
Es domingo. Don José y doña Dolores, con todos sus hijos, están en la Catedral, donde han oído la Santa Misa. Antes de regresar a casa, visitan la capilla de la Virgen dormida. La Virgen de la cama, como la llaman en Barbastro. Junto a Ella, y mirándola con cariño, rezan un avemaría. Pasan, después, delante del Cristo de los Milagros. Allí, unos años antes, contrajeron matrimonio los padres.
Al salir de la Catedral, un mendigo les pide limosna. Es el de siempre. Josemaría y él son ya buenos amigos. El niño pide una moneda al padre y, con una sonrisa, se la entrega al hombre.
Un día, don José llama a su hijo:
-¡Josemaría!
-¿Qué quieres, papá?
-¿Puedes venir un momento, por favor?
-Sí. Ya voy.
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Josemaría sigue jugando. A veces le cuesta obedecer a la primera. No obstante, cuando advierte su fallo,se levanta con rapidez. Acude deprisa a la sala de estar, donde se encuentran sus padres.
Ven. Acompáñanos un momento. Tu madre y yo queremos enseñarte algo.
Caminan los tres hacia la habitación de los juegos. Josemaría los observa intrigado. En sus caras descubre una sonrisa sospechosa y un cierto aire de misterio.
-¿Qué será? ¿Para qué me querrán?
Pronto lo va a averiguar. Al llegar a la entrada del cuarto:
-Cierra un momento los ojos –le dice su padre.
Josemaría los oculta entre sus manos. Entretanto, su madre abre la puerta despacio.
-Ya puedes abrirlos de nuevo.
Josemaría abre los ojos, y… ¡un gran caballo de cartón, sobre ruedas, aparece delante de él!
-¡Oh! –exclama sorprendido-. ¡Qué caballo más grande! ¿Es para mí?
-Sí. ¿Te gusta el regalo de cumpleaños?
-¡Muchísimoooo! ¡Es muy bonito! ¡Gracias por el regalo! –dice Josemaría mientras besa y abraza a sus padres.
Al oír la exclamación de sorpresa y los gritos de alegría, aparecen sus hermanas. Una vez repuestas del asombro que les produce ver el caballo, todas quieren disfrutar del juguete.
¿Me dejas subir la primera?
-pregunta Chon sonriendo.
-Ni hablar! -protesta Lolita- ¡Seré yo, que soy la más pequeña y no peso tanto!
-¡Bueno, no os enfadéis! Montaréis las dos.
Y así es. Primero Lolita. Después Chon. Una detrás de otra, suben al magnífico caballo, mientras Josemaría las pasea tirando de una cuerda. |