Historia de un sí - 11
Amigo de los cuentos

A Josemaría le gustan mucho los cuentos. Como a su hermana Carmen. Como a todos. Goza escuchándolos de labios de María, la cocinera. Una tarde:
-¡Carmen!
-¿Qué quieres, Josemaría?
-Oye, ¿por qué no vamos a la cocina? Nos comemos unas patatas fritas y le pedimos a María que nos cuente el cuento.

Los dos caminan sin hacer ruido, para no ser vistos. Pero…
-¿A dónde vais? –pregunta su madre, desde la sala de estar.
-A la cocina –dicen con aire inocente.
-¿Qué vais a hacer allí?
-¿Queremos acompañar a María y pedirle que nos cuente el cuento.
-No. No vayáis porque la entretenéis
y, además, coméis a deshora.

Josemaría y Carmen vuelven a la leonera.

A veces, después de la cena, doña Dolores, que los quiere con todo su corazón, se hace la distraída y les deja pasar.
-¡Buenas noches María! Venimos a darte un beso.
-Muy bien. ¿Y no queréis nada más?
-Sí. Queremos que nos cuentes el cuento…
María sonríe satisfecha. Le hace muy feliz que les entusiasme su cuento de policías y ladrones. María lo cuenta como nadie. Es siempre el mismo, pero parece distinto. Los dos hermanos escuchan atentos.

-Mirad –comienza María-. Érase una vez una banda de malvados ladrones. Todo sucede en una noche oscura, sin luna. Los bandidos salen de su escondite. Caminan despacio, sin hacer ruido. Llevan sacos en los hombros para echar en ellos
lo robado.

-Y van armados, ¿verdad?
–interrumpe Josemaría.
-Sí. Algunos llevan cuchillos en
la cintura, como los antiguos
piratas.

-¿Y los otros?


-Los otros llevan alguna pistola. Observémosles. Se acercan a la ciudad. Allí, todos duermen.

-Todos, no –comenta Josemaría de nuevo-. Algunos policías…

-Sí, es verdad. Algunos policías vigilan por las calles desiertas. De pronto… ¡Chist! Entremos a esta casa, dice el jefe de la banda. Los ladrones –continúa María- penetran sigilosamente. En poco tiempo llenan los sacos de objetos valiosos. De pronto, se enciende una luz.

-Es el dueño de la casa, ¿verdad?
-Sí. Se ha despertado por el ruido y avisa a la policía, que llega enseguida.

Josemaría y Carmen siguen la narración sin perder detalle. Con su imaginación, escuchan las rápidas pisadas de los ladrones que huyen y los gritos de los
guardias que los
persiguen de
cerca.

María termina el
cuento contenta
y feliz.

 
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