Josemaría ha cumplido ya los dos años. El pequeño, rodeado del cariño de sus padres, crece sano, fuerte y feliz. Una mañana, sin embargo:
-¡Pepe! Ven al dormitorio del niño, por favor.
-¿Qué quieres?
-Nuestro hijo está enfermo. Pon la mano en su frente y verás.
-¡Caramba! ¡Está ardiendo! ¡Tiene mucha fiebre!
El niño respira mal y
está sudoroso. Don
José y doña Dolores
piensan que puede ser
grave y avisan,
preocupados,
a dos
médicos amigos
de la
familia.
Éstos, tras un
detallado examen, les
confirman:
-Josemaría está muy
grave. Puede morir en
unos pocos días.
Sentimos
mucho daros esta
mala noticia.
Los padres se miran
angustiados.
Pasan las horas y el niño
se pone peor. Dos o tres
días más tarde, el
médico que le atiende habla
con el padre.
-Mira, Pepe, creo que
de esta noche no pasa.
Don José y doña Dolores sienten una profunda tristeza. ¿Qué hacer? Los dos tienen un gran cariño a Nuestra Madre del Cielo y acuden a Ella con fe e insistencia. Aquella misma noche, doña dolores de acuerdo con su marido, dice a la Santísima Virgen:
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-Madre mía, si curas a mi hijo, iremos a visitarte a tu ermita de Torreciudad.
Al día siguiente, muy de mañana, acude el médico de cabecera.
-Pepe –pregunta con aire resignado-, ¿a qué hora ha muerto el niño?
-No ha muerto. Gracias a Dios está totalmente sano. Pasa y lo verás tu mismo.
El médico no sale de su asombro. El pequeño da saltos en la cama agarrado a los barrotes de madera. Josemaría ha sido curado por intercesión de la Virgen.
Al poco tiempo, doña
Dolores cumple su
promesa.
Por caminos estrechos y
empinados se dirigen
los tres a la ermitade
Nuestra Señora de
Torreciudad, lugar
próximo
al Pirineo
Aragonés.
Sube la madre
a lomos de
una caballería.
En brazos
lleva a su hijo
abrigado
con una manta.
El padre, a pie, cuida y
protege a su familia.
Tras recorrer los veinticinco
kilómetros que los separan
de Barbastro, lo presentan
a la Santísima Virgen y le agradecen su curación milagrosa.
Años después, siendo un niño todavía, su madre le recordará con frecuencia:
-Para algo grande te ha dejado en el mundo la Santísima Virgen, hijo porque estabas más muerto que vivo. |