Historia de un sí - 43
La rosa de Rialp

Al anochecer del día siguiente, les llevan hasta la cercana iglesia de Pallerols. Junto a ella hay una casa vacía donde, en un lugar pequeño que les parece un horno de pan, pasarán la noche.

Después de cenar pan y un poco de embutido que les han dado, se acuestan en el fondo de ese horno, sobre un poco de paja que les protege de la humedad. Muy pronto todos duermen profundamente, rendidos por la fatiga. Sólo el Padre, que está muy preocupado, no puede descansar. A lo largo de la noche don Josemaría se pregunta con frecuencia:
-¿Debo seguir adelante o quedarme? ¿Qué será de mis hijos que permanecen en Madrid?

Una vez más acude a la Santísima Virgen y hace algo que nunca había hecho:
Madre mía, no sé qué hacer. ¡Ayúdame! Si quieres que siga adelante dame una señal clara.


Pasa lenta la noche. Aún es
temprano cuando el Padre baja por una escalera interior al pequeño templo. La iglesia está vacía. Los bancos e
imágenes han sido quemados pocos meses antes.

De pronto, se pregunta: “¿Qué es eso que hay allí?”
Se acerca sorprendido.
-¡Es una rosa de madera dorada! ¡Está nueva!

La rosa, en efecto, se ha salvado del fuego. El Padre está convencido de que es la respuesta de la Virgen a su oración y, lleno de alegría, habla con Ella diciéndole:
-Gracias, Madre mía, por la señal que me has dado. Ahora sé que debo seguir adelante.

El Padre vuelve de nuevo al lado de sus hijos. Regresa feliz con la rosa de madera apretada entre sus manos.

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