Historia de un sí - 51
Epílogo
El mismo día de la muerte, un obispo polaco dice a don Alvaro, mientras lo abraza:
-Espero ser uno de los primeros obispos que pida su beatificación. Yo he de agradecer al Padre, y al Opus Dei, lo que ha hecho por la Iglesia y lo que ha hecho por mi alma.

A partir de aquel momento miles de personas piden al Papa que se estudie su vida, sus virtudes y enseñanzas por si conviniera proclamarlo santo, para el bien de la Iglesia y de las almas. El cardenal que tres años más tarde sería elegido Papa con el nombre de Juan Pablo I, escribió en su carta:
“Estoy convencido de que ha practicado heroicamente las virtudes cristianas y que su ejemplo ha influido con fuerza en la formación de tantos sacerdotes y laicos que trabajan en la Iglesia, con fruto y con una ejemplar obediencia al Papa.”

El 17 de mayo de 1992 tuvo lugar en Roma un feliz y entrañable acontecimiento: el Padre fue proclamado Beato por el Papa Juan Pablo II. A la ceremonia asistieron cerca de trescientas mil personas, treinta y tres cardenales y unos doscientos obispos.

Muchos hijos suyos llegaron desde todos los rincones del mundo. Otros, en gran número también, eran amigos y Cooperadores de la Obra. El acto se desarrolló en un impresionante
clima de alegría y, sobre todo, de oración.

El Padre no está lejos de nosotros. Son muchos los hombres y mujeres que hablan con él en la oración y le dicen que pida a Dios lo que necesitan.

Unos ruegan para que les cure o alivie la enfermedad. Otros, por las necesidades de su familia. Otros, por las grandes y pequeñas cosas de la vida: por el trabajo, por el estudio. Las cartas más importantes que llegan a la Postulación son siempre las que piden que un amigo se convierta, se acerque a los sacramentos o lleve la vida que pide Dios.

Por el mundo entero se difunde una oración, dirigida a Dios, pidiéndole que nos ayude a ser mejores y que escuche al Padre, que está a su lado y le pide por nosotros. Tenemos un buen intercesor en el Cielo.

ORACIÓN. Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste

San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de San Josemaría el favor que ahora te pido... (pídase).
Así sea.

 
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