Ya en estos primeros tiempos, los jóvenes que están con don Josemaría comienzan a llamarle con el nombre cariñoso y familiar de Padre. Y es que sabe serlo, de verdad, para todos ellos. Dios, como un regalo, le ha ensanchado el corazón para que puedan caber todos y cada uno, ¡siendo tan distintos!
Algunos de los que asisten a las charlas pertenecen al Opus Dei. Después de Isidoro, han venido: Juan, José María, Ricardo, Alvaro, otro José María a quien llaman Chiqui, Pedro, Paco, Rafael, Vicente…
Don Alvaro del Portillo es un estudiante de Ingeniería, por quien el Padre había rezado mucho para que fuese del Opus Dei. El Señor le escuchó, él fue generoso y ya es hijo suyo. Será don Alvaro quien le acompañe siempre en sus viajes, en su trabajo y en todo lo que el Padre necesite.
Tiene ya bastantes jóvenes alrededor. Ahora hace falta un lugar donde se formen y estudien; donde recen y se reúnan, porque son una familia.
En octubre de 1934 abren la primera Residencia de estudiantes. La llaman DYA, que significa Derecho y Arquitectura; y también Dios y Audacia. Con la ayuda del Señor acometerán grandes empresas por Cristo y vencerán los obstáculos.
Cierto día el Padre está reunido con sus hijos. Alguno comenta satisfecho:
-¡Por fin hemos conseguido un edificio capaz!
-Ahora –afirma otro- debemos obtener dinero para amueblarlo.
-No os preocupéis –indica el Padre-. Tenemos poco, pero tenemos mucho: la oración, la ayuda de Dios, el buen humor y nuestro trabajo. Vamos a pedirle ayuda al Señor. Veréis cómo se resuelve todo.
Y así sucede. El Padre y sus hijos se encomiendan a San Nicolás, el santo de las dificultades económicas. Poco a poco encuentran personas que les ayudan. Don Josemaría acude también a su familia.
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Doña Dolores acuerda con Carmen y Santiago vender unas tierras que acaban de heredar de un tío sacerdote. Es lo único que tienen, pero ninguno duda en ofrecer a Josemaría lo que se pueda obtener de ellas.
De esta forma, el Padre puede amueblar lo más imprescindible. Elige la mejor habitación de la casa para el Oratorio.
En su instalación ha puesto su mayor ilusión y empeño. Para él es lo principal y lo primero, porque allí estará el Señor, realmente presente en la Sagrada Eucaristía.
Por fin se puede celebrar la primera Misa en la Residencia. En un pobre sagrario que le han prestado unas religiosas coloca a Jesús Sacramentado. Será el Dueño de la casa:
-El Señor –les dice el Padre-, jamás deberá sentirse aquí solo y olvidado. En esta casa que frecuenta tanta gente joven, se sentirá contento, rodeado por nuestra piedad.
Este día quedará grabado en la memoria y en el corazón de todos: seguro que el Señor se encontrará bien acompañado en el primer Sagrario del Opus Dei en el mundo. |