Don Josemaría profesa un gran cariño a la Santísima Virgen. Es éste un afecto de buen hijo, lleno de ternura, que aprendió de sus padres, en casa. Sobre la mesa del despacho ha colocado una imagen de nuestra Madre del Cielo.
Durante su trabajo necesita tenerla cerca para mirarla con amor y hablarle a menudo. La llama la Virgen de los Besos porque siempre que sale y entra en casa le da un beso lleno de cariño. Y con el beso, le hace una petición:
-Madre mía. Tú eres la
Reina de la Obra. ¡Protégela!
Otras veces, le dice
un piropo:
-¡Eres muy guapa!
En las dificultades, le pide:
-¡Ayúdame a resolver este
problema!
Después:
-Gracias, Madre, todo se
ha solucionado.
Incluso cuando camina
por las calles de Madrid,
la busca y mantiene el
diálogo con Nuestra
Señora. En lo alto de
una casa ha descubierto
una Purísima pintada
sobre azulejos y la saluda
al pasar.
En uno de los
monumentos, ha localizado una Virgen del Pilar, a la que encomienda su trabajo.
Otra manifestación de su amor es visitarla en sus santuarios o ermitas. La primera vez que acude como romero, va a un santuario cerca de Ávila, cuya imagen, como tantas otras, fue escondida por los cristianos durante la guerra contra los árabes. Evitaban así que fueran destrozadas.
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Cierto día, pasada la dominación musulmana, unos pastores cuidan sus ovejas cerca de una pequeña cueva. Al entrar en ella encuentran, sorprendidos, una imagen de la Santísima Virgen. Ganados por su dulce mirar, exclaman llenos de alegría:
-¡Qué ojos tan hermosos! ¡Son soles!
Y de ahí le viene el nombre de
Nuestra Señora de Sonsoles.
Desde esa romería de don Josemaría el 2 de mayo de 1935, muchos millones de personas, que pertenecen
a gran número de países,
tienen costumbre de
visitar diversos santuarios
marianos, y esta devoción
produce mucho bien
a sus almas.
A lo largo de los años,
don Josemaría visitará
a Nuestra Madre del
Cielo en otros santuarios
construidos por todo el
mundo: Guadalupe,
en México; Luján, en
Argentina; Fátima, en
Portugal; Lourdes, en
Francia; Loreto,
en
Italia; El Pilar, en España.
Él mismo dispondrá, muchos años después, que se edifique un nuevo santuario en honor de la Virgen, en Torreciudad. Acude a ellos para mostrarle su cariño y para pedirle, entre otras cosas, por la Iglesia, por el Papa, por la Obra y por la paz.
Durante la romería tiene por costumbre rezar las tres partes del Santo Rosario para manifestar su profundo amor a nuestra Madre del Cielo, para desagraviarla por las faltas de cariño propias y de otras personas y para pedirle por éstas y otras intenciones. |