Durante más de un año, el Padre se refugia con algunos de sus hijos en los más diversos lugares. Celebra la Santa Misa cuando puede; confiesa y distribuye la Sagrada Comunión a personas escondidas; reza, trabaja y escribe a los miembros de la Obra. Cada uno de ellos busca refugio donde le es posible. Algunos son detenidos y su vida está amenazada. Todos, sin embargo, se salvan milagrosamente.
Un día, después de rezar mucho, el Padre decide pasar a la otra parte de España, la llamada “zona nacional”, donde podrá extender la Obra. En esta zona, aunque están en guerra, hay libertad para manifestar la fe. El Padre ve, con toda claridad, que sólo allí podrá
hacer la Obra querida por Dios.
Pero ¿cómo pasar? Por toda España hay fronteras imposibles de cruzar. Son los frentes de batalla que dividen el país en dos bandos y que van avanzando y retrocediendo cada día. El único modo de pasar al otro lado es salir de España sin ser vistos, llegar a Francia y, desde allí, volver a entrar en España por la otra zona.

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El plan es muy arriesgado. Numerosas personas que lo han intentado han sido hechas prisioneras y ejecutadas sin compasión. Son, además, muchos días de ir a pie huyendo por las montañas, a escondidas. El proyecto es agotador.
El Padre piensa en la Obra, no en los sacrificios ni en los riesgos que comporta. Por eso, apoyado en el Señor, está decidido a lograrlo, venciendo, con la ayuda de Dios, los grandes obstáculos. Con un grupo de hijos suyos sale de Madrid camino de Barcelona. Desde allí intentarán esta arriesgada aventura: pasar a Francia atravesando los escarpados Pirineos.
Hace ya más de un mes que el Padre y sus hijos están en Barcelona. El día 19 de noviembre sale por fin el autobús que les dejará en Peramola, muy lejos aún de la frontera con Francia. En bolsas y mochilas llevan algunos impermeables, un poco de ropa, algo de comida, y todo lo necesario para celebrar la Santa Misa.
Nada más llegar a Peramola, recogen sus cosas y bajan del autobús. De pronto se les acerca un hombre y les dice:
-Soy Tonillo, el guía. Vengan conmigo.
Sin despertar sospechas se dirigen a las afueras del pueblo. Y allí, en un pajar, pasan la primera noche.
Mientras descansan, le dice uno de sus hijos:
-Padre, ¿oye esos ruidos?
-Sí. Son ratones que corren entre la paja. Tapaos bien, no os vayan a morder.
Aún es de madrugada cuando llega el guía.
-¿Qué tal han pasado la noche?
-Con muchas visitas –contesta el Padre, refiriéndose, con buen humor, a esos animales.
Apenas amanece, se ponen en camino. Pasadas tres horas, llegan a una casa
de campo aislada en el monte. |