Historia de un sí - 14
Un huevo frito

El tiempo corre veloz. Josemaría ha cumplido seis o siete años. A esta edad va a vivir una experiencia muy agradable: su primera confesión. Su madre le irá preparando, poco a poco.

Cierto día, como tantas veces, doña Dolores habla con su hijo:
-Estoy pensando que te estás haciendo mayor y ya puedes confesar si lo deseas. Pero, ¿sabes lo que es la confesión?
-No muy bien, mamá.
-Mira, la confesión es un encuentro con Jesús.
-¿Y qué sucede en la confesión? –pregunta Josemaría.
-Pues… que Jesús, por medio del sacerdote, perdona todos los pecados que hemos
cometido después del Bautismo.

Josemaría escucha con atención. Es inteligente y comienza a hacer preguntas:
-Mamá, ¿nos perdona todos los pecados o sólo algunos?
-Todos, si estamos arrepentidos de verdad.
-¿Y cuántas veces nos perdona Jesús?

-Siempre que le pedimos perdón y nos esforzamos para no volver a cometerlos.
-¿Por qué nos perdona siempre?
-Porque nos quiere más que todas las madres y padres juntos.
-¿Tanto?
-Sí, ¡tanto! Por eso ha muerto en la Cruz: para salvarnos del pecado.
-Pero, no cometer pecados es muy difícil.
-¡Claro! Nosotros solos no podemos. Por eso debemos pedir ayuda a Jesús y a la Virgen María

Josemaría está feliz y con ganas de confesar.

Una vez preparado, su madre fija la fecha con el mismo sacerdote escolapio que le confiesa a ella.

Después de la confesión, ya en casa:
-Hola papá. Dame un beso.
-Te has confesado ya?
-Sí, papá. Ha sido muy fácil.
-Y ¿qué sientes ahora por dentro?

El niño le mira feliz y contesta con rapidez:
-¡Una gran alegría!
-¿Qué penitencia te ha puesto el sacerdote?
-Me ha dicho: dirás a mamá que te dé un huevo frito.

En casa nadie se espera esa penitencia. Don José reacciona con una carcajada al escuchar la simpática ocurrencia del sacerdote. La madre sonríe también, a la vez que hace este alegre comentario:
-Hijo mío, ese Padre te podía haber dicho que te comieras un dulce, ¡pero un huevo frito!

Para Josemaría es un día de fiesta que nunca olvidará. En la confesión ha descubierto el amor de Jesús, que siempre perdona, y la alegría que deja en el alma este sacramento.

 
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