Historia de un sí - 30
Don Josemaría

Josemaría ha seguido la voz de Dios. Ahora es sacerdote un ministro del Señor en la tierra. Es… don Josemaría. Se siente muy feliz y tiene grandes deseos de cumplir, en todo y siempre, la voluntad del Señor. Al día siguiente le dan su primer encargo. Le piden que vaya a la aldea de Perdiguera para sustituir al párroco, gravemente enfermo. Antes de salir, se dirige a la Basílica del Pilar. Se arrodilla delante de la Virgen y se despide de Ella.
-Madre mía –le dice-, bajo tu protección pongo a mis nuevos feligreses. Ayúdales a ser buenos cristianos.

Momentos después sube al coche correo, tirado por mulas.
-Padre, déjeme su maleta –dice el conductor.
-Aquí la tienes. ¿Cuándo partimos para Perdiguera?
-Ahora mismo. Ya es la hora.
-¿Hay mucha distancia?
-Alrededor de 24 kilómetros. Es un pueblo pequeño; tendrá unos 800 habitanates.

Poco a poco, las torres de la Basílica del Pilar se pierden a lo lejos. Don Josemaría siente un poco de tristeza porque en la ciudad queda su madre con sus hermanos.

Nada más llegar entra en la iglesia. Se arrodilla ante el Sagrario y reza por sus feligreses. Ahí, escondido en el Pan Eucarístico está Jesús. Él es el corazón del pueblo, quien da vida sobrenatural a todas sus gentes.

Don Josemaría permanece en Perdiguera unos dos meses. Todos los días celebra la Santa Misa y Confiesa; visita y consuela a los enfermos; ayuda a los más pobres y habla con la gente.

La familia que le ha alojado en su casa tiene un hijo que pasa el día en el campo cuidando las cabras.



Un atardecer, cuando vuelve con el ganado, don Josemaría que le ha ido enseñando el catecismo, le pregunta:

-Si fueras rico, muy rico, ¿qué te gustaría hacer?
-¿Qué es ser rico? –dice el chaval.
-Ser rico es tener mucho dinero, tener un banco…

El joven sacerdote trata de explicárselo de otra manera.
-Mira, ser rico es tener muchas tierras y, en lugar de cabras, unas vacas muy grandes. ¿Qué harías si fueras rico?

-¡Ah! Si yo fuera rico, ¡me comería
cada plato de sopas con vino!

Al oír la respuesta, don Josemaría piensa:
-Josemaría, está hablando el Espíritu Santo; todas las ambiciones terrenas se reducen a un plato de sopas con vino. Todo lo de la tierra en eso: bien poca cosa.

Cuando termina el tiempo de su encargo en Perdiguera, regresa de nuevo a Zaragoza.

 
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