Historia de un sí - 40
Comienza la guerra

A través de la Residencia DYA, el trabajo que realizan se extiende cada vez entre los estudiantes universitarios. Así, poco apoco, la Obra sale adelante con la oración y el sacrificio del Padre y de los hijos.

Pronto, sin embargo, aparecerá un nuevo obstáculo. El 18 de julio de 1936 estalla la guerra civil española que durará casi tres años, y en la que morirán muchos hombres de uno y otro bando. Es una pena que los españoles no hayan sabido vivir en paz.

El domingo, día 19, el Padre se encuentra en la Residencia con varios miembros de la Obra. Los residentes se han marchado de vacaciones. Frente a ellos, al otro lado de la calle, se levanta el Cuartel de la Montaña. El edificio militar se llena de soldados, sublevados contra el gobierno. Al mismo tiempo, grupos de policías y gente armada toman posiciones alrededor del cuartel.

La tensión crece por momentos y el Padre dice a sus hijos:
-Debéis iros con vuestras familias.

-Padre, no queremos dejarle solo en estas circunstancias.
-Pero es necesario. Aquí corremos mucho peligro. Cuando lleguéis a vuestras casas, llamad por teléfono para saber que no os ha pasado nada.

Sus hijos se marchan preocupados por lo que pueda sucederle. Sólo dos han podido quedarse: uno de ellos es Isidoro Zorzano. Se van recibiendo las llamadas telefónicas a medida que los demás llegan a sus casas. El Padre se tranquiliza porque a ninguno le ha sucedido nada.

Aquella misma tarde arden siete iglesias de Madrid. A las once, prenden fuego a la Catedral y, durante la noche, incendian otros cuarenta y dos templos.

Al amanecer del lunes comienza un violento tiroteo. Mientras tanto, el Padre celebra la Santa Misa. Fácil es imaginar sus peticiones al Señor: por la paz en España, por la Iglesia, por la Obra, por sus hijos…

Hacia las once, las fuerzas republicanas ocupan el cuartel.

A la misma hora, hombres y mujeres armados, de distintos partidos –se llaman milicianos-, detienen y asesinan a mucha gente. Registran las casas y piden la documentación por la calle. Ser sacerdote o simplemente católico es razón suficiente para ser fusilado de inmediato. En los próximos meses serán asesinados en España trece obispos y casi siete mil sacerdotes y religiosos. La Iglesia los recuerda como mártires de la fe.

En la Residencia, el Padre dice a sus hijos:
-El peligro aumenta a cada instante. Creo que debemos salir de aquí.
-Tiene usted razón. Pero no puede salir con sotana, ¡le detendrían!
Tras una rápida búsqueda por la casa:
-Sólo hemos encontrado este mono gris que se utiliza para hacer arreglos.

El Padre sale a la calle vestido de esta manera y nadie se fija en él.

 
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