Historia de un sí - 02
La familia            
           Escrivá - Albás

Son casi las cinco de la tarde. En la plaza, los niños de las casas vecinas juegan con sus amigos.

-¡Carmen!
-Sí, aquí estoy. ¿Qué quieres?
-Vamos a casa. Es hora de merendar.

La pequeña se acerca a la muchacha que cuida de ella. Mientras, alza la mano y, con un gesto, se despide de sus amigos.
-¡Hasta mañana! -le dicen-. No faltes.

Las dos caminan hacia la casa de la plaza, que hace esquina con la calle Mayor. Allí vive don José Escrivá Corzán, natural de Fonz, casado con doña Dolores Albás y Blanc, padres de Carmen y del protagonista de nuestra historia. La niña, que tiene dos años, entra corriendo en su casa.

-¿Eres tú, Carmen?
-Sí, mamá.
-¿Lo has pasado bien?
-Sí, muy bien, Hemos jugado con las muñecas.

Carmen abraza a su madre y la besa con cariño. Doña Dolores ha dejado por un momento su trabajo de costura. Levanta después la cabeza y contempla a su hija despacio. La luz que entra por la ventana ilumina su rostro, joven y lleno de belleza. Destacan en ella su elegancia, sencillez y alegría. Cuida con cariño de su hogar y hace unos dulces riquísimos.

Muy cerca de la casa, su familia tiene una confitería en la llamada Casa de los chicos, porque son muchos los que allí se reúnen, entre hermanos y primos.

Hacia las ocho de la tarde, llega a casa don José Escrivá. Al oír la puerta, la pequeña sale al encuentro de su padre.

-¡Papá, papá! -grita la niña, mientras se acerca con los brazos abiertos.

Es don José un caballero elegante y sencillo que se distingue por su carácter alegre y por su buen corazón: ayuda y socorre a los necesitados. No lejos de su casa tiene, asociado con don Juan Juncosa, una prospera tienda de tejidos, en cuyo sótano hacen delicioso chocolate.

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