Los Cholos.

Patrón criminal

Otro elemento que arrojaron las pesquisas de la PDH fue que varios crímenes tenían elementos en común: el agresor se dirigía directamente a la víctima y le disparaba a quemarropa tres o cuatro veces. Antes de huir le daba un tiro de gracia, dos pulgadas arriba del pezón izquierdo, en ambas sienes o en la región occipital.

El modus operandi hizo concluir a la PDH que el crimen organizado y el narcotráfico tenían mucha más responsabilidad en los hechos que los pandilleros, en contraposición a lo afirmado por la PNC y el MP.

Cada 25 de mes, agrupaciones de mujeres realizan protestas en la capital contra la violencia y en diciembre, la actriz norteamericana Jane Fonda estuvo en el país para promover la no violencia contra el sexo femenino.

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Un año criminal
Sicarios y “maras” sembraron el terror

Por Julio F. Lara

El 24 de septiembre varios hombres armados, disfrazados con uniformes de la Policía Nacional Civil (PNC), ingresaron al sanatorio Nuestra Señora del Pilar, zona 15, y acribillaron a cinco personas: Alcides Cruz, de 32 años, y su esposa, además de dos guardias del hospital y una enfermera que por casualidad se encontraban cerca de la habitación. Una ejecución al más claro estilo del crimen organizado. Los sicarios asesinan a quien se interponga en el camino de sus fechorías.

Este caso ilustra denuncias como la efectuada por la Instancia de Monitoreo de Seguridad Pública (Imasp), sobre que en el último año la inseguridad se incrementó en 163 por ciento. Pero no quedó ahí. No sólo se ha perdido un alto número de vidas, sino que la posibilidad de llevar a juicio y castigo a los culpables parece cada vez más lejana. Según organizaciones de derechos humanos, el 97 por ciento de asesinatos no ha sido resuelto.

Fiscales del Ministerio Público reconocieron que los pocos casos que llegaron a sentencia lo hicieron a través de testigos, pero no con pruebas científicas.

Según los analistas, este año disminuyó la cantidad de robos a bancos o secuestros, pero, por el contrario, hubo mayor cantidad de asaltos a transeúntes, saqueo de viviendas y extorsiones.
La Morgue del Organismo Judicial reportó que ingresaron por lo menos cien cadáveres al mes, víctimas de armas de fuego y acuchillados.

El corto brazo de la ley

La precariedad con que trabajó la PNC, por falta de equipo y personal insuficiente, incrementó la sensación de indefensión de los guatemaltecos.

Las organizaciones de derechos humanos señalaron que la ola criminal transformó la vida cotidiana en un verdadero calvario, y los guatemaltecos temieron perder la vida en actividades tan rutinarias como tomar el autobús.

El 23 de octubre, 12 personas fueron asesinadas a tiros, siete de ellas en dos asaltos a autobuses. En total, se estima que este año más de 50 personas murieron en asaltos a buses, perpetrados por presuntos integrantes de pandillas.

Ejército de maras

Las acciones de las pandillas juveniles han dejado una estela de sangre y dolor en muchas familias guatemaltecas. Tal el caso de dos jovencitas asesinadas por mareros, cuyos cadáveres aparecieron dentro de un tonel, el 7 de agosto, como una muestra de la brutalidad a la que pueden llegar los maleantes por simples disputas territoriales. Para terminar de agravar el cuadro, los delincuentes han aprendido a fabricar sus propias armas, lo cual les permite un fuerte poder ofensivo con pocos recursos.