El mismo día de la muerte, un obispo polaco dice a don Alvaro, mientras lo abraza:
-Espero ser uno de los primeros obispos que pida su beatificación. Yo he de agradecer al Padre, y al Opus Dei, lo que ha hecho por la Iglesia y lo que ha hecho por mi alma.
A partir de aquel momento miles de personas piden al Papa que se estudie su vida, sus virtudes y enseñanzas por si conviniera proclamarlo santo, para el bien de la Iglesia y de las almas. El cardenal que tres años más tarde sería elegido Papa con el nombre de Juan Pablo I, escribió en su carta:
“Estoy convencido de que ha practicado heroicamente las virtudes cristianas y que su ejemplo ha influido con fuerza en la formación de tantos sacerdotes y laicos que trabajan en la Iglesia, con fruto y con una ejemplar obediencia al Papa.”
El 17 de mayo de 1992 tuvo lugar en Roma un feliz y entrañable acontecimiento: el Padre fue proclamado Beato por el Papa Juan Pablo II. A la ceremonia asistieron cerca de trescientas mil personas, treinta y tres cardenales y unos doscientos obispos.
Muchos hijos suyos llegaron desde todos los rincones del mundo. Otros, en gran número también, eran amigos y Cooperadores de la Obra. El acto se desarrolló en un impresionante
clima de alegría y, sobre todo, de oración.
El Padre no está lejos de nosotros. Son muchos los hombres y mujeres que hablan con él en la oración y le dicen que pida a Dios lo que necesitan.
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Unos ruegan para que les cure o alivie la enfermedad. Otros, por las necesidades de su familia. Otros, por las grandes y pequeñas cosas de la vida: por el trabajo, por el estudio. Las cartas más importantes que llegan a la Postulación son siempre las que piden que un amigo se convierta, se acerque a los sacramentos o lleve la vida que pide Dios.
Por el mundo entero se difunde una oración, dirigida a Dios, pidiéndole que nos ayude a ser mejores y que escuche al Padre, que está a su lado y le pide por nosotros. Tenemos un buen intercesor en el Cielo.
ORACIÓN. Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste |
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San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que ahora te pido... (pídase).
Así sea.
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